¿POR QUE DIOS NO SE MANIFIESTA A CADA UNO DE NOSOTROS?

Por Marco Scherian
Si Dios se mostrara de forma manifiesta, le daría al ser humano una fuerza extraordinaria para cambiar y orientarse hacia el bien. Sin embargo, una prueba tan contundente podría generar una adhesión motivada más por la evidencia que por una verdadera maduración interior. El espíritu terminaría adaptándose a una realidad impuesta por la certeza, sin recorrer ese camino de crecimiento que nace de la libertad de elegir.
Es precisamente en creer sin ver, en perseverar sin tener todas las respuestas, donde el alma se forma. El camino de la fe requiere voluntad, confianza y valentía. A través de las dificultades, el dolor y las experiencias de la vida, el Espíritu aprende, se fortalece y evoluciona. Las señales que Dios concede no sirven para sustituir la Fe, sino para sostenerla. Son como pequeñas luces a lo largo del camino, que indican la dirección sin eliminar la necesidad de seguir caminando.
Es como un niño que está aprendiendo a caminar. La madre lo anima, lo sostiene cuando cae y lo ayuda a levantarse. Pero no puede caminar en su lugar. Después de darle la mano, lo deja intentarlo nuevamente por sí mismo, porque solo así podrá desarrollar equilibrio, fuerza y seguridad.
Del mismo modo, Dios señala el camino, ofrece apoyo en los momentos difíciles y concede signos de Su presencia, pero deja al ser humano la libertad y la responsabilidad de dar sus propios pasos. Quizás el silencio de Dios no sea ausencia, sino la manera en que Él permite que el alma crezca verdaderamente y evolucione.
Marco Scherian
9 de junio de 2026
