CRISTO NO ES UN DOGMA, CRISTO ES CÓSMICO

04.04.2026

Estamos viviendo el final de los tiempos ya que la forma en que se manifiesta la realidad muestra que el camino elegido por esta humanidad ofrece muy poco margen para seguir desarrollándose. Cada uno mire los acontecimientos del planeta como quiera, pero como nuestra impronta tiene un carácter cristiano lo miramos a través de las palabras, las enseñanzas y el mandato que Él nos dejó. 















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Por Juan Alberto Rambaldo

Lo que nosotros estamos viendo desde un ángulo vinculado con la fe otros pueden estar viéndolo desde el ángulo vinculado con la emoción y el sentido de justicia, pero todos vamos a coincidir de que todos tenemos parámetros muy similares, la necesidad de la libertad, la necesidad de los vínculos fraternos -fraternidad en su más profunda expresión- y la necesidad de la justicia. El vínculo del amor opera en la medida de que exista la justicia.

Al igual que una mesa de cuatro patas —libertad, armonía, amor y justicia—, si se quita cualquiera de ellas no es posible alcanzar el equilibrio. Por eso, todas las personas que sienten esta impronta, ya sean ateas, agnósticas, religiosas o como prefieran llamarse, son hermanos en el sentido más profundo de la hermandad: ser uno parte del otro. Y eso incluye también a la naturaleza, porque se es uno con ella, algo que la humanidad ha olvidado. Nosotros nacemos y nos desarrollamos a partir de formaciones evolutivas de los orígenes de la naturaleza por consiguiente, no podemos desconocer nuestra esencia vinculada a ella. Del mismo modo, para los cristianos resulta imposible desconocer que la naturaleza es la manifestación consciente de la inteligencia omnicreante, y que esta inteligencia, de alguna manera, está presente en todo. En creyentes y no creyentes, en personas religiosas y en ateas, esa inteligencia forma parte de cada uno y nos hermana a todos. 

Resulta fundamental comprender quién era ese Jesús del que todos hablan: el Cristo, es la manifestación humana de la inteligencia omnicreante.   

Cuando se dice Padre, Hijo y Espíritu Santo, se alude a una manifestación terciaria, pero en realidad el orden es inverso: la inteligencia omnicreante —el Espíritu Santo, como la denomina la religiosidad— es lo increado, el generador, el creador de las cosas existentes y no existentes, de las presentes, las pasadas y las futuras. Esta inteligencia ha transmitido a las distintas formaciones cósmicas su capacidad de generar dentro de la limitación de su propio ámbito de acción; así, al sol central de la galaxia le confiere la facultad generatriz correspondiente a ese nivel de desarrollo evolutivo.

A nuestro sol le transmitió esa capacidad según su nivel de desarrollo evolutivo, vinculado con la estructura planetaria. A nosotros y a toda la naturaleza nos ha otorgado la capacidad generativa que permite tener hijos, pero todo proviene de aquella capacidad generativa de la inteligencia omnicreante, que se derrama sobre todos los distintos grados de evolución.

Era necesario aclarar todo lo anterior para poder comprender quién era Cristo. Él podía hacer lo que parece imposible porque tenía la potestad para hacerlo. ¿Quién más podría resucitar a los muertos, obrar milagros o resucitarse a sí mismo? 

La Ultima Cena

Jesús les da un mandato a los apóstoles y les dice dándoles el pan[1]: Este es Mi cuerpo y seguidamente les ofrece una copa de vino[2] diciéndoles: Esta es Mi sangre, bébanla.

Cuando Jesús les dice que coman Su cuerpo y beban Su sangre, ante Su propia manifestación provoca una mutación energética que le produjo a los apóstoles una introducción iniciática desde el punto de vista filosófico, -podríamos decir- y desde el punto de vista energético, una modificación estructural. Luego agrega: Háganlo en Mi nombre cada vez que se encuentren, queriendo decir que ellos tenían dentro de sí esa porción crística que Él les había transmitido y que a su vez ellos también podían transmitir.

Esto es necesario entenderlo para que no se tome como una especie de rito carente de contenido ya que también en esa ultima cena, Jesús, produce la "aceptación de Juan El Bautista" -que había sido asesinado- para que estuviera presente siendo el apóstol Juan quien le facilita su cuerpo tomando forma y sustancia en el Cáliz que contenía la Sangre de Cristo. La presencia viva de Juan El Bautista, el anunciador de la Venido de Cristo fue transmitida de generación en generación en las distintas etapas del desarrollo de la transmisión de la religiosidad y que hoy, están manifestadas en las heridas sangrantes de lo que nosotros llamamos El Cáliz Viviente de la Comunión Crística que es Giorgio Bongiovanni.

Él sabía que iba a ser traicionado, por esta razón cuando Judas se le acerca le dice: has pronto lo que tengas que hacer. Judas, debía denunciarlo ante el sanedrín no porque no lo quisiera a Jesús, sino, porque pese a que era el más inteligente no reconocía cuál era el objetivo de Cristo. Luego de la crucifixión, Judas vuelve a cometer el segundo error ya que no se produce en él, el arrepentimiento y el pedido de perdón, sino que opta por la destrucción suicidándose.

Cuando Pedro le manifiesta a Jesús que él nunca lo abandonaría, Jesús le dice que él lo negaría tres veces. Es evidente que a Pedro su parte humana y el temor de perder la vida y a experimentar el dolor, hicieron que lo negara traicionándolo en el sentido de no estar a la altura, pero a diferencia de Judas, Pedro se arrepiente de corazón siendo ese sentimiento el más valioso, para poder continuar en la construcción de esa formación espiritual.


Cristo Opta Por El Sufrimiento

En Getsemaní, Jesús se hizo acompañar por tres de sus apóstoles, quienes, en lugar de permanecer en vigilia, se quedaron dormidos, mientras su Maestro vivía momentos de profunda angustia, preguntándole al Padre si, como hombre, estaba preparado para soportar ese sufrimiento. De este modo, validaba ante la humanidad que la entrega al Padre y a los hermanos es capaz de ayudarnos a soportar cualquier prueba y que, por amor, es posible transformar el karma de la humanidad.   

La realidad, era que la voluntad del Padre no podía ser distinta a Su voluntad porque Él era Cristo y Su opinión era superior a la del Padre, porque Cristo era la manifestación del Espíritu Santo y el Padre es una proyección Suya.

Yo soy el camino, la verdad y la vida. Él ha querido mostrarnos que todo sufrimiento es posible de sobrellevar cuando el objetivo es manifestar la ley del amor. Él soporta todo lo que sufrió para, a partir de esa ley, vencer al demonio.  


La Crucifixión 

Asumiendo personalmente esta afirmación, la cruz se entiende como una manifestación de fin y de principio, tal como se observa en una nova que explota en el universo: ese estallido marca el final de esa formación solar, pero al mismo tiempo representa el inicio de un nuevo universo. Con la crucifixión de Jesús pasa lo mismo, marcando el final de un período y el nacimiento de otro principio que es el del amor, muriendo allí los principios de la Ley del Talión en el proceso evolutivo para nacer un nuevo principio que es la Ley del amor. Cristo nos demuestra que a partir del sufrimiento puede hacerse cargo del karma de la humanidad.

Hay quienes dicen que Él vino a hacer justicia, pero no fue así; si lo hubiera hecho, de nosotros no habría quedado memoria.

Dentro de la escena dramática de la crucifixión de Jesús, no puede pasarse por alto la presencia de los hermanos del cosmos, que presenciaban el feroz ultraje infligido a su comandante, su guía, su rey. Hubieran querido defenderlo, pero debieron mantenerse obedientes, pues se les prohibió interferir en el programa que Cristo había diseñado para dar ejemplo a la humanidad y, posteriormente, ofrecerle un nuevo período de esperanza y la posibilidad de redención.  


La Plaza

Cuando Jesús entra en Jerusalén y todos le gritan "¡Hosanna!", es como consecuencia de los milagros que Él había realizado antes de llegar a la ciudad.

Me gustaría recordar que el poder actúa sobre quienes domina, manipulando las decisiones del pueblo. En el caso concreto de Barrabás, se trataba de un líder revolucionario que se oponía al Imperio romano, mientras que Jesús representaba la expresión de una vida nueva, otro tipo de revolucionario, pero en un nivel que evidentemente no lograban comprender. A pesar de que proclamaba la necesidad de la paz y la no violencia, sus actos milagrosos eran también una manifestación de la lucha por la libertad.

Un hombre-Dios que fue capaz de tomar un látigo en su mano para expulsar a los mercaderes del templo; y esto no es una interpretación, es literal, porque dejó a varios heridos al hacerlo. En una ocasión, Giorgio contó que, si se lo hubiéramos visto en ese momento, cualquiera habría muerto de miedo al contemplar a ese hombre expulsándolos con violencia, demostrando que, donde Él estaba presente, no se profanaba la casa de Su Padre.

Es decir, que las personas incentivadas por los miembros del Sanedrín —la expresión del capital financiero internacional de hoy en día—, y que compraron voluntades a mansalva, también se identificaron con Barrabás, que era un revolucionario. Tampoco se le pidió a la gente que eligiera entre Cristo o Barrabás, todo fue una trampa.

Lo importante es que Jesús resucitó. La manifestación de poder que implica la regeneración y la capacidad de auto-resucitarse es inmensa. No se trata simplemente de que Jesús resucitara a un muerto, sino de que Él mismo se auto-resucitó. Mientras esto sucedía, nuestros hermanos extraterrestres custodiaban el Santo Sepulcro y, mientras Él visitaba Agartha para redimir a quienes se encontraban en el infierno, tal como se lo conoce, nuestros hermanos del cosmos regeneraban el cuerpo de Jesús que estaba muy flagelado, para que Él pudiera volver a presentarse ante sus discípulos y ellos pudieran verlo partir. Cuando Él se encuentra con los apóstoles, ellos quedan impactados por su presencia sin comprender cómo podía cumplirse la palabra que Él mismo les había anunciado.  


[1] El trigo es el grano que mayor capacidad de captación solar posee

[2] La vid es el fruto que mayor capacidad de captación solar posee

Me despido de todos ustedes deseándoles unas felices Pascuas, recordando que esta fecha es importante vivirla como un tiempo de lucha por la justicia. No es un momento para reunirnos solo por recreación, con un asado de por medio, sino una oportunidad para incorporar sentimientos que despierten el anhelo de justicia y el espíritu de denuncia, para poder seguir adelante en la resistencia.  

Corrección y edición de contenidos web: Silvana Lazzarín 

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