EL MIEDO COMO HERRAMIENTA POLÍTICA
El juez, Rodrigo Morabito, del Tribunal Juvenil de Catamarca, le escribió al presidente de la nación, Javier Milei, una carta pública que hablaba sobre la necesidad de pensar este proyecto de ley que envió Milei al Congreso de la Nación de bajar la edad de imputabilidad a los 13 años, junto con los otros proyectos de lo que llaman reforma laboral, modificación de la Ley de Glaciares.

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Por Carlos del Frade
Estas dos últimas, son en definitiva la eliminación de derechos laborales y concentración de riquezas de las grandes empresas patronales y la Ley de Glaciares modificada, es la extranjerización de riquezas para la extracción irracional de los bienes comunes.
La ley de bajar de edad para meter presos a adolescentes en las cárceles argentinas tiene más que ver con el control social que con la seguridad, porque solamente el 0,5% de los homicidios son producidos por chicas y chicos menores de 16 años.
Como decíamos, este juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil le decía al presidente Javier Milei, lo siguiente:
Economista Javier Milei
Me dirijo a usted desde el ejercicio concreto de una función que rara vez ocupa el centro de debate público pero que carga con una de las responsabilidades más complejas del Estado, administrar justicia en el fuero penal juvenil.
Todos los días veo rostros que no aparecen en las estadísticas ni en los discursos, rostros de adolescentes cansados, rotos, sin esperanza. Chicas y chicos que llegan tarde a la justicia después de haber sido violentados en sus hogares, expulsados de la escuela, abandonados en las calles, consumidos por las drogas y muchas veces, utilizados por adultos inescrupulosos para delinquir.
No le escribo para justificar delitos, tampoco le escribo para negar el dolor inmenso de las víctimas ni el sufrimiento irreparable de las familias. Ese dolor merece respeto, escucha y respuestas serias del Estado. Pero sí le escribo para decirle algo que veo todos los días cuando el Estado llega por primera vez a la vida de estos adolescentes, casi siempre lo hace a través del castigo y llega tarde.
En los tribunales no vemos enemigos, vemos historias de abandono acumulado, vemos una cadena de violencias que comenzó mucho antes del hecho delictivo y vemos, con enorme preocupación, como frente a este fracaso previo, la única propuesta que se propone es más pena, más encierro, más dolor.
Señor presidente, el derecho penal no repara lo que el Estado no supo cuidar a tiempo. La cárcel no devuelve lo que la infancia perdió. El castigo no sustituye a la presencia estatal que faltó cuando aún había margen para prevenir.
Trabajar en este fuero implica tomar decisiones difíciles, humanas, incómodas, implica escuchar a víctimas pero también mirar a los ojos a adolescentes que nunca tuvieron una oportunidad real. Implica entender que proteger a la sociedad no es sólo sancionar sino, evitar que el daño ocurra.
Bajar la edad de impunidad puede dar una sensación inmediata de respuesta pero no construye futuro, no reduce la violencia, no honra a las víctimas, sólo amplía un sistema penal que llega siempre tarde y que ya ha demostrado su ineficacia.
Cuidar a nuestros niños, niñas y adolescentes no es ingenuidad, es responsabilidad institucional, es la única política seria de seguridad a largo plazo de una nación democrática, es intervenir antes, acompañar antes, sostener antes, es estar presente cuando todavía hay algo para salvar.
Le escribo con la convicción de quien ve las consecuencias todos los días, le escribo, no desde la comodidad de un despacho, sino, desde la experiencia concreta de administrar justicia en el contexto de dolor.
La respuesta no está en castigar más temprano, la respuesta está en no abandonar tan temprano.
Ojalá esta carta sirva para reflexionar porque cada adolescente que llega a un tribunal, es antes que nada, una pregunta que el Estado no supo responder a tiempo.
Rodrigo Morabito
Juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil de Catamarca
Esta es la carta abierta al presidente Milei en medio de un debate, que tiene más que ver con la venganza que con la justicia. Con el miedo como herramienta política y por sobre todas las cosas, con el gran cinismo de saber, que solamente metiendo presos a chicas y chicos menores de 16 años lo único que se puede evitar es el 0,5% de los homicidios.

