EL ACTIVISMO SOCIAL Y LOS MERCADERES DEL TEMPLO

04.07.2026

Por Facundo Perez

En el templo encontró a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados allí. Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos fuera del templo junto con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó sus mesas. A los que vendían palomas les dijo:

«Quiten esto de aquí; no hagan de la casa de Mi Padre una casa de comercio».

Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito:

«EL CELO DE TU CASA ME CONSUME»

El episodio de Jesús expulsando a los mercaderes del templo es uno de los pocos acontecimientos narrados por los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Esto nos da una cierta medida de la importancia que encierra este hecho.

Vemos a un Jesús encolerizado, al punto de tomar unas cuerdas a modo de látigo y expulsar a los mercaderes del templo.

Si partimos de la base de que Jesús no enseñaba solamente a través de sus palabras, sino también mediante cada uno de sus actos, surge en mí la siguiente pregunta: ¿qué quería transmitir con esta acción a quienes buscaran comprender el espíritu de sus enseñanzas?

Creo que, a través de sus actos, Jesús nos dejaba herramientas capaces de ayudarnos a atravesar la complejidad de un mundo contemporáneo cada vez más confuso y alejado de Dios. Como siempre, la llave para acceder a esas enseñanzas se encuentra en el corazón, sintonizando con la esencia de aquello que está escrito. Es allí donde la letra cobra vida y nos hace libres de verdad.

Debo reconocer que este pasaje, que durante mucho tiempo me resultó algo ajeno, hoy adquiere una relevancia diferente.

Fuimos testigos del énfasis que Giorgio puso en la importancia del activismo social, la denuncia y la labor antimafia. En su última visita a Argentina, en Las Parejas, Santa Fe, dejó en claro que solo los activistas forman parte de las arcas, mientras que quienes no lo son podrían ser considerados simpatizantes de la Obra.

Creo que esto se relaciona profundamente con dos cuestiones. La primera es que Giorgio se encuentra en la etapa final de la misión que le fue encomendada por la Virgen en Fátima: desenmascarar el rostro del anticristo, lo cual nos da la pauta del tiempo que estamos viviendo y el ritmo de las cosas. La segunda es que acompañar y formar parte de esa misión en este tiempo implica asumir un rol activo en la denuncia de un sistema que es claramente anticrístico, cada uno desde su lugar y aplicado al contexto en el que vive.

Pero, volviendo al pasaje de los mercaderes del templo, fue precisamente la última visita de Giorgio la que me permitió comprenderlo desde otra perspectiva y otorgarle una relevancia distinta en lo personal.

Después de expulsar a los mercaderes, le preguntan con qué autoridad realiza esas acciones. Entonces Jesús responde:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Jesús utiliza la palabra templo para referirse a su propio cuerpo. Esto nos permite comprender que el concepto de templo puede extenderse también a otros estratos, entendiendo el templo/cuerpo como el habitáculo del espíritu.

Si además tomamos en consideración la ley de correspondencia de Hermes Trimegisto, según la cual lo que ocurre en lo micro también ocurre en lo macro, podemos extrapolar esta idea al planeta Tierra mismo, entendiendo que el concepto de templo de Dios no se limita solo al ser humano o a un lugar puntual, sino que abarca toda su creación.

Y es precisamente allí donde encuentro la enseñanza de este pasaje.

Han convertido al mundo en una verdadera cueva de ladrones, donde únicamente parece tener valor aquello que puede comprarse o venderse. Lo verdaderamente importante es relegado, despreciado o reducido a algo sin valor. La dignidad humana, la justicia, la verdad, la naturaleza y la vida misma quedan subordinadas a intereses económicos, políticos o de poder.

Es ahí donde entiendo que Jesús nos indica que el celo de su casa nos debe consumir. Nos debe suscitar en nuestro interior la cólera de decir no y denunciar, con todo lo que esté a nuestro alcance, a aquellos que hacen el mal con total impunidad a través de la venta de armas, la venta de drogas, las violaciones a los derechos humanos, el atropello de los ecosistemas, etc. Las cuerdas hoy son nuestra voz, nuestro arte, nuestras manos.

Es necesario que se denuncie, que se diga basta, porque solo así podremos escapar del peso de convertirnos en cómplices de aquellos nuevos mercaderes del templo que actúan impunemente.

En cada contexto de la sociedad, lamentablemente, hay un Herodes, por lo que es necesario que haya un Bautista que le señale los males cometidos.

«El celo de tu casa me consume; sobre mí han recaído las burlas de los que te insultan»

Con amor.

Facundo Pérez

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