
REENCONTRARSE
Por Roberto
En el viaje espiritual que compartimos, nuestros guías como Giorgio Bongiovanni, Pier Giorgio Caria, Marco Marsili, Flavio Ciucani y todos nuestros maestros siempre nos animan a estar lo más presentes posible en los eventos y actividades de nuestro grupo.

Es precisamente gracias a esta presencia y participación que la unidad del grupo y el trabajo común, a través de las obras que creamos, consiguen realmente unificar nuestro espíritu.
Estar juntos, participar activamente, no solo fortalece nuestra fe, sino que también concreta los valores que compartimos. De esta manera, la unidad se convierte en la fuerza que nos guía, y nuestro espíritu se enriquece precisamente participando y compartiendo con los demás.
En un mundo cada vez más frenético, donde las tareas cotidianas y el materialismo nos abruman, es muy fácil perder de vista la dimensión espiritual. Sin embargo, aunque la llama de la fe nunca se apaga del todo, puede atenuarse cuando nos distanciamos de la comunidad y del calor de nuestro grupo fraterno.
Precisamente por eso, es fundamental enfatizar la vital importancia de reunirse en persona, cultivar encuentros y cercanía con el grupo de confraternidad y los maestros espirituales. Es en estos momentos de compartir que se renueva la llama interior, mantenida viva por el amor mutuo.
Personalmente yo, Roberto, experimenté exactamente esto durante esta temporada navideña.
Después de un tiempo en el que no pude estar tan presente como hubiera deseado, esta Navidad redescubrí la belleza de reencontrarme con mi comunidad, con mis hermanos y hermanas, y con mis maestros. Fue como redescubrir la calidez que mantiene viva la luz de la fe y la hermandad, recordándome lo importante que es permanecer unidos. De esta manera, incluso cuando la vida nos aleja, el vínculo con nuestra comunidad siempre nos trae de vuelta a casa, manteniendo viva la luz del espíritu.
Nunca debes subestimar este aspecto, pensando que habrá una próxima vez, porque puede ser una tentación y poco a poco te vayas viendo poco involucrado...
Jesús nos dice que nunca quitemos las manos del arado, que estemos siempre vigilantes porque Él podría volver en este momento, como ladrón en la noche.
