MARITA, ANGEL DE LA LUZ Y GIORGIO

21.05.2026

Por Marita Lezcano

Sé bien que en una tarde dorada de tu otoño, de trigos maduros, de olivos y de vid, partirás dulcemente, dejando en nuestro entorno la pertinaz llovizna de una nostalgia gris.
"Ah, Señor…" ¿cómo haremos sin el bálsamo tibio que nos consuela el alma al verlo sonreír?

Si nos lo diste entonces ¿cómo aprender de nuevo a vivir con la idea de no tenerlo aquí?
Tan sólo de saberlo, la pena nos agobia… y es una lucha heroica: "¡resistir!, ¡resistir!"

Te ha de tener en tanto, la soleada Sicilia;
¡tu añorada Sicilia te habrá de recibir!
Escuchará la Italia la luz de tus palabras,
la "Tierra de tus Padres"… ¿ha de quererte oir?

¡Maestro amado mío! ¡A Ti sea la Gloria que en la doliente historia nos ha vuelto a reunir!
Dad a nosotros siempre la luz de Tu memoria y a él el sacrosanto poder de redimir…

Y marcarán, no obstante, las llagas de tus plantas, el camino que el cielo ha de enviarte a abrir.
Cobijará otra sala las bellísimas almas que le darán a tu alma fuerzas para seguir.
Mientras, aquí el invierno proseguirá su marcha empeñado en cubrirnos de frío el corazón.

Y serán nuestros ruegos, como palomas blancas que en el vuelo se unan, en un mismo clamor.
¡Que el cielo te bendiga y preserve en nuestras almas la fervorosa llama que avive tu pasión!

Marita Lezcano
Noviembre 2006

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