EL CUERPO DE CRISTO

02.09.2026

Por Mara Testasecca  

Ante la presencia de un Hombre, con su cuerpo esbelto, tan frágil como poderoso; un cuerpo que desaparece detrás de su espléndida sonrisa y que nos abraza a todos, uno por uno, como si fuera la primera vez. Piernas largas, delgadas pero firmes; antebrazos temblorosos; manos cubiertas con guantes blancos para proteger el Signo principal de la Obra Joánica: los estigmas.
Giorgio Bongiovanni, el Ecce Homo del tercer milenio, el autor del Quinto Evangelio, ¿el profeta con quien convivimos desde hace una o más vidas? ¿Y en esta vida? Desde hace décadas, años; para algunos, meses… días… Para otros, es la primera vez.

Somos muchísimos. Es el 16 de agosto del año del Señor 2026; desde el mayor hasta el último nacido, todos formamos una larga y sinuosa fila bajo el sol abrasador, acompañados por una música que hace resonar nuestras células con el aire, el agua, la tierra y el fuego, dentro y fuera de nosotros. Participan también cientos de espíritus conectados gracias a la transmisión en directo. En aquella fila se avanza paso a paso, cada uno con su visión personal de la Comunión. Hay quienes la viven como católicos, como un acto de unión en la fe a través de la Eucaristía; otros como ateos, como jóvenes o como niños y niñas. También están presentes nuestros seres queridos, que nos observan «desde el Hades» de reminiscencia homérica, ¡mucho más vivos que nosotros!

Finalmente, el Tiempo transcurre sin frenesí y logramos contemplarnos en el espejo de nuestra conciencia aquí y ahora, sin ser ya los de ayer y, mucho menos, los de mañana… para vivir la verdadera Comunión, aquella de los tiempos antiguos, deseada por Aquel que lavó los pies y compartió Su cuenco con el apóstol que lo traicionó.

Maestro, aquí estoy:
Pepito Grillo de mí mismo, revestido de pequeñez y limitaciones… ¡el Cuerpo de Cristo!
Débil; peor aún, tibio y todavía confundido acerca de lo que puedo hacer… ¡el Cuerpo de Cristo!
Perdido, persiguiendo un amor que no me corresponde y condena mi alma… ¡el Cuerpo de Cristo!
No logro ver más allá del horizonte; me siento vacío y lleno ese vacío con alcohol, tabaco y sustancias… ¡el Cuerpo de Cristo!

Ahora veo ese horizonte, pero no me perdono… ¡Hijo mío, el Cuerpo de Cristo!
He sido violento con palabras y reacciones excesivas, aun sin querer hacer daño… ¡el Cuerpo de Cristo!
Tuve miedo, vacilé y descargué mi responsabilidad sobre otros hermanos, más asustados que yo; por eso no fui un escudo de hierro para mi comandante… ¡el Cuerpo de Cristo!
Yo soy más capaz, más rápido, más… más… Veo la paja en el ojo de mi hermano y no veo la viga en el mío… ¡el Cuerpo de Cristo!
Sufro demasiado físicamente, tengo una enfermedad incurable y abrazo el sufrimiento con todo el Amor del que soy capaz. Maestro, no me abandones… ¡el Cuerpo de Cristo!

Lucho contra mi arrogancia, atrincherado detrás de un conocimiento sin conciencia, de una mente que miente y me engaña; hago sufrir a quienes más amo… ¡el Cuerpo de Cristo!
La envidia y los celos nublan mis sentidos, atenazan mi corazón hasta devastarlo… ¡el Cuerpo de Cristo!

El fanatismo altera la percepción concreta de lo que soy. Busco un equilibrio entre la mente y el espíritu que aún no encuentro porque no quiero verlo… ¡el Cuerpo de Cristo!
Me juzgo antes que a nadie. No acepto el paso del tiempo, que marca mi rostro con arrugas; me encierro, me aíslo, pienso que soy inútil y enfermo… ¡el Cuerpo de Cristo!
Perdí a mi pequeño, la criatura que era la vida de mi vida. No fui capaz de protegerla como debía y no logro aceptarlo… ¡el Cuerpo de Cristo!
Vivía como un criminal; maté y derramé sangre de hombres y mujeres… ¡el Cuerpo de Cristo!
¿Qué se puede añadir, explicar o comentar para la Confraternidad?
Por mi parte, nada más que: «¡Sí, señor!». Mi Señor, permíteme servir hasta mi último aliento por Ti, Padre Nuestro Adonay; por Giorgio, por sus hijos en misión y por sus fieles soldados.

Del Verbo encarnado, el don más grande: el mensaje de hoy, que debemos esculpir en nuestros Espíritus:
Nosotros somos combatientes. Queremos combatir por Cristo, con Cristo y en Cristo.
Queremos ser revolucionarios. Debemos combatir el sistema de poder que está aplastando la libertad de los hombres.
Debemos apoyar a los justos, servirlos y reconocerlos dentro de nuestra Confraternidad como profetas enviados por Dios.
Debemos marcar la diferencia. Debemos ser íntegros. Debemos ser éticos.

Somos humanos, pecamos y pecaremos, pero no traicionaremos a nuestro Señor, que nos ha llamado. Debemos permanecer unidos. Debemos creer que la revolución vencerá, ¡porque Cristo vencerá! ¡Nosotros venceremos! ¡Los jóvenes vencerán! Por eso combatiremos juntos hasta el final. ¡Debemos resistir! Llegan los dolores, el cansancio… pero jamás debemos dejarnos vencer por la resignación. ¡JAMÁS!

Porque siempre se puede hacer algo, siempre se puede reaccionar. Cuando Dios vea que un soldado es fuerte y reacciona ante su sufrimiento, sus limitaciones y su debilidad, lo ayudará y hará triunfar la justicia, la libertad, la fraternidad y, sobre todo, el amor.

Los abrazo y nos veremos muy pronto.

¡Hasta la victoria, siempre, siempre, siempre!

Con amor y devoción, vuestra sierva.

Mara Testasecca

17 de agosto de 2026

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