ADIOS MAMÁ

13.02.2026

Por Mariela Corvaro

Me cuesta escribirte estas últimas palabras, porque el corazón todavía no quiere aceptar que tu presencia ya no sea física, sino solamente espiritual.

Dejas un vacío imposible de llenar en tu familia y en tantas personas que tuvieron el privilegio y la gracia de conocerte.

Fuiste una guía silenciosa y poderosa para nosotros.

Tu vida fue un largo camino, a menudo marcado por el peso del sufrimiento, que sin embargo siempre supiste acoger con un respeto y una comprensión que para mí resultaban muchas veces desarmantes.

Nos enseñaste la dignidad, la de quien atraviesa las pruebas con la cabeza en alto, con humildad y sin jamás una queja.

Caminaste por tu senda de puntillas para no hacer demasiado ruido y, con esa misma discreción, te fuiste en un instante, como solo tú, con tu grandeza espiritual, habrías podido hacerlo.

Gracias, mamá, por habernos transmitido el valor de la vida, el valor de la amistad, el valor de ser madre y por habernos transmitido la espiritualidad, dejándonos siempre libres de buscar nuestro propio camino.

Gracias por habernos demostrado que siempre se puede tener una sonrisa lista para los demás, incluso cuando la oscuridad parece prevalecer.

Así serás recordada, mamá: con ese rostro sereno que regalabas a todos. Porque tú, en tu esencia más pura, eras precisamente eso: una sonrisa.

Adiós, mamá, ahora estás en la luz y desde allí podrás velar por nosotros siempre.

Mariela Corvaro

11 de febrero del 2026