LEYENDA DEL PILQUITRITRÓN
El pilquitritrón es conocido por " el trilqui ", así lo nombran los mapuches en su lengua mapudungún, que significa "colgado de las nubes".

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La leyenda emerge en una montaña ubicada en la Cordillera de los Andes, al este de la comarca del Bolsón en la provincia Argentina de Chubut.
Su altitud asciende a 2.260 metros sobre el nivel del mar y su clima se caracteriza por ser frío, con temperaturas que disminuyen con la altitud, fuertes vientos y precipitaciones que pueden caer en forma de nieve en las cimas. Las condiciones climáticas cambian rápidamente con inviernos largos y fríos y veranos cortos y frescos.
Dicen que dicen, que en aquellos días cuando recién había llegado el hombre blanco al Bolsón, la población autóctona en Chubut no era muy grande, allí habitaban seres humanos, pero entre ellos había también muchos duendes, los tinguiritas.
De repente, ante un trueno, el cerro se partió en dos y en medio de él se descubrió un yacimiento de oro. En poco tiempo, los recién llegados, ávidos por la codicia decidieron explotarlo.
Ellos castigaban al cerro tratando de obtener el preciado metal, al momento del primer estallido se produjeron serias grietas que en momentos se extendieron hacia todas direcciones, y lo que era un imponente cerro quedó reducido a escombros con la explosión, también los que a escondidas lo profanaron, desaparecieron.
En ese preciso momento, si bien era un día soleado, de repente todo se oscureció, el día se hizo noche, nadie entendía nada, muchos lloraban abrazados y todos murmuraban, otros tratando se resolver la situación, encendieron antorchas, y una vez más la tierra habló, un sonido espantoso brotó de las mismas entrañas de la Mapú, ( madre Tierra) que hizo enmudecer a toda la comunidad.
Una vieja Machi que estaba allí reunida con los presentes, trepó a una piedra y levantando la voz, se dirigió a los presentes, ella les dijo que la naturaleza estaba enojada por el ultraje y que exigía la reconstrucción del cerro.
Muy sorprendidos, sabiendo que el pedido no sería nada fácil, todos aceptaron el pedido.
La Machi les advirtió que deberían trabajar día y noche en la reconstrucción y deberían hacerlo con dedicación y mucho amor.
Los aplausos no se hicieron esperar, todos estaban alegres y esperanzados, hicieron que una energía superior empezara a crecer.
Se organizaron en pequeños grupos de trabajo, por un lado la Machi, más allá un grupo de hombres y mujeres y más lejos los seres invisibles de la montaña, los tinguiritas, todos unidos trabajaban a la par.
Inesperadamente miembros de otras comarcas se integraron a las labores, todo estaba resurgiendo.
En cierto punto, alguien preguntó hasta que altura debían seguir acumulando piedras, entonces la mujer sabia, mirando al cielo les dijo:
— ¡hasta las nubes! vamos a colgarlo de ellas para que ya nunca vuelva a caer.
Los días pasaban y nadie se daba por vencido, nadie dejaba de trabajar a pesar del enorme cansancio, unos traían piedras, otros amasaban el barro, otros apisonaban la tierra y los seres mágicos distribuían las semillas para poblar el espacio de frondosos árboles.
Los tinguiritas se ofrecieron para adentrarse en el interior del cerro, para vigilarlo y protegerlo, otro grupo, el más anciano formó un ejército para patrullarlo día a día, velando por su seguridad, todos se sacrificaban, todos se desvelaban por el Pilquitritrón.
Una vez terminada la misión encomendada y mientras el cálido sol entibiaba las laderas y el bosque, los humanos, la Machi y todos los seres mágicos se dispusieron a inaugurar la monumental obra.
La fiesta popular congregó a todos, con un gran festín, música y bailes, a los que se sumó un grupo de majestuosos cóndores que coreografió una inolvidable danza, surcando la cima, en agradecimiento por tener un nuevo espacio donde anidar. Por último, antes de terminar la jornada hicieron un pacto con las nubes para que una blanca y suave nevada cubriera el cerro, para que luzca aún más hermoso.
Este
festejo se transformó en un rito y en esta comarca, que muchos la reconocen
como mágica, siempre hay un motivo para festejar, escuchar música, sonreír y
recorrer al maravilloso " Peltri ".
Adaptación: Susana C. Otero

