EL CORAJE DEL NO

13.02.2026

Por Matilda Mulla

Decir NO, no es simplemente un derecho.

Es un acto de coraje.

Es un deber moral, un juramento silencioso que debemos a nuestra vida y a cada otro ser humano que, como nosotros, ha llegado a este planeta según la voluntad divina y sus leyes sagradas.

Este NO, no nace de nuestros caprichos personales, del ego o de los deseos pasajeros.

Este NO nace de la conciencia.

Del espíritu que ya no acepta ser cómplice de la destrucción.

Es un deber moral hacia la vida, hacia los niños que nacen en un mundo enfermo,

hacia las generaciones destruidas antes de nosotros y las que vendrán después de nosotros.

Es un deber hacia cada ser humano que, como nosotros, ha sido traído a este planeta no para someterse, sino para vivir según las leyes divinas.

NO a la guerra, que todavía hoy se vende como "solución", construida sobre los cuerpos de los niños, sobre las casas destruidas, sobre las madres que esperan en silencio una noticia que nunca llega.

Desde las guerras antiguas que incendiaron el mundo hasta los conflictos de hoy transmitidos en directo en las pantallas, la humanidad continúa aprendiendo una sola cosa: que no aprende más.

NO a la violencia, que ya no es solamente física, sino psicológica, digital, económica.

La violencia normalizada es la violencia que prepara el próximo crimen.

Una violencia que te enseña a odiarte a ti mismo, a compararte, a sentirte insuficiente, mientras otros se enriquecen con tus heridas.

NO a la construcción de armas atómicas, a esta amenaza permanente que se cierne sobre nuestras cabezas como un falso dios, lista para borrar civilizaciones enteras con solo apretar un botón.

NO a la destrucción de este planeta viviente, que continúa dando todo de sí en silencio, entre sufrimiento y paciencia, a sus hijos ingratos y espiritualmente extraviados.

Un planeta que nutre, protege y perdona, mientras nosotros lo herimos, lo envenenamos y lo traicionamos cada día.

NO a la esclavitud, que hoy no tiene cadenas visibles, sino contratos, créditos, deudas, miedo a perderlo todo.

Una esclavitud que te deja libre solo en el papel.

NO a la explotación y al abuso de los niños, la plaga más oscura de la humanidad,

el pecado que grita hacia el cielo.

Este es el crimen que la historia no perdonará.

NO a la violencia contra las mujeres, que durante siglos han sido quemadas como "brujas", encerradas en el silencio, usadas como propiedad, y que todavía hoy luchan por el derecho más básico: existir sin miedo.

NO a las leyes inhumanas, que protegen los sistemas y no la vida, que llaman números a los seres humanos y estadísticas al sufrimiento, que tienen como único propósito el control sobre la vida y la muerte de cada criatura, sobre el alma.

Ah… el alma.

Es el alma la que debe ser reconocida, escuchada y honrada.

Con los ojos del alma vemos con claridad.

Con los ojos del alma comprendemos que el Amor no es debilidad, sino la fuerza más grande que existe.

El alma habla el idioma universal: el Amor.

Si nos conociéramos verdaderamente a nosotros mismos, el valor, el peso y la importancia que cada uno de nosotros porta en este mundo,

nada ni nadie podría vencernos.

Si comprendiéramos el milagro de ser eternos, nuestra lucidez ya no estaría oscurecida por el miedo, la propaganda o por la violencia.

Nosotros somos fuerza.

Nosotros somos magia.

Nosotros somos esperanza, consuelo, amor y justicia los unos para los otros.

Durante siglos hemos tomado la decisión equivocada.

Hemos dicho SÍ a la violencia, llamándola "orden", SÍ a la guerra, llamándola "defensa", SÍ a la injusticia, llamándola "realidad".

Como seres perdidos, espiritualmente enfermos, invadidos por la oscuridad, hemos aprendido a vivir solo a través del sufrimiento.

Pero esta vez debemos decir NO.

NO a la injusticia.

NO a la opresión.

NO a toda forma de sistema que nos roba el alma y nos transforma en seres insaciables, dispuestos a vender, a violentar y a sacrificar incluso a los propios hijos.

Ha llegado el tiempo de desechar las inseguridades, los miedos y las cadenas que nos han atado durante siglos.

Ha llegado el tiempo de gritar con una sola voz, en la gran plaza de la vida, el nombre que sacude la oscuridad: "¡JESUCRISTO!"

No como una palabra vacía, sino como un grito de esperanza, como un acto de elección para cambiar el curso de la desesperación, del dolor y del destino cruel que nosotros mismos infligimos a la vida.

Ha llegado el tiempo de decir NO a la oscuridad y de permitir que la luz divina entre dentro de nosotros, que purifique incluso los rincones más oscuros del alma,

que traiga esperanza, futuro y la eternidad merecida.

Solo unidos podemos sanar esta tierra que se ha transformado en un hospital psiquiátrico del dolor, en nuestro Edén y el de nuestros hijos.

Recibamos a Dios no con miedo, sino con lágrimas de alegría, con corazones que se atreven a decir la verdad.

SÍ a la Vida.

SÍ al Amor.

SÍ a la Justicia.

Con amor y fe,

Matilda Mulla

4 de febrero de 2026