¡VIVA LA REVOLUCIÓN!

15.08.2026

El lunes 17 de agosto se cumplirá un nuevo aniversario —176 años— de la muerte en el exilio del supuestamente "Padre de la Patria", José Francisco de San Martín. Habría que empezar a pensar por qué se lo llamó Padre de la Patria a un hombre que fue exiliado y que murió muy lejos del país, el 17 de agosto de 1850, y cuyo cuerpo recién fue repatriado 30 años después en 1880. De este modo, por más que la historia oficial dijera que San Martín era el Padre de la Patria, queda en evidencia que sus hijos e hijas no lo querían demasiado.   








































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Por Carlos del Frade

Posiblemente la explicación tenga que ver con lo que hay detrás de tanto bronce, de tantos nombres de avenidas, de tantos nombres de pueblos, de tantos nombres de equipos de fútbol. San Martín es probablemente el más famoso de todos, pero quizás el más desconocido en su labor política.

Cuando San Martín se fue siendo un chico a España, comenzó a abrazar las ideas políticas liberales que luchaban contra la monarquía de España. Al iniciar su regreso a lo que luego serían las Provincias Unidas del Río de la Plata, San Martín vuelve con la convicción de continuar la lucha contra la corona española en tierras americanas. No fue como sostiene el viejo mito de la historia oficial, que "sintió el llamado de la patria", sino que mantuvo sus convicciones y su posición política de combatir el feudalismo y la monarquía española en América.

Cuando llega aquí, era integrante de la Logia Lautaro que no solo funcionaba como una estructura masónica, sino sobre todo, como una organización política clandestina. Se encuentra con un Primer Triunvirato constituído por Paso, Sarratea y Chiclana que tenía como secretario a Bernardino Rivadavia, quien luego se convertiría en el primer presidente de la historia oficial argentina, una figura realmente nefasta, siempre alineado con los intereses ingleses.

San Martín hace su primera jugada política el 8 de octubre de 1812, cuando ordena a los granaderos a caballo salir a la calle para exigir la renuncia de Rivadavia. Más tarde tendría su bautismo de fuego —como dice la historia oficial— el 3 de febrero de 1813, en el Combate de San Lorenzo que según las crónicas duró apenas 14 minutos y dejó 40 muertos. Por las barrancas del Paraná corrieron numerosos hilos de sangre, una imagen que revela la brutalidad de aquel combate.

Los soldados españoles gritan: ¡Viva el rey!, mientras que los 120 granaderos de San Martín, entre ellos el esclavo Juan Bautista Cabral, responden: ¡Viva la revolución! una idea que existía incluso antes de la propia formación de lo que luego sería la Argentina.

San Martín daría el paso trascendental de asegurar la continuidad de la declaración de la independencia con el ejército de los Andes: cruzar las montañas más altas al mando de 4000 muchachos que en su mayoría no sabían leer ni escribir, ni tampoco comprendían del todo por qué peleaban. Sin pagarles un peso, San Martín logra que crucen esas montañas porque era un fenomenal líder político, precisamente el costado que la historia oficial argentina ha tendido a ignorar de manera permanente.

San Martín llegó a ser gobernador de Cuyo y fue el primero en implementar una campaña de vacunación. Estableció la educación obligatoria y promovió la distribución de tierras entre el gauchaje y los pueblos huarpes, quienes hicieron posible el cruce de los Andes. Fue gobernador en Cuyo, Capitán General en Chile y Protector del Perú.

Dictó un decreto que decía que estaba prohibido emitir metálico para pagar deudas con el extranjero mientras existieran necesidades internas en el pueblo.

Eso mantiene una absoluta vigencia porque se vincula directamente con el presente en donde todo lo que se hace es para pagar la deuda externa. Sería oportuno volver a pasar por el corazón que es lo que significa etimológicamente recordar a este San Martín que siempre se oponía a pagar la deuda externa mientras existieran necesidades internas.

Es posible que sea necesario cruzar la cordillera de la indiferencia para ser protagonistas y comprender que San Martín no habla del pasado, sino del presente. Se trata de reivindicar la educación, la cultura, los libros y, fundamentalmente, de hacer política saldando por primera vez, en cualquier instancia, la deuda con nuestro pueblo.  


Colaboración: Cecilia Trelini

Correcciones y edición de contenidos web: Silvana Lazzarín

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