La sombra detrás de la desclasificación
Lo que la apertura de los archivos no cuenta: quién decide, quién paga y a quién le conviene.

Juan Carlos Baruque entrevista Gabriel Mouriño. Una conversación entre Valladolid y Vigo
Por Daria Gradella
El pasado 5 de octubre, una videollamada ha unido Castilla y León y Vigo para adentrarse en uno de los asuntos más controvertidos de las últimas décadas: la progresiva desclasificación de documentación relacionada con el fenómeno ovni, hoy denominado institucionalmente UAP, en Estados Unidos.
Juan Carlos Baruque, podcaster vallisoletano al frente de Mundo Insólito Radio, ha recibido a Gabriel Mouriño, miembro de la Asociación Del Cielo a la Tierra España y estudioso del fenómeno extraterrestre.
Su aproximación a estos temas se ha desarrollado siguiendo también las enseñanzas de nuestro mentor, Pier Giorgio Caria, quien desde la década de 1980 se dedica a una investigación científica y espiritual nacida de preguntas esenciales acerca de la existencia, el origen del ser humano, el sentido de la vida y la naturaleza de la realidad.
Una búsqueda constante que, a lo largo de los años, ha dado lugar a un extenso trabajo de documentación, estudio y divulgación.
Desde estas líneas queremos agradecer especialmente a Pier Giorgio Caria la puesta a disposición y concesión de información, documentación y material de investigación, fundamentales para profundizar en muchos de los asuntos que han servido de base a este trabajo.
Ochenta años entre el silencio y la revelación
Ahora, sin embargo, son las propias instituciones estadounidenses las que han comenzado a reconocer oficialmente la existencia de archivos, informes y vídeos relacionados con fenómenos que no han podido identificar.
Gabriel ha situado especialmente a partir de 2017 el comienzo de una nueva fase de la denominada disclosure, término con el que se alude al proceso de revelación de información hasta entonces reservada. Pero para él la cuestión verdaderamente interesante no ha sido únicamente qué documentos se están abriendo, sino por qué se ha decidido hacerlo ahora y quién establece los límites de esa apertura.
De ahí ha surgido una de las preguntas centrales de toda la entrevista: si durante décadas se ha investigado internamente aquello que públicamente se negaba o ridiculizaba, ¿qué sabían realmente las instituciones y cuánto de ese conocimiento continúa todavía fuera del alcance público?
NASA, Pentágono, FBI, CIA y NSA: una historia escrita también en documentos oficiales
Gabriel ha insistido en que uno de los elementos que más peso aportan al debate es precisamente la procedencia institucional de buena parte de la documentación que se está conociendo. Ya no se está hablando únicamente de fotografías aportadas por particulares, de relatos de supuestos contactados o de investigadores independientes.
Durante la entrevista ha citado expresamente documentos de la NASA, del Pentágono y de distintas estructuras de inteligencia estadounidenses, entre ellas el FBI, la CIA y la NSA, organismos que, según ha explicado, llevan desde los años cuarenta recogiendo, clasificando y analizando información vinculada con fenómenos aéreos no identificados.
Esto no significa que cada expediente constituya una prueba de procedencia extraterrestre; el punto relevante es otro: el asunto ha generado durante décadas suficiente interés como para producir expedientes, investigaciones e informes dentro de algunos de los organismos más importantes de Estados Unidos.
Ahí aparece una brecha difícil de ignorar entre la imagen pública de un fenómeno presentado durante mucho tiempo como marginal y la existencia paralela de una maquinaria institucional que, silenciosamente, ha seguido documentándolo.
Dentro de este entramado, la CIA ha ocupado un lugar especialmente significativo. La conversación ha planteado que las distintas agencias no funcionan como un único archivo perfectamente comunicado, sino como estructuras con competencias, intereses y niveles de acceso propios. Cada una puede custodiar documentación que otras no poseen o a la que no tienen acceso completo. La cuestión del secreto adquiere entonces una dimensión mucho más compleja: no consiste únicamente en saber que algo está clasificado, sino en determinar quién conoce siquiera la existencia de esa información. Una agencia como la CIA forma parte de un sistema institucional que permanece mientras los gobiernos cambian; sus funcionarios, analistas y responsables pueden acumular durante décadas una memoria interna que ningún presidente recién llegado posee de forma automática. De ahí una de las ideas más fuertes expuestas por Gabriel: en determinados ámbitos, tener la información equivale a poseer una forma de poder.
ARO y el difícil intento de reunir las piezas
En este escenario fragmentado, Gabriel ha concedido especial importancia al ARO, el organismo al que se ha referido durante la entrevista como encargado de reunir y gestionar información relacionada con fenómenos anómalos procedente de diferentes departamentos.
Su propia existencia resulta reveladora dentro del planteamiento desarrollado durante la charla: si durante décadas cada organismo ha acumulado sus propios expedientes, resulta necesario crear una estructura capaz de intentar centralizar una parte de ese inmenso archivo disperso. Sin embargo, centralizar información no significa necesariamente hacerla pública ni disponer automáticamente de absolutamente todo aquello que custodian las distintas agencias.
Gabriel ha recordado que, cuando durante el primer mandato de Donald Trump se reclamó información relacionada con estos fenómenos, la respuesta ofrecida había resultado, a su juicio, extraordinariamente limitada.
Ha hablado de un conjunto de 144 casos, de los cuales solo uno habría recibido una explicación concluyente. Aquella respuesta ejemplifica uno de los grandes problemas de la llamada desclasificación: después de décadas de investigaciones, una selección relativamente pequeña de casos no puede confundirse con la apertura integral de todos los archivos existentes.
Además, ha señalado que organismos como la CIA, la DIA, la NSA, el FBI, la NASA y el propio ARO conservan diferentes competencias e intereses. Ochenta años de expedientes, observaciones, testimonios, grabaciones y programas no pueden reducirse fácilmente a una carpeta entregada al público. Por eso, a lo largo de la entrevista se ha insistido en diferenciar entre desclasificar algunos documentos y desclasificar realmente todo lo que se conoce.
El presidente puede ordenar, pero ¿puede saberlo todo?
La cuestión ha conducido a uno de los puntos más interesantes de la conversación: el verdadero poder de un presidente estadounidense frente al aparato permanente de inteligencia.
Baruque ha recordado cómo presidentes y expresidentes como Bush, Obama, Trump o Clinton han sido interrogados en entrevistas y programas acerca de los grandes secretos del Estado y, de manera casi inevitable, acerca del Área 51. La respuesta, con distintos matices, suele encontrarse con una frontera: existen asuntos sobre los que no pueden hablar o información sometida a restricciones.
El Área 51 aparece así no solo como uno de los grandes símbolos de la cultura popular vinculada al fenómeno ovni, sino como una representación de una cuestión mucho más seria: ¿hasta dónde llega realmente el conocimiento de quien ocupa la Casa Blanca?
Gabriel ha introducido aquí el concepto de need to know, la "necesidad de saber", según el cual el acceso a determinados secretos se mantiene compartimentado y cada persona recibe únicamente aquella información que se considera necesaria para el desempeño de su función.
La consecuencia planteada es sencilla, pero profunda: no se puede ordenar la desclasificación de algo cuya existencia se desconoce. Un presidente puede tener formalmente la autoridad para dar una orden, pero depende de las estructuras permanentes del Estado para conocer qué programas, expedientes o archivos existen.
Los presidentes permanecen unos años; los altos funcionarios, técnicos, responsables militares y miembros de las agencias pueden desarrollar carreras de varias décadas. Son ellos quienes conocen la arquitectura interna del secreto y los caminos que debe recorrer la información antes de llegar a los responsables políticos.
2017, Luis Elizondo y el comienzo de una nueva etapa
La entrevista ha situado en 2017 uno de los momentos decisivos de la actual disclosure, cuando se hizo pública la existencia de un programa del Pentágono destinado al estudio de amenazas aeroespaciales anómalas.
En este contexto ha adquirido especial relevancia Luis Elizondo, procedente del ámbito de la inteligencia y vinculado al programa AATIP. Su salida del sistema y sus posteriores declaraciones contribuyeron a trasladar el fenómeno desde los círculos especializados hasta medios de comunicación de alcance internacional.
Junto a ello aparecieron los conocidos vídeos Go Fast, Tic Tac y FLIR, registrados mediante sistemas militares estadounidenses. Este detalle cambió sustancialmente la naturaleza del debate: ya no se trataba únicamente de un testimonio difícil de verificar o de una imagen anónima, sino de secuencias procedentes del propio entorno militar.
A partir de ahí fueron apareciendo figuras procedentes de las Fuerzas Armadas y de la inteligencia, entre ellas David Fravor, piloto directamente relacionado con uno de los incidentes más conocidos, y David Grusch, antiguo miembro del ámbito de inteligencia estadounidense cuyas posteriores declaraciones incluyeron afirmaciones sobre supuestos programas de recuperación de objetos y materiales de origen no humano.
Para Gabriel la contradicción surge precisamente al comparar la gravedad de determinadas declaraciones realizadas por personas vinculadas al propio aparato estatal con la relativa modestia del material ofrecido en muchas de las desclasificaciones oficiales.
Si antiguos miembros de inteligencia, militares y pilotos han comparecido ante representantes políticos realizando afirmaciones de enorme alcance, ¿por qué la apertura documental continúa mostrando apenas fragmentos? Esa distancia entre lo que algunos testigos procedentes del sistema afirman que existe y lo que el propio sistema decide enseñar ha constituido una de las principales líneas críticas de la entrevista.
Quienes revelan conocen también cómo se oculta
Gabriel ha prestado especial atención al perfil profesional de quienes están protagonizando esta nueva etapa. Luis Elizondo, David Grusch, David Fravor y otros protagonistas mencionados durante la conversación no son simples observadores externos al sistema estadounidense.
Algunos trabajaron precisamente en estructuras relacionadas con inteligencia, contrainteligencia, información militar o seguridad nacional. Esta circunstancia no invalida sus testimonios, pero obliga a analizarlos con especial atención: muchos de quienes ahora intervienen en la revelación conocen también de primera mano los mecanismos utilizados para proteger información sensible, compartimentarla o mantenerla fuera del conocimiento público.
De ahí ha surgido una paradoja difícil de pasar por alto: parte de la actual revelación está siendo protagonizada precisamente por personas formadas dentro de estructuras cuyo funcionamiento depende de la gestión del secreto. La pregunta no debe ser únicamente qué están diciendo, sino también quiénes son, qué papel han desempeñado anteriormente, por qué hablan ahora y qué parte de la información tienen realmente autorización para revelar.
Marco Rubio y la entrada del fenómeno en la esfera política
La conversación también ha citado a Marco Rubio como ejemplo de cómo el asunto dejó de permanecer confinado al mundo de la ufología para entrar en el terreno de la política estadounidense y de la seguridad nacional.
Se ha hecho referencia a declaraciones y producciones recientes en las que figuras de primera línea institucional abordadaron públicamente la existencia de fenómenos y tecnologías cuyo origen continúa siendo objeto de debate. Más allá de la interpretación que cada uno haga de esas declaraciones, su mera presencia dentro de la discusión política constituye un cambio evidente respecto a décadas anteriores.
Este paso resulta especialmente significativo porque transforma también el lenguaje. Cuando un asunto abandona el ámbito de la curiosidad ufológica y entra en comisiones parlamentarias, organismos de inteligencia y debates de seguridad nacional, deja de ser presentado simplemente como un misterio.
Empieza a ser tratado como una cuestión que puede afectar a la defensa, al espacio aéreo, a la tecnología y a la estrategia. Es precisamente en ese cambio de marco donde conviene mantener la atención: reconocer un fenómeno desconocido no es lo mismo que definirlo como una amenaza.
Del descrédito a la amenaza: cuando cambia el relato
Durante décadas, según ha recordado Gabriel, hablar abiertamente de determinados avistamientos podía tener consecuencias profesionales para militares, pilotos o controladores aéreos. La conversación ha recordado también protocolos y medidas destinadas a evitar la divulgación de información sensible y una larga cultura de ridiculización alrededor del fenómeno.
Convertir un tema en objeto de burla puede resultar casi tan eficaz como prohibirlo: quien teme perder su reputación termina callando.
Ahora, sin embargo, la dirección parece haber cambiado. Aquello que anteriormente podía ser ridiculizado ha comenzado a recibir reconocimiento institucional y, en algunos ámbitos, incluso a ser presentado como una cuestión potencial de seguridad.
Se ha señalado que ese cambio merece ser observado con cautela. Existe una diferencia enorme entre afirmar "hay fenómenos que todavía no sabemos explicar" y afirmar "existe una amenaza de la que debemos defendernos". La segunda afirmación lleva consigo consecuencias políticas, tecnológicas y, sobre todo, presupuestarias.
Seguir el dinero: Pentágono, contratistas y gasto militar
La entrevista ha entrado entonces de lleno en una de sus tesis principales: seguir el dinero. La desclasificación no puede analizarse únicamente como una cuestión ufológica; debe observarse también desde la economía de la defensa.
Se han recordado las dificultades del Pentágono para superar satisfactoriamente sus auditorías y para justificar el destino de determinadas cantidades de dinero público. Al mismo tiempo, buena parte del desarrollo tecnológico de defensa no se realiza exclusivamente dentro de organismos estatales, sino también a través de grandes contratistas privados.
Esto introduce un nivel adicional de opacidad. Cuando programas clasificados, grandes presupuestos y empresas privadas se cruzan, resulta difícil para el ciudadano conocer cuánto dinero se está destinando realmente a determinadas investigaciones, qué tecnologías se están desarrollando y hasta dónde llega el control de las instituciones civiles.
La pregunta sobre los UAP termina transformándose así en otra mucho más terrenal: quién recibe los fondos, qué desarrolla con ellos y quién controla realmente ese proceso.
Eisenhower y una advertencia que viene de lejos
En este punto ha aparecido una figura histórica fundamental: Dwight D. Eisenhower. Gabriel ha recordado el conocido discurso de despedida del presidente estadounidense, en el que advirtió acerca de la creciente influencia del complejo militar-industrial sobre el país.
La referencia resulta especialmente significativa dentro del argumento de la entrevista porque demuestra que la preocupación por la relación entre poder político, industria armamentística y enormes presupuestos militares no ha nacido con el fenómeno UAP.
Aquella advertencia adquiere hoy una resonancia todavía mayor. A lo largo de las décadas, numerosas compañías del sector de defensa se han fusionado, absorbido o concentrado hasta formar grandes corporaciones con enormes capacidades económicas y tecnológicas.
En determinados programas, esas empresas no son meros proveedores: pueden llegar a custodiar tecnología y conocimientos extremadamente sensibles.
De ahí que la discusión sobre la desclasificación no pueda limitarse a observar al presidente o al Pentágono; también debe preguntarse qué papel desempeña el sector privado que trabaja detrás de algunos de los proyectos más reservados.
Operación Paperclip: cuando el conocimiento vale más que el antiguo enemigo
La conversación ha retrocedido después hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para abordar la Operación Paperclip, mediante la cual científicos y especialistas procedentes de la Alemania nazi fueron trasladados a Estados Unidos y puestos al servicio de programas científicos y militares norteamericanos.
El episodio ha servido para ilustrar hasta qué punto el conocimiento tecnológico puede convertirse en una cuestión estratégica capaz de superar incluso las fronteras ideológicas de una guerra recién terminada.
Entre las figuras más conocidas de aquella operación se encuentra Wernher von Braun, responsable del desarrollo de tecnología de cohetes en Alemania y posteriormente convertido en una pieza esencial del programa espacial estadounidense.
Su trayectoria resume de manera extraordinaria el vínculo entre tecnología militar y exploración espacial: del desarrollo del V2 alemán a su trabajo posterior en Estados Unidos y al programa que acabaría llevando al ser humano hasta la Luna.
Wernher von Braun, Carol Rosin y la "escalera de enemigos"
Pero Von Braun ha aparecido durante la entrevista también por otra cuestión mucho más controvertida. Gabriel ha mencionado el testimonio de Carol Rosin, colaboradora de Von Braun, quien afirmó que el científico le habría hablado antes de morir de una sucesión de amenazas que servirían para justificar progresivamente la militarización y un gasto cada vez mayor en defensa.
Según el relato atribuido a Rosin, existiría una especie de "escalera de enemigos": diferentes amenazas se irían sucediendo hasta desembocar finalmente en la presentación de un peligro procedente del espacio.
La entrevista ha relacionado esa idea con la evolución histórica de los grandes enemigos que han ocupado el discurso de seguridad: primero la Unión Soviética, después el terrorismo, los denominados Estados canalla, posibles amenazas procedentes del espacio y, en último término, un potencial enemigo extraterrestre.
Gabriel ha presentado esta relación como una línea de interpretación, no como una demostración definitiva, pero ha considerado significativo observarla junto con el aumento permanente del gasto militar y el desarrollo de nuevas estructuras destinadas a la defensa espacial.
De la Tierra al espacio: la Space Force y una nueva frontera militar
La creación de la Space Force estadounidense ha encajado de forma natural dentro de esta reflexión. El espacio ha dejado de ser únicamente el escenario de la exploración científica para convertirse también en un territorio estratégico y militar. Satélites, comunicaciones, sistemas defensivos y capacidades orbitales forman ya parte de la arquitectura contemporánea de seguridad.
La pregunta vuelve entonces al mismo punto: ¿contra qué se está construyendo esa defensa? Si el fenómeno UAP empieza a asociarse paulatinamente con un escenario de amenaza, puede aparecer una justificación social mucho más amplia para desarrollar nuevos sistemas militares en el espacio.
Y ahí se encuentra, según su análisis, uno de los riesgos principales del relato actual: que la discusión pase casi inadvertidamente de reconocer la existencia de fenómenos desconocidos a dar por sentado que esos fenómenos son hostiles.
Área 51, Roswell y el laberinto entre secreto, mito y desinformación
La conversación no ha podido evitar dos de los grandes nombres asociados históricamente al misterio estadounidense: Roswell y el Área 51. Durante décadas han ocupado un territorio ambiguo en el que se han mezclado hechos históricos, programas militares secretos, testimonios, rumores y una enorme construcción cultural.
Juan Carlos Baruque ha recordado también episodios como la célebre filmación de una supuesta autopsia extraterrestre, cuyas inconsistencias contribuyeron a aumentar todavía más la confusión.
Este punto ha permitido introducir uno de los mecanismos más interesantes analizados durante la entrevista: la desinformación no necesita necesariamente convencer a la población de una mentira concreta.
A veces resulta suficiente con mezclar tal cantidad de información verdadera, falsa, dudosa y contradictoria que termine siendo imposible saber qué merece credibilidad. Cuando un documento oficial aparece junto a un montaje, un testimonio serio junto a una falsificación y una investigación militar junto a una leyenda popular, el resultado puede ser una niebla informativa extremadamente eficaz.
Freedom of Information Act: cuando los documentos aparecen por caminos inesperados
Se ha abordado también el papel de la Freedom of Information Act, legislación que permite solicitar determinados documentos a organismos públicos estadounidenses. Gabriel nos ha explicado que esos archivos pueden llegar con numerosos fragmentos censurados o tachados cuando contienen datos considerados sensibles, pero que la comparación entre expedientes procedentes de diferentes departamentos permite, en ocasiones, reconstruir partes de historias que no aparecen completas en un único lugar.
En este contexto ha citado investigaciones vinculadas al incidente de Roswell y documentos que habrían hecho referencia a científicos de enorme relevancia como Albert Einstein y Robert Oppenheimer.
Gabriel ha presentado estos materiales como ejemplo de la inmensa dimensión del archivo histórico existente: hablar seriamente de desclasificación implica enfrentarse a décadas de correspondencia, expedientes militares, informes científicos y documentación repartida entre numerosos organismos.
Esa dispersión explica también por qué resulta tan difícil afirmar que un determinado conjunto de documentos representa "todo lo que se sabe".
Una posible cortina de humo, pero sin convertir la hipótesis en certeza
Juan Carlos ha planteado además si la aparición de determinadas noticias relacionadas con la desclasificación puede utilizarse para desplazar de las portadas otros asuntos incómodos. Gabriel ha reconocido que observar el momento concreto en el que determinadas revelaciones llegan a los medios puede resultar sugerente, especialmente cuando coinciden con situaciones políticas o internacionales delicadas.
Sin embargo, ha dejado claro que en ese terreno no existen pruebas concluyentes y que se trata de una hipótesis.
Esta cautela resulta importante porque una de las ideas finales de la conversación ha sido precisamente la necesidad de distinguir entre documentación, interpretación y especulación. Que una coincidencia resulte llamativa no la convierte automáticamente en una relación causal.
Pero tampoco significa que no merezca ser observada. El desafío consiste en investigar sin transformar las preguntas en certezas antes de tiempo.
Pier Giorgio Caria: una referencia para profundizar
En el tramo final, Gabriel Mouriño ha querido señalar expresamente el trabajo de Pier Giorgio Caria, investigador italiano y mentor de la Asociación Del Cielo a la Tierra España.
Sus investigaciones, conferencias y materiales divulgativos constituyen desde hace años una referencia para quienes desean estudiar el fenómeno extraterrestre desde una perspectiva que no se limite únicamente a la casuística ufológica, sino que trate también de relacionarla con cuestiones más amplias sobre el ser humano, la conciencia, la espiritualidad y el sentido de la existencia.
Gabriel ha recomendado especialmente consultar el amplio material de Pier Giorgio disponible también en nuestra lengua y seguir sus canales, donde se encuentran numerosas conferencias, investigaciones y documentos vinculados a estas temáticas.
Su mención ha servido además para reforzar una idea que se ha querido dejar clara antes de despedirse: no quedarse con una sola versión, tampoco con la ofrecida durante esta entrevista. Investigar, comparar fuentes, estudiar los documentos, escuchar diferentes perspectivas y construir finalmente un criterio propio.
Os dejamos a continuación una playlist con una selección de conferencias de Pier Giorgio Caria, tanto originales como dobladas, en las que profundiza en muchos de los temas abordados a lo largo de esta entrevista, aportando documentación, análisis y elementos de reflexión para quienes deseen ampliar la información y continuar investigando por su cuenta.
La auténtica sombra quizá no esté en los archivos
Después de casi ochenta años de documentos, testimonios, silencios, expedientes clasificados y revelaciones parciales, la conversación entre Juan Carlos Baruque y Gabriel Mouriño ha terminado hablando de mucho más que de ovnis.
NASA, Pentágono, FBI, CIA, NSA, ARO, militares, antiguos miembros de inteligencia, presidentes y grandes empresas privadas han ido dibujando un entramado en el que la información aparece fragmentada, sometida a filtros y repartida entre distintos niveles de poder.
La cuestión, por tanto, ya no consiste únicamente en preguntarse qué son los fenómenos que aparecen en nuestros cielos. La pregunta que ha quedado abierta es otra: quién posee la información, quién decide quién puede conocerla, qué parte se hace pública, cuándo se revela y qué intereses políticos, militares o económicos pueden acompañar ese proceso.
Porque desclasificar algunos documentos no significa necesariamente abrir todos los archivos. Y quizá ahí se encuentre la verdadera sombra a la que alude el título de esta entrevista: no solo en aquello que continúa oculto, sino en quién decide qué sale a la luz y qué permanece todavía en la oscuridad. Os invitamos a disfrutar de la entrevista completa
Daria gradella
7 de octubre del 2026
Del Cielo a la Tierra España







