El Cáncer y la Cruz

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Por Facundo Pérez
Hoy no es una mañana cualquiera. En el momento en que escribo esto, mi compañera de viaje y causa está siendo operada de un cáncer que, hace tiempo, nos ha tomado por sorpresa, cambiando fuertemente la intensidad que llevaba la vida hasta ese momento.

Han sido casi dos años duros, entre el dolor de su cuerpo, los efectos de las quimioterapias, los rayos y, a veces, la incertidumbre. Ha sido un camino donde aprender sobre una temática que nunca quisimos ni esperamos conocer se ha vuelto una necesidad: volvernos especialistas en medicamentos, tratamientos y cirugías para poder transitarlo. He aprendido en el camino a acompañar, a ver cómo el cuerpo de la persona que más se ama en el mundo cambia y necesita asistencia.
Esta mañana me siento animado por el espíritu a tomar el lápiz y escribirles a mis hermanos.
En un principio creí que Dios me castigaba. Justo coincidía con el tiempo en que nos mudábamos a una ciudad en la Patagonia y, al pasar todo en simultáneo, creí que era por haberme equivocado de camino y que el Padre celestial me lo hacía saber: el precio de mi desobediencia.
Lo cierto es que fue un tiempo de mucha reflexión, donde llegamos a la conclusión de que no era un castigo, sino una condición.
Sí, una condición.
Una que te despierta, te pone en vilo y cuyo peso, junto con la urgencia, te hace elegir, tomar tus determinaciones internas.
"¿Qué haces con esto que coloco sobre ustedes?", pensaba. Imaginaba como si la voz de Dios me hablara y nos probara.
"¿Me vas a culpar de tu desgracia o vas a tomar el peso, acomodarlo y caminar en dirección a mí?"
—Sí, Señor. Ciertamente no entiendo tus pruebas. No te entiendo, de hecho. Pero acá estoy. Acá estamos. Somos tuyos hoy y siempre, aunque a veces te cuestione, aunque me enoje contigo.
Mi mente suele ser escenario de las conversaciones más variadas.
Quiero destacar el hecho de que tomar esos posicionamientos internos y luego externos fue el inicio de un camino que se fue abriendo casi como por "casualidad".
Por nombrar algunos casos: en la Patagonia, Chubut específicamente, hay una enorme problemática relacionada con la intención de explotar uranio, con todos los riesgos que eso implica en términos de contaminación y también por el uso que se le da al utilizarlo para centrales nucleares y para la carrera armamentista.
También existen problemáticas graves con comunidades indígenas que son discriminadas, desplazadas y renegadas de la historia argentina, donde ponen orgullosamente el estandarte de la inmigración europea, renegando de los verdaderos padres de esta tierra.
Sin entrar demasiado en detalle, porque seguramente es tema para un escrito entero aparte.
En la medida en que nos disponíamos a acompañar estos temas, sentíamos cómo la mano del cielo nos iba llevando, colocando a las personas, los escenarios y las situaciones para que pudiéramos entrar y formar parte de los distintos núcleos de resistencia.
La metodología casi siempre era la misma. Mariana, la mayor parte del tiempo en cama por los dolores y los tratamientos, me acompañaba cuando no podía hacerlo en lo físico, en espíritu. Mi parte era conectar con las personas y con las situaciones, aunque tener que dejarla en cama me producía mucho pesar.
Así también hemos encontrado algunos hermanos hermosísimos en la Patagonia y otros, también de una belleza interna inconmensurable, en los viajes que hemos tenido a Buenos Aires, a raíz de los tratamientos y cirugías en la capital de dicha provincia.
Conectando con algunos de ellos incluso por "casualidad", esa hermosa casualidad donde la mano del cielo se deja entrever y sentir.
Creo que es justo nombrar a esos hermanos que nos han recibido sin conocernos y nos han tratado más que como hermanos, como si fuéramos sus hijos.
Tal así ha sido con los hermanos Silvana y Ricardo, de Buenos Aires, con quienes nos sentimos agradecidos. Fuimos recibidos con amor y no tardamos en entramar una relación de amor mutuo y amistad. Cada cena, como excusa, era motivo de encuentros que tenían lugar en su casa, donde no solo se iba afianzando la relación, sino donde nos nutríamos del espíritu, donde nos volvíamos llenos en el corazón por la profundidad de sus corazones y su enorme calidez.
Con los hermanos de La Plata, Fabián, Lena, José y Silvina, con quienes comenzamos a trabajar juntos en el programa de Casa Estudio y "El Despertar", del canal "La Vida y el Universo", de manera remota.
La motivación de este escrito no es contar nuestra vida, sino compartir que, cuando menos esperamos, el dolor de las pruebas y el peso de la cotidianidad golpean en nuestras puertas, donde "no abrir" no es una opción.
Muchas veces, con distintas formas y rostros: rostros de tristeza, dolor e incertidumbre. Pero que esconden una cruz —una según nuestras capacidades—, una cruz que no se identifica por su forma, sino por su fragancia embriagadora, que nos despabila del letargo, que nos activa y nos demanda llevarla erguidos y compartiendo el peso con los hermanos.
Al escribir esto no sé cómo saldrá la cirugía. Tengo que reconocer que siento un poco de miedo, pero tengo que vivir con la fe en mi corazón.
Tengo que confiar en que luego de esto habrá nuevos caminos y aún mucho trabajo por hacer.
Con amor.
Facundo Pérez
