EL ESPÍRITU DEL SERMÓN DEL MONTE

Por Facundo Perez
Recuerdo, hace un tiempo, una exposición de Greta Thunberg ante las Naciones Unidas en 2019, en la que abordó los grandes problemas del mundo. En aquella ocasión, Vladimir Putin cuestionó su discurso, sosteniendo que estaba siendo manipulado. Pero lo más importante y preocupante de su planteo fue la idea de que esa manera de ver el mundo resultaba inaplicable frente a una realidad tan compleja, cuya comprensión parecería estar reservada a un cierto grupo elitista.
Esa reflexión, al margen de los personajes involucrados en la situación, me generó la siguiente interrogante en mi interior: ¿es realmente el mundo tan complejo que el contenido de las Escrituras sagradas ya no puede alcanzarlo? ¿O es que el ser humano se ha alejado tanto del orden divino que ya no logra sintonizar con el espíritu de verdad contenido en los textos sagrados?
Es, en cierto sentido, la repetición del relato bíblico contenido en el Antiguo Testamento de la Torre de Babel: el hombre proyectándose por fuera de la voluntad divina, construyendo su sociedad hasta el punto de desafiar con su insolencia al Divino Creador.
El escritor ruso Lev Tolstoi, autor de Anna Karenina, Los cosacos y Guerra y paz, dedicó sus últimos años a una búsqueda espiritual más profunda, dejando de lado la literatura para escribir obras de carácter filosófico y religioso. Sus ideas influyeron notablemente en los movimientos pacifistas de su época.
En su obra El reino de Dios está en vosotros, sostuvo que tanto la Iglesia como el Estado se habían convertido en instituciones anticristianas, al fundamentar su permanencia y expansión en el uso de la violencia, desvirtuando así el mensaje de Jesús.
Mahatma Gandhi fue profundamente influenciado por este libro, al punto de mantener correspondencia y desarrollar una amistad con Tolstoi. Este último sostenía que el mal que impera en el mundo terminará cuando los seres humanos vivan de acuerdo con las enseñanzas de Jesús y con su doctrina de la no resistencia al mal mediante la violencia.
Esa doctrina se convirtió en uno de los pilares de la vida política, social, humanitaria, moral y espiritual de Gandhi, expresada a través de la ahimsa (la no violencia) y de la búsqueda de la verdad como conceptos inseparables para conocer a Dios.
Mahatma Gandhi sostenía que la ahimsa no es simplemente no dañar a ningún ser viviente; ese es solo su aspecto más básico. El principio de la ahimsa también se infringe con los malos pensamientos, con la mentira, con el odio y con el deseo de causar mal al prójimo. Se viola igualmente cuando se retiene para uno mismo aquello que otros hombres necesitan.
¿Recuerdan? En el Sermón del Monte, Jesús dice: "Ustedes han oído que se dijo: 'Ojo por ojo y diente por diente'. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal". También enseña: "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'.
Pero yo les digo que quien mira a una mujer deseándola ya cometió adulterio en su corazón". Y agrega: "Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado".
Gandhi demostró la aplicabilidad del Sermón del Monte en una India sometida al Raj británico, estableciendo un precedente histórico de cómo los principios contenidos en las Escrituras sagradas pueden encarnarse en la realidad concreta a través de la ahimsa. De este modo, conectó con el espíritu del discurso de Jesús de una manera profundamente disruptiva y radical para el mundo contemporáneo, hasta el punto de contribuir al alejamiento del poder político británico de la India.
Resulta entonces, al menos en apariencia, contradictorio que un ferviente hinduista como lo fue Gandhi haya aplicado con tanta claridad el verdadero espíritu del Sermón del Monte. Es como si el Divino Creador nos amonestara a través de un hombre hinduista, que no se trata de dogmas o doctrinas en sí mismas, sino de algo mucho más profundo: de aquello que se funda en el interior del hombre. La base de todo no se cimienta en aquello de lo que el hombre se reviste, sino en lo que anima su interior.
"Mi alma es un alma que lucha, que combate, que anda vagando y que es imperfecta. Los débiles y efímeros resplandores de verdad que he entrevisto no son ni una aproximación a su indescriptible fulgor, un millón de veces más intenso que este sol que vemos cada día".
(Lo que verdaderamente dijo Gandhi, p. 85)
Facundo Pérez
13 de mayo 2026
