NOCHE SANTA

Por Roberto Ghirelli
En esta noche santa, suspendida entre el silencio y la eternidad, siento el corazón aquietarse y hacer espacio para algo más grande.
Las sombras parecen más dulces, las estrellas más cercanas, como si el cielo quisiera susurrarnos esperanza.
Es la noche de la espera, de la fe que resiste incluso cuando todo parece estático, de la luz que nace lentamente, casi en secreto, dentro de cada fragilidad.
Y yo, en mi pequeñez, me detengo a custodiar este misterio, a recoger cada emoción, cada plegaria no dicha.
Que esta Pascua pueda verdaderamente atravesarnos en lo profundo, enseñarnos a renacer con dulzura, a perdonar con valentía, a amar sin medida.
Y mientras todo calla, dentro de nosotros algo ya resucita.
La llama Crística de cada uno de nosotros arde desde nuestra encarnación aquí en la Tierra, tal vez dormida, pero lista para recibir un soplo que pueda hacerla explotar e iluminar a quien se acerca a nosotros.
Hoy, como escribió el gran Lucio Dalla, es la noche de los milagros… del más grande de todos.
Es una noche suspendida, llena de espera y esperanza, en la que el corazón se vuelve silencio y mira más allá.
Y mañana, al alba, una piedra removida, un sepulcro vacío, un sudario dejado allí… y un ángel anunciador contarán al mundo la maravilla más grande: la victoria de la vida sobre la muerte, la luz que renace para todos nosotros.
Es la historia eterna de la grandeza del Hijo del Hombre, y de ese amor infinito que, en nuestra pequeñez, buscamos servir cada día con todo lo que somos.
Feliz Pascua para todos ustedes
Roberto Ghirelli
4 de abril de 2026
