CUANDO LA DISTANCIA NOS SEPARA

Por Daria Gradella
Manos que ayudan, corazones que unen
Hay distancias que se miden en kilómetros y otras que desaparecen cuando se comparte un mismo propósito.
Manos para el Mundo es una asociación sin ánimo de lucro que nace con la voluntad de ofrecer una alternativa cultural y laica ante los grandes desafíos de la sociedad contemporánea. Una realidad en la que el conocimiento, la divulgación y la solidaridad caminan de la mano, con la convicción de que comprender el mundo en el que vivimos también implica asumir una responsabilidad hacia quienes más lo necesitan.
Nuestra labor se centra en cuestiones sociales, culturales y de actualidad, prestando especial atención a la geopolítica, los grandes acontecimientos de nuestro tiempo, la defensa de los derechos humanos y la solidaridad internacional. A través de encuentros, actividades formativas, iniciativas culturales y eventos benéficos, buscamos sensibilizar, informar y convertir esa conciencia en acciones concretas que puedan contribuir a una sociedad más justa, responsable y solidaria.
Porque para nosotros la solidaridad no es solamente una idea: debe convertirse en acción.
Por ello, una parte esencial de nuestra actividad consiste en promover iniciativas destinadas a la recaudación de fondos para proyectos y obras humanitarias, colaborando con asociaciones, organizaciones y profesionales de distintos países y apoyando a personas y comunidades que atraviesan situaciones de especial necesidad.
Nuestra labor en España mantiene además un vínculo constante con Italia, con cuyos grupos y asociaciones compartimos proyectos, iniciativas solidarias y una misma voluntad de cooperación y servicio.
En esta ocasión, esa voluntad común ha tomado forma en dos lugares muy distantes entre sí: Galicia y Andalucía. A cientos de kilómetros de distancia, pero profundamente conectados por el trabajo diario y por un mismo deseo de ayudar, ambos grupos han impulsado iniciativas solidarias con un objetivo común: transformar el compromiso en ayuda concreta.
Los fondos recaudados a través de este tipo de actividades permiten apoyar distintos proyectos humanitarios, desde iniciativas destinadas a la población de Gaza y Palestina hasta campos de refugiados, estructuras sanitarias y otras situaciones de emergencia y necesidad.
Porque, como tantas veces hemos aprendido, las manos que ayudan son más sagradas que las bocas que rezan.
Y con ese espíritu se han desarrollado las iniciativas que compartimos en esta crónica.
Nigrán: creatividad, reciclaje y solidaridad
En Galicia, una de las iniciativas impulsadas por Manos para el Mundo ha nacido dentro del espíritu del Car Boot Sale, un mercadillo en el que los participantes ofrecen objetos de segunda mano directamente desde el maletero de sus coches, fomentando la reutilización, el reciclaje y la economía circular.
Partiendo de esa filosofía, hemos querido dar un paso más y transformar esos mismos valores en una experiencia creativa y solidaria. Así han nacido dos talleres dirigidos especialmente a los más pequeños, en los que materiales cotidianos y objetos que normalmente habrían acabado desechados han encontrado una nueva utilidad gracias a la imaginación y al trabajo manual.
El primero ha tenido lugar el 9 de agosto en A Ramallosa, Nigrán, bajo el título "Crea tu maceta con lo que tienes en casa". Durante la actividad, los participantes (principalmente niños) han transformado botellas, vasos de yogur y otros envases reutilizados en pequeñas macetas decoradas. La jornada se ha completado además con una actividad de cuentacuentos centrada en la ecología y el reciclaje, acercando estos temas a los niños de una manera sencilla, participativa y divertida.
La segunda cita se ha celebrado el 13 de septiembre en el Campo de Fútbol de Playa América, en Nigrán. En esta ocasión, el taller ha ofrecido dos propuestas creativas: elaborar pulseras a partir de botellas recicladas, hilo y tela, o crear y decorar letras utilizando materiales reutilizados como cartón, botones y retales de tela.
Detrás de estas actividades también ha estado el trabajo de muchas personas. Cada colaborador ha aportado algo diferente: tiempo, ideas, materiales, organización, creatividad o, simplemente, disponibilidad para estar y ayudar.
Y precisamente ahí reside una de las mayores fortalezas de este tipo de iniciativas: entender que no todos tenemos que hacer lo mismo para avanzar en una misma dirección. Cuando cada uno pone a disposición aquello que sabe hacer, el trabajo individual deja de ser aislado y se convierte en una construcción colectiva.
Más allá del componente lúdico y educativo, ambos talleres han compartido una finalidad muy concreta: recaudar fondos para sostener los proyectos de Manos para el Mundo, con especial atención en este momento al Proyecto Palestina, en el que la asociación está especialmente implicada.
De este modo, la filosofía del Car Boot Sale (dar una segunda vida a aquello que ya no utilizamos) ha encontrado en estas actividades una expresión diferente: no solo reutilizar objetos, sino transformarlos con creatividad y convertir ese gesto en ayuda concreta.
Y quizá esa haya sido también una de las imágenes más bonitas de estas jornadas: comprobar cómo pequeñas acciones, realizadas por personas distintas, han terminado formando parte de algo común.
En Galicia, la solidaridad se ha expresado a través de la creatividad, el reciclaje y la participación de los niños. Una forma concreta de sumar capacidades, colaborar y transformar una actividad cotidiana en apoyo real para quienes lo necesitan.
Ese mismo espíritu ha encontrado también su expresión en Andalucía, donde desde el distrito de Cádiz hemos querido aportar nuestra parte organizando en Conil de la Frontera la segunda edición del Taller de Supervivencia: "Las primeras 24 horas", una jornada benéfica de Manos para el Mundo.
Conil: aprender para estar preparados, ayudar para estar unidos
El domingo 13 de septiembre, el encuentro ha tenido lugar en el Área Recreativa de Roche, en Conil de la Frontera (provincia de Cádiz), entre las diez de la mañana y las dos de la tarde, en plena naturaleza.
La jornada ha estado dirigida por el instructor Eugenio Veroux, cuya sólida preparación, experiencia y capacidad para transmitir sus conocimientos han hecho posible una formación tan práctica como cercana.
La idea ha nacido también de una reflexión muy sencilla: vivimos tiempos en los que aprender a reaccionar ante una situación inesperada ya no parece algo tan lejano.
El gran "apagón" que vivimos en España en abril de 2025, cuando durante horas millones de personas vieron alterada por completo su vida cotidiana, nos ha recordado hasta qué punto dependemos de cosas que normalmente damos por sentadas: la electricidad, las comunicaciones, el acceso al agua, la posibilidad de desplazarnos o, simplemente, de saber qué hacer.
Prepararnos no significa vivir con miedo. Significa justamente lo contrario: adquirir conocimientos que nos permitan mantener la calma, evaluar una situación y tomar buenas decisiones cuando algo inesperado ocurre.
Durante la mañana hemos aprendido cómo preparar una mochila de emergencia, nociones de orientación y navegación, cómo conseguir y tratar agua segura, cómo organizar un refugio, primeros auxilios esenciales, sistemas de señalización y diferentes ejercicios de simulación práctica.
Pero, al recordar aquella mañana, nos hemos dado cuenta de que lo que realmente la ha hecho especial no han sido únicamente las técnicas que hemos aprendido.
Han sido las personas. Hemos sido aproximadamente veinte participantes y, entre ellos, alrededor de diez niños.
Y si tuviéramos que quedarnos con una sola imagen de todo lo vivido, sería precisamente con sus caras.
Niños de aproximadamente siete a once años han seguido cada explicación con una atención increíble, han participado, han probado y han querido entenderlo todo. Sus ojos estaban llenos de curiosidad y entusiasmo. Han hecho preguntas continuamente, algunas tan inteligentes, espontáneas e inesperadas que, más de una vez, han conseguido ponernos en dificultad.
Y precisamente ahí hemos descubierto algo especialmente hermoso.
Como tantas veces nos recuerda nuestro mentor Giorgio Bongiovanni, las preguntas de los niños pueden llegar a interpelarnos profundamente. Quizás porque nacen de una mirada todavía libre de muchos de los esquemas y certezas que adquirimos con los años. Preguntan aquello que nosotros, los adultos, muchas veces dejamos de preguntarnos; van directamente a lo esencial y, con una sencillez desarmante, consiguen hacernos detener, pensar y volver a mirar las cosas desde otra perspectiva.
Por eso, aunque muchas veces creemos que somos nosotros quienes tenemos que enseñarles, hay momentos en los que son ellos quienes nos obligan a reflexionar y terminan enseñándonos algo a nosotros.
Su capacidad de sorprenderse, de preguntar sin miedo, de querer descubrir cómo funcionan las cosas y de vivir cada pequeño aprendizaje como si fuera una aventura nos ha recordado algo que, al crecer, a veces olvidamos.
Verlos felices, interesados y completamente entregados a la experiencia ha sido probablemente uno de los regalos más bonitos de aquella jornada.
El taller se ha convertido así en mucho más que una formación de supervivencia. Ha sido una mañana de convivencia entre adultos y niños, de aprendizaje compartido, de naturaleza, de risas y de descubrimientos.
Y detrás de todo ello ha estado, además, la razón más importante por la que hemos decidido reunirnos: transformar nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra participación en ayuda concreta para otras personas.
Porque cada inscripción, cada persona que ha acudido y cada familia que ha decidido pasar aquella mañana con nosotros ha contribuido también a sostener los proyectos de Manos para el Mundo.
Quizás esta sea una de las cosas más bonitas de este tipo de iniciativas: descubrir que aprender algo para nosotros mismos puede convertirse, al mismo tiempo, en una oportunidad para ayudar a quienes atraviesan situaciones de necesidad.
Coordinar, sumar, transformar
De esta manera, Galicia y Andalucía han desarrollado propuestas diferentes, adaptadas a sus respectivos contextos y capacidades, pero vinculadas por una misma forma de entender el compromiso: participar, colaborar y convertir una iniciativa concreta en una herramienta de solidaridad.
Lo que estas iniciativas ponen de manifiesto es, sobre todo, la importancia de trabajar de forma coordinada. Cada grupo parte de su propia realidad, de sus posibilidades y de los recursos de los que dispone, pero todos podemos contribuir a un objetivo común cuando existe comunicación, organización y voluntad de sumar.
Hemos desarrollado propuestas diferentes, adaptadas a sus respectivos contextos, pero orientadas en una misma dirección: movilizar a las personas, generar participación y transformar una actividad concreta en apoyo real para los proyectos de Manos para el Mundo.
Ese es también el valor de esta colaboración: que cada iniciativa no quede aislada, sino que forme parte de un trabajo más amplio. Compartir experiencias, aprender unos de otros, coordinar esfuerzos y seguir creando nuevas oportunidades para recaudar fondos, informar y sensibilizar.
Queremos continuar avanzando en esta línea, promoviendo actividades capaces de unir formación, participación y solidaridad, y demostrando que el compromiso adquiere verdadera fuerza cuando se organiza y se convierte en acción.
Seguiremos trabajando, cada uno desde su lugar, pero con objetivos comunes y una colaboración cada vez más sólida.
Daria Gradella y Charo Cruces
20 de septiembre de 2026.
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