LAS DOS GEOGRAFÍAS DE LA TRAGEDIA
La deuda externa ha sido una forma de destrucción de los pueblos de América del Sur, especialmente en la Argentina, desde 1822 en adelante, cuando fue contraída nada más y nada menos que por Bernardino Rivadavia, aquel primer empréstito con la Baring Brothers por 1 millón de libras esterlinas, de las cuales solo llegaron 300 mil y que terminó de pagarse en 1904, ochenta años después, por casi 3 millones de libras esterlinas.

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Por Carlos del Frade
Eso comenzaba el ciclo de la deuda externa, en donde supuestamente el dinero que ingresaba al Tesoro Nacional iba a servir para generar obras, desarrollo y beneficios para el pueblo. Esa historia se hizo peor a traves del terrorismo de Estado y creció de una manera fenomenal con el menemismo y con el macrismo, y por supuesto también con los últimos gobiernos incluido el que lleva adelante Javier Milei.
La deuda externa fue un mecanismo mediante el cual las riquezas argentinas se fugaron al extranjero y se convirtieron, además, en el privilegio de unos pocos grupos que concentran la riqueza en muy pocas manos dentro del país.
Concentración y extranjerización de riquezas. Endeudamiento que hace que el Estado recorte servicios a las grandes mayorías, las clases medias y los sectores populares.
Eso hoy se ve reflejado como nunca en la historia argentina de los últimos 50 años y en la vida cotidiana del pueblo, donde se habla permanentemente del endeudamiento en los distintos sectores políticos, en el gobierno nacional y también en los grandes medios de comunicación.
El día domingo 20 de septiembre, el diario La Nación hizo tapa nada menos con este titular:
"CASI EL 40% DE LOS MENORES DE 24 AÑOS QUE TOMARON PRÉSTAMOS ESTÁN EN MORA".
Según un estudio de la consultora Eco Go, el segmento joven es el más afectado por los préstamos impagos. En su mayoría es por montos bajos y con entidades no bancarias.
La información sostiene que el incremento de la mora en los últimos meses, tiene a los jóvenes como el segmento más afectado según un estudio de la mencionada consultora Eco Go sobre la base de datos de la central de deudores del Banco Central de la República Argentina, el 38,8% de los menores de 24 años que tomaron créditos están en situación de mora. La mayoría de esos préstamos fueron tramitados a través de entidades no bancarias y fueron por montos bajos.
El saldo de situación irregular de los jóvenes es de 550 mil millones de pesos y representa solamente el 3,1% de toda la deuda en mora. En el balance global, más de un tercio de las personas con deuda y en situaciones irregulares en el país tienen menos de 34 años, esto representa 2 millones de personas ciudadanas en la Argentina.
Este índice que se conoce a nivel nacional también se estableció en la zona del Gran Rosario, y aquí viene imprescindiblemente una reflexión sobre lo que hoy está pasando en forma simultánea en Rosario. Dos situaciones que parecen marcar lo que se llamaría en el cine: Una tormenta perfecta.
Rosario: Capital Nacional de la Desocupación
83 mil personas desocupadas.
99 mil personas están ocupadas pero son demandantes de otro empleo porque no le pueden empatar a las necesidades del fin de mes.
71 mil personas están subocupadas.
Esto significa que hay 253 mil personas con problemas laborales en la ciudad de Rosario y que el índice de la desocupación es el más alto de la Argentina, por eso el Gran Rosario se ha convertido una vez más, como lo fue en la década del 90, en la capital nacional de la desocupación.
Y aquí aparece entonces este fenómeno que se superpone, que es simultáneo, que ocurre al mismo tiempo y en la misma geografía. Porque lo que fuera el segundo cordón industrial más importante de América Latina, como Rosario, hoy convertida en capital nacional de la desocupación, se ha convertido al mismo tiempo en una gran geografía del lavado de dinero, seguramente de origen ilegal que encuentra en Rosario una fuerza de crecimiento enorme.
Cada vez se acumulan más deudas en la capital nacional de la desocupación porque crece el lavado de dinero, se reduce la economía real, disminuye el trabajo y cae la producción, mientras el lavado de dinero no deja de aumentar.
Una señal clara
Las pibas y los pibes, como siempre y como hace 50 años, siguen siendo los más castigados. Y una geografía que, al dejar de ser industrial, no solo se transforma en la capital nacional de la desocupación, sino también en una de las principales geografías de lavado de dinero.
Colaboración: Cecilia Trelini
Correcciones y edición de contenidos web: Silvana Lazzarín
