EL UNIVERSO DENTRO NUESTRO

14.01.2026

Por Antonio Di Nanni

El universo, lugar de poesía, música y armonía, baila con nuestros cuerpos, como pura magia…
La columna vertebral humana tiene 33 vértebras, la misma estructura que nos sostiene y tiene el mismo número de años que el Maestro Jesús trabajó en esta Tierra.
Tenemos 24 costillas, 12 de cada lado.

Hay 12 Apóstoles y 12 Ancianos, su posición simboliza su cercanía a Dios y su papel como intercesores o representantes del pueblo de Dios.
10 es el número de nuestros dedos, simbolizando la plenitud del orden Divino y la Ley universal. 10 es como los Diez Mandamientos, las Leyes dadas por Dios a Moisés en el Monte Sinaí.

El 7 es el número del Padre. Representa la infinitud, la perfección y la plenitud. El 7 es como los Dones del Espíritu Santo, las Siete Iglesias, los Siete Sellos, las Siete Trompetas del Apocalipsis, etc. En la anatomía espiritual, suele estar conectado con los diversos circuitos energéticos del cuerpo, como los 7 chakras y los 7 cuerpos sutiles. En la anatomía orgánica humana, el 7% del peso corporal está compuesto por sangre, y el 7 es el diafragma desde la perspectiva osteopática y postural. El 7 es como los principales órganos vitales esenciales para la supervivencia: el cerebro, el corazón, los pulmones, el hígado, los riñones, el páncreas y los intestinos. El 7 es como los Arcángeles de Dios.

En nuestro cuerpo, existe una glicoproteína vital, fundamental para todo el organismo: la laminina (la partícula de Dios). Es un organizador de tejidos y membranas; de hecho, es la proteína que une y une todos los tejidos y membranas de nuestro cuerpo. La laminina es esencialmente una especie de andamiaje que sostiene toda la parte orgánica de nuestro cuerpo, pero no solo es importante desde una perspectiva celular, ya que se conoce como la partícula de Dios y se presenta al microscopio electrónico como una estructura en forma de cruz latina.
Además, Jesús resucitó al tercer día, de hecho la ciencia dice que cuando ayunas 3 días tu cuerpo comienza a regenerarse, las células viejas mueren, nacen nuevas y comienza la curación.

En conclusión, lo anterior no es una coincidencia, sino la sinfonía perfecta con la que Dios creó el universo.
Somos profecía viviente, tabernáculos vivientes, polvo y divinidad en uno.
Dios no sólo te creó, sino que se esculpió en ti.


Antonio Di Nanni
14 de enero de 2026