EL OBSTINADO ARDOR

29.03.2026

Por Roberto Ghirelli

Arribas después de un viaje de seis horas, cansado, pero ansioso por hablar del amor universal, del Hijo del Hombre, de Cristo.
Cansado, pero con la mano del Padre que te sostiene, Su Verbo que sale de tu voz y el fuego de la verdad que arde como un incendio indomable dentro de ti.

Porque tú eres eso, un espléndido incendio que avanza, ayudado por la voz y por la fuerza del viento para superar cada obstáculo, y esas llamas son como nuestras almas que querrían todavía elevarse hacia el cielo pero seguimos anclados a la tierra y tú pasas y tratas de llevarnos contigo más allá de nuestras estúpidas creencias, más allá de los límites existenciales, más allá del sufrimiento humano, más allá de nuestras distorsiones anímicas, más allá de nuestro ego y nuestras limitaciones.

Nos impulsas, nos sostienes con tus estigmas y tus sanguinaciones, nos das coraje, nos explicas como extender la llama hacia el cielo y dejar fluir, que vaya y no permanezca anclada a una brasa ardiente al pie de un árbol.
Quisieras que nuestras almas emprendan el vuelo y se muestren por eso que son,
música, movimiento, amor, justicia.

Nos muestras el camino de la salvación, nos hablas del Maestro de los Maestros con un amor tal que me dan ganas de llorar cuando lo haces, siempre he pensado que amaba a Jesús, pero no soy digno de decirlo frente a ti, que encarnas sus acciones.

Eres un huracán de vital esperanza para esta humanidad. Un gigante que no tiene temor de nadie.
Eres simplemente GIORGIO BONGIOVANNI el mensajero De Dios, un nombre que permanecerá escrito e impreso en la historia y en el corazón de todos nosotros y de quien leerá tus acciones.
Gracias Giorgio.

Roberto Ghirelli
29 de Marzo de 2026.

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