LA SOMBRA QUE VIVE DENTRO DEL HOMBRE

01.09.2026

Por Alberto Moiso

El último pódcast me hizo reflexionar sobre hasta qué punto el ser humano de este planeta puede volverse violento cuando decide dar rienda suelta a los monstruos que lleva dentro, como dice Gaber.

Viven en cada ser humano, ocultos en el inconsciente, como un llamado ancestral.

Un llamado primordial, ligado a un antiguo instinto, a ese impulso oscuro que puede empujar al ser humano a cometer actos de una ferocidad inaudita.

Lo hemos visto a lo largo de la historia, incluso en los casos más extremos, como Hiroshima y Nagasaki: miles de almas arrasadas en un instante. Y, como si esto no fuera suficiente, el hombre continúa justificando su propia violencia en nombre de Alá o de Jesucristo, mientras envenena a la Madre Tierra y a todos sus habitantes, impulsado por el ansia de poder, control y conquista.

Y, como consecuencia, es el pueblo quien sufre las consecuencias.

En el mejor de los casos, terminamos llevando una existencia aparentemente sensata, dictada por el egoísmo, la indiferencia hacia la vida de los demás y la necesidad de guardar las apariencias.

En el peor de los casos, somos arrastrados hacia la violencia misma, que, casi por simbiosis, termina adhiriéndose a nuestra existencia.

Se crea así una relación perversa entre víctima y victimario: una dependencia energética en la que uno condiciona, manipula y absorbe al otro.

El amor y la manipulación suelen ir de la mano en estos tiempos.

Son nuestros instintos más oscuros, aquellos que vagan dentro de nosotros como un gen egoísta, siempre dispuestos a resurgir cuando dejamos de cuestionarnos y permitimos que sea el miedo el que nos guíe.

Sin embargo, en medio de todo este caos, estamos nosotros.

Aquellos que, de algún modo, hemos llegado a la verdad.

Una verdad que, una vez encontrada, inevitablemente nos transforma. Derriba la mente condicionada, pone en duda aquello que nos han enseñado y nos obliga a mirar en nuestro interior, enfrentándonos con nuestros propios demonios.

Pero ver la verdad no significa salvarnos solos.

Significa comprender que formamos parte de algo más grande y que, precisamente por eso, debemos apoyarnos los unos a los otros.

Porque quizás este sea precisamente el punto: reconocer lo que habita en nuestro interior, sin permitir que nuestros lados más oscuros decidan por nosotros. Aprender a no alimentar el miedo, el odio y la división, sino a elegir conscientemente aquello que nos une.

Y quizás el verdadero monstruo no sea únicamente el que vive dentro del hombre.

Es aquel que nace cuando dejamos de reconocerlo y le permitimos gobernar nuestras vidas.

Alberto Moiso – Arca Miriam Turín

10 de agosto de 2026

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