MADRE SANTISIMA

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Por Letizia Bagnari
Sensualidad de una Mujer, Expresión de Vida, Fuerza Guerrera, Belleza Divina, Coraje Abrumador…
¡Eres tú, Santa Madre!
Te veo caminar entre la gente del mundo, tu paso es tan ligero y delicado que tus pies parecen no reposar en la tierra, posees un porte elegante y la belleza brilla en cada uno de tus movimientos.
Tu cabello largo es sacudido por el viento tormentoso, creciente.
Te giras y ves los árboles doblándose casi hasta tocar el suelo,
Ves el agua del océano siendo golpeada y formando olas impetuosas, ves la poderosa erupción de un volcán,Ves la arena del desierto elevándose en espirales y giras la cabeza hacia arriba, notando que nubes de fuego llenan el cielo.
Grandes y poderosas nubes negras han cubierto el sol, y la oscuridad se está haciendo más espesa.
Tu mirada ahora es decidida, recoges tu túnica que, movida por el viento, podría hacerte tropezar y con tus manos apartas tu espesa cabellera que cubre parcialmente tu rostro, giras a tu izquierda y allí están, tus pequeños…
Las lágrimas corren libremente por tus mejillas sonrosadas y sigues caminando impávida hacia el Sol cubierto de nubes, pero sabes que allí está el Padre, Él que es y ha sido siempre.
Y he aquí que de tu pecho irradia un rayo de luz celestial cegadora que todo lo impregna,
una vez más Tu Fuerza Creadora se manifiesta en medio de la tormenta y allí está, Vida que nace, parida por Ti.
Crece exuberante y refresca las almas de la Tierra.
Alza tu mano y detén el brazo de Adoniesis que está a punto de desatar Su Santa Ira, por tu amor Él consiente, pero sabes dentro de ti que no podrás detenerlo por siempre,
Su justicia debe suceder.
¡Así te imagino y pienso, Madre Mía!
Tú, joven mujer, concebiste y diste a luz al Hijo de Dios en medio de la humanidad. Arriesgaste tu vida para defender y salvar el Retoño Divino que anida en tu Sagrado Vientre.
Desafiaste los prejuicios de quienes te consideraban adúltera, y tu valentía guerrera no flaqueó ni un segundo. Amaste y criaste a Jesús como nos amas y nos crías a nosotros, tus hijos, con infinito amor y devoción.
Te veo, Madre, llorando a los pies de Cristo en la cruz. Siento tu desesperación en cada respiración, pero también irradias una fuerte consciencia al aceptar que todo esto tuvo que suceder para salvar a la humanidad y finalmente cumplir su voluntad.
Tú, Madre, que sigues dando a luz mil frutos de mil colores, gemas preciosas que colorean todo el Universo; pero entre ellos hay una piedra tosca aparentemente desprovista de Luz, la coges y la sostienes en tus manos mientras es golpeada por los Rayos Luminosos del Padre y así se sublima, se transforma y sí, ¡la veo!
Es un Rubí rojo ardiente que emana calor y su luz resuena en el Cosmos de la Creación Eterna, liberando una melodía que se funde con el Diapasón armónico susurrado por los Genios Solares Brillantes.
Somos esa piedra tosca e imperfecta que al dejarnos sublimar por el Todopoderoso, se convierte en una Gema Preciosa digna de Unirse a la maravillosa Luz de Cristo.
Madre, que yo sea fuerte como tú, dando amor a todas las gemas que creaste por la Voluntad del Padre.

Con devoción
Tuya
Letizia Bagnari
19 de agosto 2025