LA UNION

Por Oscar Morosini
NO NACIMOS PARA ESTAR SOLOS
Todo nos lo dice.
Nacemos de una unión. Nacemos unidos por un cordón.
El primer gesto que aprendemos no es caminar, sino aferrarnos a algo o a alguien.
Sin embargo, nos han enseñado a pasar la vida dividiéndonos.
Religiones, partidos políticos, color de piel. Mi grupo, tu gente. Yo tengo razón y tú estás equivocado. Mi dolor vale más que el tuyo. Mi familia. Mi casa.
Cristo no vino a crear una religión que nos dividiera.
Vino a recordarnos una Unión que ya existía: la unión de un único pueblo bajo un mismo techo, que es el cielo.
Entre otros, nos dejó tres enseñanzas que apuntan en esa dirección. Si las comprendemos, ya no podremos seguir sintiéndonos separados.
La primera:
«Ámense los unos a los otros COMO yo los he amado».
No dijo «sopórtense». No dijo «tolérense». Dijo: «Ámense COMO yo los he amado».
¿Y cómo nos amó Él?
Sin medida. Sin conveniencia. Hasta el final.
El amor crístico no es una emoción pasajera. Es una decisión radical: ver al otro como parte de ti.
La segunda:
«Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
No dijo donde haya un templo perfecto, ni donde haya un sacerdote perfecto, ni tampoco donde haya un hombre perfecto. Dijo donde haya dos o tres.
La unión de dos corazones sinceros ya es Iglesia. Ya es sagrada.
Dios no habita en los muros. Habita en el espacio que existe entre nosotros.
Cuando nos unimos de verdad, creamos la casa en la que Él puede entrar.
La tercera, la más difícil, es una oración. La última antes de ser arrestado.
Jesús sabe que está a punto de morir. Podría pedirle cualquier cosa a su Padre. Podría pedirle que lo salvara, que le diera fuerzas o que castigara a quienes están por matarlo.
Sin embargo, reza por nosotros. Y dice:
«Padre, que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti».
No rezó para que fuéramos ricos o acomodados, ni para que fuéramos felices.
Rezó para que fuéramos UNO.
Porque sabía que el mal más grande es la separación.
Cuando me siento separado, puedo juzgarte, puedo utilizarte, puedo hacerte daño.
La unión no significa que todos seamos iguales.
Un cuerpo es la unión de partes muy diferentes. El ojo no es la mano. Pero ¡ay si el ojo le dice a la mano: «No te necesito»!
Son completamente diferentes y ambas son imprescindibles.
Estar unidos no significa borrar nuestras diferencias. Significa comprender que nuestras diferencias sirven a un mismo cuerpo.
Hoy el mundo nos quiere divididos, porque un hombre dividido es fácil de controlar, fácil de asustar y fácil de vender.
Han reinado durante milenios mediante el divide et impera.
Y entre nosotros tenemos la fortuna de contar con un Hombre que siempre vuelve a recordárnoslo.
Continúa diciéndonos, como un mantra, que morirá repitiéndonos:
«¡PERMANEZCAN UNIDOS!»
Quizá haya llegado el momento de que todos demos un paso más.
Además de comprender estas enseñanzas, debemos hacerlas cada vez más vivas, poniéndolas en práctica para que puedan ser imitadas.
Yo en primer lugar, porque precisamente en estos días, al reflexionar sobre lo que acabo de leer, descubrí profundas carencias dentro de mí.
Los amo con todo mi corazón.
Vuestro Oscar
7 de septiembre de 2026
