EL PADRE, EL HIJO Y SU NATURALEZA

Por Erika Pais
El Padre, el Hijo y Su naturaleza
Cuerpo, cerebro, brazos, piernas...ingeniería humana de la creación.
Una máquina perfecta que alberga el aliento original del espíritu Omnicreante. Materia limitante y hospedante del verdadero Ser.
Investigaciones y observaciones científicas detectaron que al momento de la fecundación del óvulo por el espermatozoide, en ese exacto nanosegundo en el que se encuentran, es posible detectar un destello luminoso, una explosión "solar" generadora de Vida física con el solo objetivo de albergar un alma, y un espíritu que experimentará la tercera dimensión.
Dimensión donde el pensamiento lineal, jerárquico, esquemático, digital, matemático y materia-céntrico será cárcel para la Gnosis.
Donde fluidos químicos transportan la genética solar y necesariamente deben coexistir en una dicotomia continua, bien y mal, blanco y negro, arriba y abajo, delante y atrás, futuro y pasado, mayor y menor, luz y oscuridad, Padre e Hijo.
Y es en ese contraste y también por necesidad, percibimos la Jerarquía Divina y Celeste como Alfa y Omega, primero y último, origen y final, ¿pero y si no fuera así?
El Padre, el Hijo, el Espíritu Santo y el Cristo se convierten en métricas para poder asimilar Su importancia en la forma de concebir nuestro Universo limitado y limitante. Uno nace donde termina el otro.
Pero y si el concepto humano de "Hijo", ¿Padre, Ley, Orden y Caos tuviera variantes diferentes a esas que por una simple necesidad de supervivencia debemos concebir?
Así como un circuito eléctrico debe obedecer a la ley de Ohm, de Kirchhof, de Faraday, ecuaciones y otro tanto para transportar la energía, siendo la luz eléctrica una de sus tantas manifestaciones y sin ese orden el Caos(cortocircuito) detendría su cometido, de la misma forma la maquinaria humana se aferra a esa forma de pensamientos generados por la química que hace funcionar la maquinaria que hospeda al espíritu.
Pero ¿y si el trascender dependiera de un "cortocircuito" humano"?
Desde esa perspectiva y haciendo nueva todas las cosas, podemos ver que poco a poco Giorgio inicia a llevarnos de la mano hacia la concepción de la verdadera naturaleza del Cristo, de Dios Padre y del Espíritu Santo, fuera del orden necesariamente establecido hasta este momento y que se volvió fértil para el control humano por parte del poder de las tinieblas.
Jesús dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida", pero también dijo otra cosa igualmente importante, no digo más importante. Cuando le preguntaron sobre el Padre, sobre el Reino del Padre, Él respondió: "Busquen el Reino de Dios y su justicia"; no dijo su amor.
Y sin embargo Cristo es el amor encarnado, es el amor de los superamores. Pero no dijo: busquen el Reino de Dios y el amor, sino busquen el Reino de Dios y su justicia, en el Evangelio.
Por lo tanto, puso como pilar, como centro del valor absoluto que debe respetarse, la justicia. No porque sea superior al amor; no, el amor solo es superior a sí mismo. Todos los demás sentimientos están por debajo del amor, incluida la justicia, pero el amor existe solo si hay equilibrio y justicia.
Se complementan. ¿Qué podemos hacer? Lo que estamos haciendo.
¿Te puedo decir qué hará Dios? Destruirá el mundo por justicia, no la Tierra, el mundo.
Jesús vivió plenamente la verdad, pero luego realizó una acción que supera la verdad y la justicia: eligió ir más allá de la verdad y de la justicia por amor, salvándonos.
No lo entiendo, no entiendo ese amor. Es un amor que no se puede comprender. Pero la verdad es que Él lo hizo porque puede hacerlo todo: es el Rey, y el Rey puede permitirse todo. Le dimos pena, nos amaba, pero no lo merecíamos. Por lo tanto no era justo, por lo tanto no era verdadero, pero Él lo hizo.
Esto significa que dentro del concepto de verdad y justicia entra un nuevo concepto, porque si Jesús lo hizo, entonces se vuelve verdadero y justo. Lo que Jesús hace se vuelve verdadero y justo, incluso si antes no lo era.
Por lo tanto: sigan la verdad y la justicia, pero por amor pueden salvar incluso a un amigo que no lo merece, demostrando que el amor es siempre el sentimiento, el valor más grande que existe en todo el universo. Debe ser justo y equilibrado, pero el amor es todavía más grande.
Esto es lo que les dejo y esto es lo que deben hacer. Esto es lo que yo he hecho.
Puede incluso ser que haya ido contra el Padre, pero al hacerlo le dio al Padre una señal que el Padre entendió perfectamente: provenía del Espíritu Santo, la inteligencia omnocreante, el amor que supera todas las cosas, el amor incondicional, el amor que no se equivoca.
Entonces el Espíritu Santo, a través de Cristo, ordena al Padre que esa cosa debe hacerse para salvar a las pobres criaturas estúpidas, indignas, miserables y deficientes que somos nosotros. Porque entre esas criaturas también estamos nosotros, que luego nos enamoramos de Él y somos salvados.
Y entonces el Padre, ante la voluntad suprema del Espíritu Santo, obedece.
El primero en obedecer la voluntad del Espíritu Santo es precisamente el Padre.
Es posible diferenciar entre las manifestaciones que conciernen al Amor y aquellas que conciernen a la Justicia.
El amor herramienta evolutiva cuando comienza a manifestarse el Ego Sum y el Ser Humano tomando consciencia de sí mismo y dejando el espíritu colectivo se cuestiona que soy exactamente.
¿Soy un destello, soy un capricho, soy una historia?
Yo soy Amor, es decir soy emanación del Espíritu Santo que de la nada, o de si mismo me ha creado. Soy Amor, porque frente a una pregunta tan trascendental en un momento histórico y evolutivo tan trascendental concebimos la creación como un acto que proviene de un sentimiento de Amor que posteriormente humanizamos y lo encontramos similar a lo que nos motiva a nosotros mismos el copularnos y crear vida. Concebir la procreación como instinto de supervivencia de la especie propone un salto cualitativo y comenzamos a percibir que el Orden en el Universo está basado por la Ley del Amor…
Por Amor el Padre mandó a su Unigénito, por Amor se dejó asesinar, por Amor perdonamos 70 veces 7 y damos la otra mejilla.
Jesús vivió plenamente la verdad, pero luego realizó una acción que supera la verdad y la justicia: eligió ir más allá de la verdad y de la justicia por amor, salvándonos.
No lo entiendo, no entiendo ese amor. Es un amor que no se puede comprender. Pero la verdad es que Él lo hizo porque puede hacerlo todo: es el Rey, y el Rey puede permitirse todo. Le dimos pena, nos amaba, pero no lo merecíamos. Por lo tanto no era justo, por lo tanto no era verdadero, pero Él lo hizo.
Esto significa que dentro del concepto de verdad y justicia entra un nuevo concepto, porque si Jesús lo hizo, entonces se vuelve verdadero y justo. Lo que Jesús hace se vuelve verdadero y justo, incluso si antes no lo era.
Por lo tanto: sigan la verdad y la justicia, pero por amor pueden salvar incluso a un amigo que no lo merece, demostrando que el amor es siempre el sentimiento, el valor más grande que existe en todo el universo. Debe ser justo y equilibrado, pero el amor es todavía más grande.
Esto es lo que les dejo y esto es lo que deben hacer. Esto es lo que yo he hecho.
Puede incluso ser que haya ido contra el Padre, pero al hacerlo le dio al Padre una señal que el Padre entendió perfectamente: provenía del Espíritu Santo, la inteligencia omnocreante, el amor que supera todas las cosas, el amor incondicional, el amor que no se equivoca.
Entonces el Espíritu Santo, a través de Cristo, ordena al Padre que esa cosa debe hacerse para salvar a las pobres criaturas estúpidas, indignas, miserables y deficientes que somos nosotros. Porque entre esas criaturas también estamos nosotros, que luego nos enamoramos de Él y somos salvados.
Y entonces el Padre, ante la voluntad suprema del Espíritu Santo, obedece.
El primero en obedecer la voluntad del Espíritu Santo es precisamente el Padre. Por eso yo me enojo tanto y me vuelvo violento cuando desobedecemos.
El primero en no obedecerse a sí mismo, sino al Espíritu Santo, es justamente el Padre, al cual todos debemos obediencia. Él ha comprendido al Hijo.
Pero si el Espíritu Santo despierta de su silencio — Él que crea continuamente con amor, crea sin cesar — y dice: "Esto quiero", el Padre lo hace.
Todos los padres, todos los genios solares lo hacen, porque ese es el único verdadero Dios: la inteligencia omnocreante.
Espero que comprendan este lenguaje. Lo sé, es un lenguaje de otra dimensión, pero es la verdad. Es fascinante.
Un día comprenderemos verdaderamente quién era Cristo. Todavía no lo hemos comprendido, ni siquiera las Iglesias, nadie o casi nadie. Pero yo sí.
Lo comprenderemos. Todavía estamos trabajando. No estamos preparados.
Cristo es el Hijo de Dios, eso lo saben. Pero quién era realmente, todavía no lo saben.
Lo sabrán. El Padre se los dirá. ¿Quién mejor que el Padre puede decir quién era el Hijo?
Pronto Él se los dirá.
Es difícil comenzar desde aquí.
"Yo les enviaré el Espíritu de la verdad que les dirá todas las cosas celestiales que ahora no pueden comprender."
Un día el Padre les dirá quién era el Hijo, por qué glorifica al Hijo, por qué lo exalta y por qué se complace en Él. Y por qué también hace cosas que no están en la ley.
"Señor, Padre, resucita a este muchacho: lo amo."
Algo contra la ley.
Por lo tanto, un día sabremos realmente quién es Jesucristo, el Hijo de Dios.
Luego al Padre le gusta crear, y por eso crea también nuevas leyes.
No: el Padre no crea nuevas leyes. Es el Espíritu Santo, más bien, quien crea nuevas leyes a las cuales el Padre se adapta.
Así es más preciso.
Pero en algunos milagros del Cristo nos encontramos la innecesaria exposición de Su capacidad y naturaleza que lejos está de ser catalogados dentro de una manifestación de Amor, sino más cercana a una manifestación de Poder.
No estoy aquí solamente por Voluntad del Amor de mi Padre, estoy Aquí porque debo manifestar el Poder del Espíritu Santo, es decir, no está en mi solo mi Padre, de donde emano sin evolucionar como debieron hacer vosotros, en Mi también está y se manifiesta el propio Espíritu Santo concretando la Trinidad.
Es así que de material inanimado como arcilla es capaz de hacer nacer la vida en forma de aves y traer de la muerte cuerpos que han sido abandonados por sus almas luego de tres días.
Y no solo eso, el agua, la tierra, el aire y el fuego sucumben frente a su sola Voluntad.
La manifestación de Poder no es una demostración de Amor, sino que un accionar de la Justicia.
¿Podemos entender entonces que el Padre manifiesta el Amor que nos llama a evolucionar, pero el Espíritu Santo manifiesta la Justicia que ordena el caos y sostiene la Creación?
En una sociedad más evolucionada, incluso matar a un animal sería considerado un acto grave, porque el animal también posee un espíritu individual.
¿Pero de dónde nace ese espíritu?
Nace del Espíritu omnocreante, que ha establecido las leyes de la vida y que nos ha ordenado alimentarnos para transformarnos, evolucionar y cumplir nuestro camino.
Sin embargo, Cristo mostró algo que va más allá de ese sistema.
Él no destruyó la ley, sino que demostró que existe un valor capaz de superar todas las leyes de la vida: el amor.
Cristo nos recordó que la creación no nace de un sistema frío de combinaciones electromagnéticas o matemáticas.
Esas existen, pero vienen después.
En el origen de la creación hay un sentimiento: el amor.
Por eso todo aquello que se realiza con amor puede incluso superar las leyes de la materia, incluidas las leyes que gobiernan la vida y la muerte.
Cristo lo demuestra con su resurrección.
Nadie ha resucitado como Él.
Pero no se trata de una rebelión contra el Padre.
Al contrario: es el propio Padre quien, a través de Cristo, quiere recordarnos una verdad profunda.
Todas las leyes de la creación son infalibles, pero existe una ley que las supera a todas: el amor.
Sacrificar la propia vida para salvar la de otro, según la lógica de la naturaleza, parece ir contra la naturaleza.
Y desde cierto punto de vista es verdad.
Pero desde el punto de vista del Creador es la demostración más alta del sentido del universo.
Todo lo que existe fue creado por amor.
Cristo salva a sus amigos por amor, pero luego resucita, demostrando que incluso la muerte puede ser vencida.
Esto significa que la ley suprema de la naturaleza puede ser superada cuando el acto nace del amor.
Y entonces sucede algo extraordinario:
Dios, que debería castigar a quien viola la ley, en cambio bendice ese acto, porque es un acto de amor.
Pero Cristo no es solamente el Hijo de Dios.
Eso todos lo sabemos.
Sabemos que es la manifestación del Padre.
Sabemos que es el amor encarnado.
Sabemos que será quien juzgue al mundo.
Y sin embargo eso no agota el misterio de Cristo.
Hay algo aún mayor.
Los propios apóstoles comenzaron a intuir ese misterio.
Tomás, al ver a Jesús mandar a las fuerzas de la naturaleza, dijo:
"¿Quién es este que manda al viento, al aire y a la tierra?"
Y allí comienza una pregunta mucho más profunda:
¿Quién habita realmente dentro del cuerpo de Jesús de Nazaret?
Cristo contiene al Padre.
Cristo manifiesta al Padre.
Pero dentro de Cristo también se manifiesta la fuerza del Espíritu Santo.
La inteligencia omnicreante que da origen a la creación.
Y tal vez esa es la compenetración más grande que haya ocurrido jamás en el universo.
Muchos seres divinos han existido.
Muchos avatares han venido al mundo.
Pero una unión total entre hombre, creación y principio divino como la que se manifestó en Jesús de Nazaret no ha vuelto a ocurrir.
Un hombre de treinta y tres años que contenía dentro de sí todo el universo.
Ese es el misterio de Cristo.
Y tal vez por eso todas las civilizaciones del universo se detienen ante esa fuerza.
Y todavía no lo hemos comprendido completamente.
Un día lo comprenderemos.
¿Entonces podemos decir que del Amor se nace pero de la Justicia se permanece y evoluciona?
Pues entonces la naturaleza crística trasciende el concepto de Dios, nadie llega al Padre si no es a través suyo porque Él ha creado también al Padre de donde el mismo proviene.
Fe, certeza, miedos son muletillas que nos aferran al viejo orden y nos empujan al "caos" efímero y necesario que antecede el "cortocircuito", la explosión luminosa de un nuevo amanecer en el que podamos trascender del Amor a la Justicia.
Erika Pais
1 de marzo del 2026.
