Soy un ser infinito y un testigo de la Verdad

25.10.2026

Mi camino entre la espiritualidad, el autoconocimiento, la historia familiar y el compromiso humanitario.

Recientemente fui invitado por los jóvenes de Arca del Sole TV, con quienes compartí una extensa conversación sobre mi camino espiritual, la historia de mi familia, las enseñanzas que han acompañado mi vida y el compromiso humanitario que llevo adelante a través de FUNIMA International.

Fue una oportunidad para recorrer algunas experiencias que han marcado profundamente mi existencia y para reflexionar sobre lo que considero el significado más auténtico de la espiritualidad: conocerse a uno mismo, buscar la Verdad y transformar ese conocimiento en acciones concretas al servicio de los demás.

Quién soy: un ser infinito en busca de sí mismo

Una de las preguntas más difíciles de responder es quizás también la más sencilla: ¿quiénes somos realmente?

Creo que un ser humano nunca debería ser definido, porque definirse significa inevitablemente limitarse. Me percibo como un ser infinito, una entidad divina que, a través de la experiencia terrenal, experimenta límites para alcanzar progresivamente la plena conciencia de lo que es.

Uno de los principios que guían mi vida es que Todo es Uno. Sin embargo, a pesar de esta conciencia, reconozco que a menudo me siento separado del Todo. Por eso, cada mañana retomo mi trabajo interior, a través de la meditación, la oración y una disciplina cotidiana hecha de ritmos regulares, alimentación, relaciones y decisiones de vida que me ayudan a recuperar esa conexión.

Es el concepto del retorno al Uno. Somos como gotas de conciencia que se separan del océano divino para experimentar la dualidad y comprender, a través de la experiencia, que siempre han formado parte de esa unidad.

El «Yo soy» es el nombre con el que Dios se revela a Moisés, pero también representa nuestra esencia más profunda cuando comenzamos a percibirnos como conciencias dotadas de libre albedrío. Desde esta perspectiva, incluso los errores se convierten en experiencias necesarias para nuestra evolución.

No me considero un maestro. Me gusta compartir lo que he aprendido y comprendido a través de mi camino, como lo haría un hermano mayor o un amigo, sin ninguna pretensión de poseer la Verdad absoluta.

Creo que compartir es una de las herramientas más importantes para dar valor a lo que desarrollamos en nuestro interior. Quien lo guarda todo para sí es como un árbol estéril, incapaz de dar fruto.

Mi camino de meditación nació de una experiencia traumática y, gracias a la constancia en la práctica, se ha convertido en parte integral de mi vida.

Del mismo modo, mis viajes y las experiencias vividas sobre el terreno, desde Brasil hasta las comunidades indígenas de América Latina, representan para mí una manera de compartir valores universales como el amor, la justicia, la paz y la fraternidad a través de la experiencia directa.

Precisamente a Brasil estoy dedicando también la escritura de un libro, en el que deseo recoger una parte significativa de este recorrido humano y espiritual.

Testigo de la Verdad, entre espiritualidad y política

Me siento un testigo de la Verdad. Crecí dentro de una visión del cristianismo esotérico en la que Cristo representa la Verdad misma, como afirma en el Evangelio: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Seguir su enseñanza significa emprender un camino hacia esa Verdad, que debe encarnarse progresivamente a través de la disciplina, el esfuerzo interior y las acciones cotidianas.

La espiritualidad, tal como la vivo, debe manifestarse concretamente en nuestras decisiones, también en las políticas. Naturalmente, no hablo de política partidaria, sino de esa dimensión del actuar humano que tiene que ver con la justicia, la defensa de los derechos fundamentales, la dignidad de las personas y el servicio al prójimo.

Por eso también me considero un activista. Creo que la Verdad debe ser experimentada. Mi invitación es siempre poner a prueba las enseñanzas que recibimos: intentemos cambiarnos a nosotros mismos, transformar nuestros hábitos, vivir según principios diferentes y observar lo que sucede.

El camino iniciático es un recorrido de conocimiento y transformación que se vive junto a una comunidad de hermanos. Este camino se desarrolla a través de dos dimensiones fundamentales: la vida contemplativa y la vida activista.

La primera comprende la oración, la meditación, el estudio y la profundización en las ciencias del espíritu, a través de principios como el karma, la reencarnación, la ley de atracción y la de causa y efecto.

La segunda tiene que ver con la capacidad de traducir ese conocimiento en acciones concretas, poniéndose al servicio de los demás y de la sociedad.

Reconozco el valor de los grandes maestros y de las distintas tradiciones espirituales, desde Buda hasta las disciplinas del yoga y del zen. Sin embargo, en la tradición espiritual en la que crecí, Cristo representa al Maestro de maestros.

También la relación entre fe y ciencia es importante en este camino. Pienso en la contribución de Max Planck al nacimiento de la física cuántica y en el papel de la confianza y la intuición en la búsqueda del conocimiento.

Hoy, además, las neurociencias están documentando numerosos beneficios de la meditación, una práctica que durante siglos se ha preservado principalmente dentro de tradiciones y escuelas espirituales y que hoy es cada vez más accesible.

Mi invitación es comenzar a hacerse preguntas, desarrollar una búsqueda personal y no conformarse con las respuestas que la sociedad sigue proponiendo, demasiado a menudo basadas en las lógicas de la violencia y la confrontación.

Las Arcas, Eugenio Siracusa y los ángeles de ayer

Las Arcas son comunidades espirituales presentes en distintas regiones de Italia, en las que nos reunimos para profundizar en el conocimiento de las ciencias del espíritu, vivir la fraternidad y promover actividades concretas en el territorio.

Su origen está vinculado a la experiencia de Eugenio Siracusa, contactado siciliano, maestro espiritual de mi padre Giorgio y fundador del Centro de Estudios Fraternidad Cósmica.

Dentro de esta tradición espiritual, los ángeles de los que hablan las Escrituras se interpretan como los extraterrestres de hoy: seres evolucionados, portadores de un conocimiento superior, que habrían acompañado a la humanidad a lo largo de su historia, interviniendo también en su origen biológico.

Es una visión que distingue a estas entidades de los extraterrestres comúnmente representados en el cine o descritos en algunos documentos y testimonios contemporáneos. En particular, según esta interpretación, figuras como los llamados «grises» serían robots biológicos, en lugar de seres vivos autónomos.

Un papel importante dentro de esta tradición es el de los contactados, quienes, según nuestra visión, reciben mensajes de advertencia dirigidos a la humanidad, especialmente en relación con los peligros de las guerras, las armas nucleares, la droga y las degeneraciones del poder.

Una misión que, a lo largo del tiempo, también ha expuesto a estas figuras a campañas de desprestigio y difamación.

Crecer junto a un padre estigmatizado

La historia de mi padre, Giorgio Bongiovanni, es inseparable de mi experiencia de vida y de mi camino espiritual. Tenía unos cuatro años cuando, en Fátima, mi padre, que entonces tenía veintiséis años, vivió la experiencia que cambiaría su vida para siempre.

Se encontraba en el lugar de las apariciones marianas, adonde había acudido con la expectativa de filmar una nave espacial. Frente a la encina de los tres pastorcitos entró en éxtasis y recibió los primeros estigmas en las manos, seguidos posteriormente por los de los pies, el costado y la frente.

Mi infancia fue, como suelo definirla, maravillosa y traumática al mismo tiempo. Recibí mucho amor, pero también crecí en estrecho contacto con el sufrimiento. Nuestra casa era visitada continuamente por personas que buscaban respuestas.

Desde niño comencé a comprender cómo aquel sufrimiento también podía vivirse como un acto de amor y como parte de una obra dedicada al despertar de las conciencias.

A lo largo de los años, la experiencia de los estigmas de mi padre ha sido documentada a través de fotografías, videos, certificados médicos y observaciones de estudiosos.

Su compromiso contra las mafias y los sistemas de poder forma parte integral de lo que considero su misión espiritual: denunciar las injusticias y desenmascarar aquello que, desde nuestra visión, representa el rostro del Anticristo.

El compromiso humanitario con FUNIMA International

Mi camino espiritual también está estrechamente vinculado al compromiso humanitario que llevo adelante a través de FUNIMA International, la organización de la que soy presidente. Desde hace unos veinte años trabajamos en apoyo de las poblaciones más vulnerables, desarrollando proyectos, además de en Italia, en Argentina, Brasil y distintas zonas de América Latina.

A lo largo de los años hemos acompañado a niños, familias y comunidades indígenas, entre ellas los pueblos guaraní, wichí, chorote y otros pueblos ancestrales, buscando mejorar concretamente sus condiciones de vida.

Hoy nuestro compromiso también se extiende a Palestina, donde estamos presentes en Gaza para apoyar a familias y jóvenes afectados por la guerra.

Las comunidades indígenas representan para mí un referente espiritual importante. Muchos de estos pueblos preservan una visión de la existencia basada en la conexión entre el ser humano, la naturaleza y el Todo.

Una concepción que encontramos en la Pachamama, la Madre Tierra, en la que reconozco un principio de unidad que, desde mi interpretación espiritual, también evoca la acción del Espíritu Santo.

Estos pueblos representan, además, una forma de resistencia cultural frente a un modelo occidental cada vez más orientado al dominio, al consumo y a la separación. Un modelo que, bajo la dirección de las grandes élites económicas y políticas, está contribuyendo a alimentar tensiones internacionales cada vez más peligrosas, hasta llegar al riesgo de una tercera guerra mundial.

Mi mensaje a los jóvenes

Mi invitación, especialmente a los jóvenes, es sencilla: acérquense.

Creo que la realización del ser humano pasa por el conocimiento de sí mismo y el descubrimiento progresivo de su naturaleza más profunda. Pero este conocimiento requiere una experiencia vivida. Escuchar un pódcast, ver un reel o leer un libro puede representar el inicio de un camino.

El paso fundamental se produce cuando decidimos poner en práctica lo que hemos aprendido. Por eso invito a todo aquel que sienta el deseo de emprender una búsqueda espiritual a levantarse de la silla, escribirnos, encontrarnos, conocer nuestras comunidades y compartir concretamente este camino.

Porque el conocimiento espiritual encuentra su expresión más profunda cuando se convierte en experiencia, transformación interior y servicio a la vida.

Estos son algunos de los temas que tuve la oportunidad de profundizar durante la conversación con los jóvenes de Arca del Sole TV. Invito a quienes deseen conocer mejor mi camino, las experiencias de mi familia y la visión espiritual que anima nuestro compromiso a ver la entrevista completa.

Giovanni Bongiovanni

14 de octubre de 2026

Los invitamos a ver la entrevista completa

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