EL MUNDO INTERIOR Y EL MENSAJE DE JESUCRISTO

08.03.2026

Por Facundo Pérez

Quiero compartir un pensamiento que ha estado dentro de mí durante estas últimas semanas, en el cual también podría estar equivocado. Por ello, ruego que quien lo lea, si así lo desea, lo pase por un filtro interno.

Ha sido dicho: «Por sus frutos los conoceréis» y «No se puede obtener fruto bueno de árbol malo, ni fruto malo de árbol bueno» (Mateo 7:16–18; Lucas 6:43).

Creo que esta enseñanza dada por el maestro Jesús es también aplicable a todo ámbito de nuestra vida. En el camino espiritual, la línea entre lo verdadero y lo falso es muchas veces extremadamente delgada, e incluso difusa. A veces, pequeños detalles —que en el plano espiritual son desproporcionadamente grandes— determinan lo real de lo falso. Por tal motivo, Jesucristo, como única referencia de lo perfecto, nos dio las herramientas precisas para proceder en nuestra vida cotidiana. Nos enseñó que el discernimiento no debe basarse únicamente en lo que parece verdadero, sino en los frutos que produce.
Entiendo también que, en el camino espiritual, hay momentos en los que nuestro mundo interior nos marca una dirección muy precisa y que, en la mayoría de los casos, establece nuestra manera de ser y cómo nos relacionamos con los demás.

Argumentalmente, puede parecer correcta desde cualquier punto de vista y puede venir acompañada de señales o experiencias. Sobre este punto quiero hacer especial hincapié.
Cristo, hace dos mil años, nos dio la clave de cómo actuar ante estas situaciones. Cuando habla de los frutos de los árboles, también nos enseña que debemos contrastar toda experiencia interior con su mensaje. Es decir, el mundo interior y todo lo que uno pueda experimentar deben ser colocados, responsablemente, bajo un filtro infalible: la vida de Jesús, sus enseñanzas y su ejemplo, tal como los encontramos en el Nuevo Testamento.

Si nuestro obrar, como resultado de nuestro mundo interior, es coherente con el mensaje dado por Jesucristo, entonces es verdadero y sus frutos serán coherentes con el árbol del cual nacen. Si no lo fuera con su enseñanza, ese mismo filtro debería permitirnos discernir su falsedad. No debemos olvidar que el ego tiene sus propios mecanismos de subsistencia y tiende a proyectarse en el tiempo y el espacio, buscando justificar nuestro mal obrar, presentándolo casi como si respondiera a un bien mayor. Del mismo modo, también puede ser influenciado por fuerzas negativas que nos desvíen del camino correcto.

Así como un fruto bueno no puede provenir de un árbol malo, nuestro camino y nuestras acciones deben ser coherentes con lo que Jesús nos enseñó hace dos mil años. Eso nos dará la pauta de estar caminando con firmeza y sobre el buen sendero. También es importante comprender que la aplicación de ese filtro debe hacerse desde el amor, la unión y la humildad, y no desde el juicio, el orgullo o la separación.
Entiendo que esto mismo puede ser también una prueba para mí. Por ello, le pido al Padre que me conceda la humildad y el amor necesarios para transitar cada prueba con rectitud, discernimiento y fidelidad a la verdad.

Facundo Pérez
26 de Febrero 2026