DE FRENTE AL SOL

Por Agustin Saiz
La situación se da espontáneamente, creo que en filosofía Heidegger lo llama "Dasein".
Vamos a almorzar y hay un lugar en la mesa frente a Giorgio… dudo, debería estar aquí?
De repente estoy arrojado literalmente en el mundo frente a él.
El sol impacta su rostro, Giorgio disfruta y sonríe. Se deja envolver, como si fuese un baño de agua en una cascada, Giorgio va girando su rostro buscando interceptar a cada uno de los rayos de luz que lo acarician. Es la mano de un Dios que también lleva dentro. Es como si de algún modo se mirase a sí mismo, un juego en el que ser uno u el otro oscilan intercalados bajo el pulso de una respiración.
La luz que entra por la ventana nos rodea y frente a mí, también está sentado un hombre que es el manantial de la vida en la dimensión humana. Un cuadro dentro de un cuadro, un sol dentro del sol.
Quien me trajo hasta aquí? Quién me lo permite?
Adonay es el Señor de la historia, me pregunto cuántos milenios demora un cumulo de tierra en ser alguien? Y cuantos otros tantos milenios demora una criatura semiconsciente en estar frente al genio de la creación?
Debe haber algún error, tal vez, probablemente, no lo sé.
Trato de ser gentil y cordial. Sigo la conversación de la mesa, le presto mi mente para intentar desarmonizar lo menos posible el momento, pero en el fondo es poco lo que puedo comprender de su totalidad. Digo algunas banalidades y soy medido, pienso que lo mejor es pasar desapercibido aun sabiendo que eso justo ahora es exactamente lo imposible. La omnipresencia de la escena me desnuda abrumadoramente, sonrío, disfruto y al mismo tiempo siento vergüenza.
Frente a mi está Giorgio, los secretos tesoros del universo vibran efervescentes en su plexo como galaxias en movimiento. Los mismos son ofrecidos a una humanidad, que está apenas a un paso de la historia de poder tomarlos. Siento la tensión del límite entre lo posible y lo imposible, una pared delgada a punto de quebrarse, un equilibrio frágil a punto de estallar. Detrás mío, escucho el ruido del mundo del cual provengo, devastado, en donde los gritos del espanto son los espectros que barren las calles. Siento la mirada del Padre que me traspasa escribiendo una historia. Sé que cuando me mira, ve al mundo y le pido que no se detenga. Pienso que ojalá su luz está determinando algún momento en el futuro en el que pueda llegar hasta alguien, en forma de pan, de un abrigo, de un abrazo. Todos los males del mundo se desvanecerían frente a este regalo.
Adonay vive el mundo a través nuestro. Pero en realidad lo conoce por la experiencia propia de la carne a través de Giorgio. Para ello está crucificado, para poder estar entre nosotros y poder compartir un almuerzo, una palabra, una mirada, un momento. Cuantos eones hemos caminado en la historia del alma para que ocurriese este milagro? Cuantos soles, planetas y civilizaciones han sido creado antes que nosotros, para que podamos ser? Se que es una locura decirlo, pero cuando Adonay se manifiesta en un hombre, el orden entero del universo puede renovarse desde cualquier lugar de la Tierra en donde habite, en cualquier momento. Ese es el milagro al que estamos asistiendo.
Gracias Giorgio por compartir tanto en estos días inolvidables en Sudamérica.
Agustin Saiz,
Buenos Aires, 14/05/2026
