EN MEMORIA DE LOS NIÑOS DE PALESTINA Y DE LAS VICTIMAS DEL CASO EPSTEIN

03.03.2026

Por Francesca Mugoni

No habrá lugar en la Tierra,
ni búnker donde esconderse.
No habrá oración a la cual apelar.
No habrá piedad para ustedes.
Su esencia será puesta ante el Rey de Reyes,
ante el Gran Monarca.
Y allí se arrepentirán de haber venido a la Tierra.
Se arrepentirán de cada aliento que haya salido de su boca.
Porque cada lágrima derramada ha marcado el cielo.
Cada grito sofocado ha atravesado los continentes.
Cada inocencia violada se ha convertido en una llama eterna.
Creyeron en el silencio.
Creyeron en la sombra.
Creyeron que su poder era eterno.
Pero la inocencia es más antigua que el poder.
Es más fuerte que los tronos.
Es más luminosa que cualquier corona.
Sus vergüenzas serán expuestas,
iluminadas por su propia miseria.
Serán elevadas hasta el cielo,
para que todos vean lo que eran,
para que todos sepan.
Su armadura, su poder,
se desmoronarán en el instante de un solo segundo cósmico.
Cada máscara caerá.
Cada mentira se disolverá.
Cada silencio será quebrado.
No será el odio quien juzgue.
Será la Luz.
No será la venganza quien hable.
Será la Justicia.
Y ante esa Luz
cada alma estará desnuda.
Cada acto será pesado.
Cada elección recordada.
Porque los niños no son olvidados.
No son números.
No son sombras.
Son memoria viva.
Son verdad eterna.
Son el punto donde el Cielo toca la Tierra.
Y nada,
nunca más,
quedará oculto.