ADONIESIS Y LOS DESIGNIOS DIVINOS

25.07.2026

DEL CIELO A LA TIERRA 

SOY ADONIESIS, ¡ESCUCHADME!
LA METODOLOGÍA DIVINA QUE PONEN EN ACTO SOBRE LA TIERRA EL DIOS DE VUESTROS PADRES Y EL COMANDANTE DE LOS EJÉRCITOS, Y QUE HAN ELEGIDO A LA CONFRATERNIDAD Y A TODAS LAS ALMAS QUE DESEAN SERVIR A CRISTO, ES UNA METODOLOGÍA COMPLETAMENTE OPUESTA A VUESTRA RACIONALIDAD HUMANA.
ES UNA METODOLOGÍA QUE TIENE COMO OBJETIVO HACEROS COMPRENDER LAS LEYES DEL UNIVERSO, LA REALIZACIÓN DEL ESPÍRITU, LA EVOLUCIÓN DEL ALMA Y DE VUESTRA INTELIGENCIA, PARA QUE PODÁIS ASCENDER A LAS DIMENSIONES ESTELARES DE LA TRÍADA SUPERIOR Y VIAJAR ASÍ POR EL COSMOS, CONVIRTIÉNDOOS EN PORTADORES DE VERDAD, JUSTICIA Y AMOR.
LA METODOLOGÍA DEL PADRE, TAL COMO LA EXPLICA CON CLARIDAD MI HIJO INICIADO, MARCO MARSILI, COORDINADO POR MI SIERVO, EL ESCRIBIENTE GIORGIO BONGIOVANNI, OS EXPONE DE MANERA CLARA, MEDIANTE PRUEBAS HISTÓRICAS, FÍSICAS Y TANGIBLES, CUÁL ES EL PROCESO PARA LLEGAR HASTA MÍ, SER MI SERVIDOR Y SER TAMBIÉN PLENAMENTE CONSCIENTES DE LA VERDAD DEL TIEMPO DE TODOS LOS TIEMPOS.
LEED ATENTAMENTE LA HISTORIA DE MOISÉS, QUE LEVANTÓ LA SERPIENTE EN EL DESIERTO PARA SALVAR A SU PUEBLO DEL VENENO DE LAS SERPIENTES.
LEED TAMBIÉN EL PASAJE EN EL QUE CRISTO RECUERDA ESTE EPISODIO DE MOISÉS, PARA HACEROS COMPRENDER QUE TAMBIÉN ÉL, CRISTO, DEBÍA SER ELEVADO EN LA CRUZ PARA SALVAR A SUS HERMANOS.
LA SALVACIÓN LLEGA A TRAVÉS DEL SACRIFICIO, DEL SUFRIMIENTO, DE LA MUERTE Y DEL RENACIMIENTO.
LA SALVACIÓN NO LLEGA A TRAVÉS DE LA VIOLENCIA, DE LA FUERZA NI DE LA GUERRA.
LLEGA A TRAVÉS DEL AMOR, DEL PERDÓN, DEL ARREPENTIMIENTO, DE LA TOLERANCIA, DE LA HUMILDAD Y DEL SERVICIO.
LA VIOLENCIA EJERCIDA EN LA GUERRA TIENE COMO FINALIDAD PURIFICAR Y, EN TODO CASO, DEFENDER AL DÉBIL DEL USURPADOR Y DEL TIRANO, PERO NO CONCEDE LA SALVACIÓN DEL ESPÍRITU.
LA GUERRA, LA VIOLENCIA Y LA LEGÍTIMA DEFENSA LIBERAN TEMPORALMENTE, EN EL PLANO MATERIAL, AL INDEFENSO Y LO LIBRAN DE LAS INJUSTICIAS.
LEED ATENTAMENTE EL TRATADO ESCRITO POR EL DISCÍPULO MARCO MARSILI Y LEED TAMBIÉN LOS MENSAJES RELACIONADOS Y COMPRENDERÉIS.
ESTOY SIEMPRE CERCA DE VOSOTROS.
PAZ.
VUESTRO, ADONIESIS.

PLANETA TIERRA
24 de Julio 2026
G. B.


Adoniesis y los Designios Divinos
La lógica irracional de Dios con sus profetas

Por Marco Marsili

La salvación espiritual del hombre no depende exclusivamente de sus proyectos. Es más, incluso sus mejores intenciones, aparentemente positivas según la lógica humana, pueden ser trastocadas de manera desconcertante por obra de aquellas fuerzas espirituales que gobiernan la existencia humana, por voluntad de la Inteligencia Divina.

No es el hombre quien establece el camino de la evolución, de la liberación y de la salvación. No es el hombre quien decide qué gesto puede borrar sus pecados y reconciliar aquello que él ha pervertido con sus acciones negativas. El hombre tiene la facultad de reconocer el mal, arrepentirse, invocar misericordia, confiar en la Providencia y cooperar con la gracia; pero no puede generar por sí mismo su propia redención. La redención no es una obra de la autosuficiencia humana. Es un don que nos precede y abre el camino hacia la verdadera libertad. 

Dios conoce las heridas y las potencialidades del hombre más profundamente de lo que el hombre se conoce a sí mismo. Dios conoce el principio de su caída, el abismo de sus consecuencias y el remedio capaz de alcanzar su raíz. El hombre no conoce la cura para sanar, porque él mismo es la causa de su enfermedad. Sin embargo, no pocas veces (por ignorancia, miedo y arrogancia) el enfermo rechaza la cura porque no comprende la ciencia del médico. Entonces duda, pregunta, busca discernir, hasta que llega un momento en el que intuye la necesidad de confiarse a Aquel que es el artífice de la vida, el artífice de un designio que, desde la perspectiva humana, puede parecer un entramado indescifrable de luces y sombras.

Al no lograr comprender los designios divinos, no alcanzamos a ver que las aparentes contradicciones contienen en realidad una ciencia superior, una sabiduría ultraterrena invisible a nuestros ojos, donde aquello que parece una privación precede a una ganancia futura, aquello que parece un descenso- humillación-precede a la elevación, y aquello que parece un aniquilamiento no es más que una muerte simbólica, que guarda en sí la semilla de la verdadera vida.
No estamos llamados a considerar razonable aquello que es contrario a la verdad, a la justicia y a la caridad. Pero, cuando hemos reconocido la voz del Señor, estamos llamados a seguirla, porque es vano anteponer a Su voluntad nuestros «razonables proyectos».

«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos —oráculo del Señor—. Cuanto más altos son los cielos que la tierra, tanto más altos son mis caminos que vuestros caminos y mis pensamientos que vuestros pensamientos»
[Isaías 55, 8-9].

Y la palabra que sale de la boca del Señor no vuelve a Él vacía, sin haber realizado lo que Él desea y sin haber cumplido aquello para lo cual fue enviada.

[Is 55,11]

En sentido teológico, «la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad» [Enc. Fides et Ratio].
Una fe que desprecia la razón corre el riesgo de convertirse en superstición. Por otra parte, una razón cerrada a la trascendencia se atrofia porque rechaza todo aquello que no logra abarcar y, por ello, queda paralizada e impide la evolución humana.

Nuestra inteligencia no es la medida absoluta de la realidad. He aquí por qué el abandono confiado es el componente esencial de la fe. La fe no aniquila la inteligencia, sino que la conduce hasta su propio límite y le enseña la humildad necesaria para superarlo.

«Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia»

 [Proverbios 3,5].

San Ignacio de Loyola enseñaba a sacrificar el propio juicio intelectual en la obediencia. San Juan de la Cruz habló de la Noche del Espíritu, donde el entendimiento debe permanecer en la oscuridad para permitir la entrada de la luz divina. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) escribió acerca de «seguir ciegamente los senderos [de Dios] sin tratar de comprender». Cuando San Felipe Neri exhortaba a sus discípulos de familia noble a hacer volteretas por la calle o los enviaba a andar vestidos con harapos, quería que se volvieran «tontos» a los ojos del mundo para liberarse del orgullo terrenal y dejarse así compenetrar por la sabiduría divina. De ejemplos de santos semejantes a estos hay muchísimos. ¡Recordemos que todos estamos llamados a la santidad!

La sabiduría divina no es ilógica, es super lógica; no es irracional, es suprarracional: es sobreabundante y volumétrica con respecto a la razón humana lineal. Porque las metodologías de Dios parecen paradójicas cuando son evaluadas únicamente con el efímero criterio terreno y secular.

«Porque lo que es la insensatez de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres. ... Pero Dios ha escogido lo necio del mundo para confundir a los sabios; Dios ha escogido lo débil del mundo para confundir a los fuertes»
[1 Corintios 1, 25-27].


Pedagogía de lo inefable


Miremos la historia de la salvación. A Noé, Dios le hizo construir un arca sobre tierra seca, lejos del mar o de cualquier extensión de agua, cuando todavía no había caído ni una sola gota de lluvia. Para sus contemporáneos, Noé era un loco que estaba desperdiciando décadas de su vida. Pero él obedeció, confiando en una advertencia acerca de «cosas que aún no se veían» [Génesis 6-7; Hebreos 11,7], y así salvó a su descendencia.

A Abraham se le dijo:

«Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre».

No se le mostró de antemano todo el itinerario. Él partió apoyándose en una promesa. La Carta a los Hebreos dice que:

«partió sin saber adónde iba»
[Génesis 12,1-4; Hebreos 11,8].

Tener fe significa, por tanto, renunciar a las certezas materiales, o mejor dicho, no considerar nuestras certezas humanas como el parámetro absoluto de la verdad.

Dios pidió a Abraham que condujera a su hijo Isaac al monte Moria, y allí le ordenó matarlo. La desconcertante prueba parecía contradecir la promesa, porque precisamente de ese hijo debía nacer la descendencia anunciada por Dios. Pero Dios envió al ángel para detener la mano de Abraham. El relato nos enseña que el hijo no es propiedad del padre, y que, para poder servir a Dios, hay que estar dispuesto a todo; que la promesa pertenece a Dios y que Dios es Señor de la vida.

[Génesis 22,1-19]


En la noche del Éxodo, a los israelitas se les mandó marcar los dinteles de las casas con la sangre del cordero. Un gesto físicamente incapaz de detener la muerte se convirtió en signo de confianza y de pertenencia a la Alianza divina.

[Éxodo 12,1-28]


Frente al mar, con el ejército del faraón a sus espaldas, la orden no fue rendirse ni retroceder. Dios dijo a Moisés:

«Levanta el bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo».

El pueblo tuvo que avanzar hacia aquello que todavía parecía cerrado. El camino de la libertad y de la salvación se manifestó mientras era recorrido. 

[Éxodo 14,10-31]


En el desierto, quienes habían sido mordidos por las serpientes recibieron una orden «absurda»: 

«Hazte una serpiente y colócala sobre un asta; todo el que haya sido mordido y la mire, quedará con vida».

Moisés obedeció, y quien miraba la serpiente quedaba con vida.

[Números 21,4-9]

El símbolo de la muerte fue elevado y se convirtió en el símbolo de la vida.


Frente a las murallas de Jericó, el pueblo de Israel no recibió una estrategia militar ordinaria. Tuvo que caminar durante seis días alrededor de la ciudad; el séptimo día dio siete vueltas, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas. Las murallas se derrumbaron y Jericó fue conquistada. Lo que parecía una procesión absurda, totalmente incapaz de derribar una fortaleza, se convirtió en el catalizador de la intervención divina.

[Josué 6]


A Gedeón, que ya se sentía débil, se le ordenó reducir aún más su ejército. Dios declaró que salvaría a Israel con trescientos hombres, para que el pueblo no atribuyera la victoria a su propio poder.

[Jueces 7]


A la viuda de Sarepta, que poseía solamente un puñado de harina y un poco de aceite, Elías le pidió que preparara primero una pequeña torta para él. La petición parecía quitar cruelmente a la mujer y a su hijo el último alimento; pero la confianza de la viuda hizo que la harina y el aceite nunca faltaran durante la hambruna.

[1 Reyes 17, 8-16]


A Naamán, poderoso comandante, no se le impusieron grandes gestos. Se le ordenó:

«Ve, báñate siete veces en el Jordán».

Él se irritó porque la cura parecía demasiado simple, indigna de su posición. Solo cuando dejó de lado el orgullo y descendió al río obedeciendo a Dios, quedó purificado.

[2 Reyes 5, 1-14]


También la pequeñez puede irritar al hombre, que prefiere realizar hazañas heroicas antes que un gesto humilde.
A Josafat se le dijo que enfrentara al enemigo confiando en el Señor; cantores y hombres consagrados a la alabanza precedieron al ejército: paradójicamente, la acción de gracias a Dios debía venir antes de la victoria y no después de ella.

[2 Crónicas 20, 1-30]


Al rey Ezequías se le ordenó aplicar una simple cataplasma de higos para sanar de una llaga mortal.

[2 Reyes 20, 1-11; Isaías 38, 1-8.21]


Jonás tuvo que predicar en Nínive, capital del pueblo enemigo. La palabra dirigida a quienes parecían indignos produjo arrepentimiento y evitó la destrucción de la ciudad.

[Jonás 1-4]

A Jeremías, mientras Jerusalén estaba sitiada y la tierra parecía ya perdida, se le ordenó comprar un campo. Aquel contrato, absurdo según la lógica humana, se convirtió en un signo concreto de la futura restauración.

[Jeremías 32, 6-44]


En una visión, a Ezequiel se le ordenó profetizar sobre huesos secos: no recibió una multitud viva a la cual hablar, sino una inmensa extensión de muerte. Sin embargo, obedeció y pronunció la palabra recibida, y lo que estaba disperso volvió a unirse, la carne volvió a crecer sobre los huesos, recibió el aliento de vida y se levantó en pie.

[Ezequiel 37, 1-14]


Esta es la pedagogía de Dios: la criatura es conducida allí donde ya no puede atribuir la salvación a su propio control. No porque Dios desee humillarla arbitrariamente, sino porque quiere liberarla de la ilusión de que la vida depende únicamente de los medios que ella logra comprender. Esta es la divina pedagogía trascendental de la vida.


De la serpiente de Moisés a la Cruz de Cristo
Analogías simbólicas


En el desierto, después de que el pueblo había murmurado contra Dios y contra Moisés, las serpientes venenosas penetraron en el campamento y muchos israelitas murieron. El pueblo reconoció su pecado y pidió a Moisés que intercediera por su salvación. Dios no eliminó inmediatamente las serpientes, sino que ordenó:

«Hazte una serpiente y colócala sobre un asta; todo el que haya sido mordido y la mire, quedará con vida».

Entonces Moisés hizo una serpiente de metal y la colocó sobre el asta; todo aquel que, después de haber sido mordido, la miraba, quedaba con vida. La curación no provenía del metal ni de la imagen, sino de Dios, salvador de todos, a través de la señal establecida por Él.
Jesús mismo proporciona la interpretación cristológica del episodio, vinculando a su propia crucifixión la serpiente elevada por Moisés:

«Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna»
[Jn 3,14-15].

El primer vínculo está contenido en el verbo levantar. Moisés levanta la serpiente para que sea visible a todo el campamento. Jesús es levantado en la cruz para que sea visible al mundo entero. La elevación física del cuerpo de Jesús en la cruz simboliza la elevación espiritual, la manifestación gloriosa de su identidad divina.

La cruz es, por tanto, un trono paradójico. Lo que parece humillación, derrota e ignominia, en verdad es elevación, revelación y glorificación. La serpiente colocada en lo alto revela que la salvación no proviene de una demostración de fuerza mundana, sino de la exposición oblativa de sí mismo (sacrificio) ante la mirada del mundo. El asta de Moisés hace visible el signo; la cruz hace visible el amor invisible de Dios.

La mirada veterotestamentaria prefigura, por tanto, la revelación neotestamentaria. El israelita mordido debía mirar la serpiente. Quien encuentra al Crucificado debe creer y realizar las obras, es decir, poner en práctica la enseñanza de Jesús. El Libro de la Sabiduría aclara que el israelita no era salvado por el objeto contemplado, sino por Dios. La imagen era un instrumento destinado a orientar el corazón hacia el abandono confiado en Dios. Análogamente, la fe cristiana no consiste en contemplar y rezar ante un crucifijo colgado en la pared o colocado sobre el altar, sino que consiste en seguir concretamente el ejemplo del Crucificado, viviendo en la sociedad, para resucitar con Él a una vida nueva.

La causa del mal se convierte en instrumento de salvación


El aspecto más sorprendente es que Dios no ordena levantar un animal opuesto a la serpiente (por ejemplo, un ave de rapiña u otro depredador), sino precisamente la imagen de la misma serpiente. Así, la causa de la muerte se convierte en el signo de la vida. Este paradoja alcanza su pleno cumplimiento en Cristo. San Pablo afirma que Dios envió a su Hijo «en una carne semejante a la del pecado» y que «aquel que no había conocido pecado» fue hecho pecado en favor de nosotros. Así como la serpiente de metal tenía la forma de la serpiente, pero no poseía su veneno, Cristo asume la carne de la humanidad pecadora, la condición, las consecuencias y el peso del pecado, pero no se convierte en pecador ni posee el pecado.

Las serpientes vivas difunden el veneno. La serpiente en alto es una serpiente inmovilizada, privada de su capacidad de morder. En el plano simbólico, esto significa que el mal es sacado de su ocultamiento y llevado a la luz, despojado de su poder mortífero, inmovilizado y expuesto públicamente. La cruz realiza algo análogo. El pecado, normalmente oculto e insinuante, manifiesta sobre el cuerpo inocente de Cristo todas sus consecuencias: traición, violencia, injusticia, abandono y muerte. El Crucificado no oculta la gravedad del mal. La expone. Y, puesto que la expone en el amor, quebranta su lógica. La serpiente venenosa actúa ocultamente para inocular la muerte. La serpiente de metal está expuesta y ya no puede envenenar a nadie. El pecado actúa en la sombra, pero en la cruz es obligado a mostrar su verdadero rostro y es absorbido por el amor divino, que lo acoge y lo vence.

La serpiente bíblica posee diversos valores simbólicos. En el Génesis representa la voz que induce al hombre a traicionar el pacto con Dios; en el Apocalipsis, la serpiente antigua identifica al diablo. En el episodio de Moisés, Dios transforma la serpiente en un instrumento taumatúrgico-terapéutico, prefigurando la futura venida de Cristo, quien evoca la serpiente levantada por Moisés porque asume sobre sí el mal, el pecado y la maldición, y así aniquila la muerte y vence al mundo. Cristo lleva, por tanto, a su cumplimiento la inversión salvífica anticipada en el episodio de Moisés.

La serpiente del Edén condujo al hombre a la desobediencia; Cristo redime al hombre mediante la obediencia. La serpiente persuadió al hombre, haciéndole creer que podía igualarse a Dios; Cristo, aun estando en condición divina, asume la condición humana y la sublima, haciéndola gloriosa. La serpiente logró seducir al hombre prometiéndole la vida y, en cambio, le procuró la muerte; Cristo acepta la muerte y resucita, convirtiéndose en el emblema inmortal de la vida eterna. En el relato de la caída original aparecen la serpiente y el árbol. En el desierto aparecen la serpiente y un asta de madera vertical. En el Gólgota, Cristo está colgado del madero de la cruz. La imagen representa una progresiva transformación simbólica.
Junto al primer árbol, la serpiente habla y el hombre escucha. En el desierto, la serpiente ya no habla: está inmóvil, expuesta y subordinada a la palabra de Dios. En la cruz es Cristo quien habla desde el madero, mientras la antigua serpiente es espiritualmente derrotada y juzgada. En el Edén, el hombre mira el fruto y lo toma contra la voluntad divina. En el desierto, el hombre mira la serpiente de metal y vive porque obedece la voluntad divina. En el Gólgota, el hombre mira a Cristo, fruto del árbol de la cruz, y recibe de Él la salvación y la promesa de la vida eterna. El madero de la desobediencia encuentra así su inversión/redención en el madero de la obediencia. El árbol junto al cual el hombre quiso usurpar la vida es redimido por el árbol sobre el cual el Hijo ofrece su propia vida.

En el Deuteronomio leemos que el hombre colgado de un árbol (o de un madero) es considerado maldito por Dios.

[Dt 21,22-23]


San Pablo aplica esta realidad a la obra de Cristo, con el concepto de sustitución penal/vicaria para la redención de la humanidad:

«Cristo nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose Él mismo maldición por nosotros [es decir, en favor de nosotros], porque está escrito: Maldito todo el que cuelga del madero».
[Gálatas 3,13]


El término rescate (exagorazo en griego) en el lenguaje de los antiguos mercados indica el acto de pagar un precio para liberar a un esclavo. En efecto, Jesús dijo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado.

[Jn 8,34]

Así pues, la maldición se transforma en bendición: el lugar de la ejecución se convierte en altar; el instrumento de condena se convierte en instrumento de reconciliación; el signo de la vergüenza se convierte en signo de gloria; el maldito se convierte en fuente de bendición; el madero de la muerte se convierte en árbol de la vida.


Metodología de la salvación

En el relato de Moisés, Dios no elimina de inmediato las serpientes del campamento. En cambio, ofrece un modo de impedir que su veneno tenga la última palabra. Este detalle posee una importante correspondencia con la cruz de Jesús. En efecto, Cristo no elimina de la historia humana toda tentación, sufrimiento, persecución, enfermedad y muerte física. Sin embargo, con su ejemplo ofrece un modus vivendi sobre el cual estas realidades ya no ejercen un dominio definitivo. La redención no consiste en ser mágicamente librados de todo mal: la serpiente todavía puede morder, pero por Cristo, con Cristo y en Cristo tenemos el remedio que vence el veneno: poner en práctica sus enseñanzas y realizar así la comunión divina que anula el pecado (karma). 

Una señal para todas las personas


La serpiente no es ocultada en una tienda reservada para unos pocos adeptos. Es colocada en lo alto, en un lugar donde todos pueden verla. Tampoco Cristo es crucificado en secreto. Él recorre públicamente el camino del Calvario y su muerte tiene lugar fuera de las murallas, expuesta a la mirada de los transeúntes, de las autoridades, de los discípulos y de los enemigos. La salvación tiene una dimensión pública y universal, con la condición de que se ponga en práctica la enseñanza de Cristo. Esta visibilidad expresa también la universalidad del llamado a la salvación, porque aquello que es elevado se convierte en un punto de referencia para todos.
Aunque existen conocimientos esotéricos reservados a círculos restringidos de Iniciados, hoy vivimos en el tiempo del Apocalipsis (Revelación) y, por lo tanto, los Iniciados están divulgando públicamente «las cosas secretas», confirmando la profecía de Jesús:

«No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser manifestado. Lo que les digo en las tinieblas, díganlo a la luz; y lo que escuchan al oído, proclámenlo desde las azoteas». 

[Mt 10,26-27]


Todo hombre, por ingenuo, sencillo, desprevenido o falto de instrucción que sea, puede acceder a la salvación. La redención no requiere una sabiduría especulativa, sino confianza y acción. En efecto, Jesús dijo:

«Te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños».
[Mt 11,25]

Moisés intercede, Cristo es intercesor y remedio


Antes de que la serpiente sea levantada, Moisés ora por el pueblo, colocándose entre Dios y el pueblo culpable. Luego recibe de Dios la orden, construye el signo y lo levanta. Por lo tanto, Moisés es el intercesor del remedio, pero no es personalmente el remedio.

Todas estas dimensiones encuentran su cumplimiento en Cristo: Él es simultáneamente quien intercede, quien obedece, quien es levantado, el signo visible, el sacerdote, la víctima, el lugar del encuentro y el remedio ofrecido a la humanidad. Moisés levanta un instrumento. Cristo se deja levantar a sí mismo. En el desierto, el mediador presenta el signo. En el Gólgota, el mediador SE CONVIERTE en el signo. 

Jesucristo amplifica y sublima la realidad de la salvación


La serpiente de bronce levantada por Moisés preservaba de la muerte física y otorgaba la vida terrena. Cristo preserva de la muerte espiritual (la Segunda Muerte) y concede la vida eterna. Esta diferencia muestra la relación entre la figura y cumplimiento. El acontecimiento antiguo contiene verdaderamente una acción salvífica, pero limitada y temporal. La cruz lleva a cumplimiento aquello que el símbolo solo podía anticipar. La serpiente de Moisés devolvía al hombre a la vida de antes. Cristo manifiesta y ofrece la vida nueva, la verdadera vida iluminada por la verdad. Lo que en el desierto de Moisés se refería a un solo pueblo, a una amenaza circunscrita, a un veneno corporal y a una curación temporal, con Cristo abarca la humanidad entera, la condición universal del pecado, la vida espiritual y la comunión eterna con Dios. 

El eje vertical: "DEL CIELO A LA TIERRA"


El asta y la cruz introducen una línea vertical. La verticalidad une lo que está abajo con lo que está arriba: la Tierra y el Cielo, la condición humana y la vida divina, la mortalidad y la eternidad, la inmanencia y la trascendencia, el abismo de la culpa y la altura de la misericordia. La serpiente, animal ligado a la tierra, es elevada. Lo que se arrastra por el polvo es llevado a lo alto y presentado a la mirada de todos. En la cruz, Cristo desciende hasta la condición más baja del hombre y, precisamente desde esa profundidad, es elevado. La línea vertical puede interpretarse como un movimiento de descenso y ascenso: Dios desciende en la carne; la carne asumida por Cristo es reconducida hacia Dios (cuerpo glorioso). Además, la cruz añade a la verticalidad una línea horizontal. El eje vertical indica la elevación espiritual y la reconciliación entre Dios y el hombre; el eje horizontal indica la concreción de la obra social de Cristo en el mundo de la materia, donde Él abre los brazos y extiende la salvación a todos aquellos que la acogen y colaboran con ella. 

El sublime escándalo de la obediencia

El mandato dirigido a Moisés parecía irrazonable. La Ley prohibía la idolatría y, sin embargo, Dios ordenaba fabricar una figura. El pueblo había sido herido por las serpientes y, aun así, debía mirar una serpiente. El signo del peligro se convertía en el medio de la curación. El Padre de la Iglesia San Justino Mártir (Justino filósofo, 93-167), el mayor intérprete del Logos entre los autores patrísticos del siglo II, vio en esta paradoja un signo profético: Dios, que prohibía la fabricación idolátrica de imágenes, había ordenado aquel signo particular para que prefigurara la salvación manifestada en la cruz de Cristo. La serpiente levantada y la cruz piden ambas acoger el método establecido por Dios, incluso cuando este contradice las expectativas humanas. Pero la cruz presenta un escándalo todavía mayor: la lógica humana esperaría que el Salvador triunfase evitando la muerte; en cambio, Dios salva al hombre precisamente A TRAVÉS de la muerte, que se convierte en el umbral de la resurrección.

El signo salvífico no debe convertirse en ídolo


La serpiente de bronce fue conservada durante siglos, y los israelitas terminaron por idolatrarla. El rey Ezequías tuvo que destruirla, llamándola Nejustán, es decir, reduciéndola a su realidad material de simple objeto metálico. Este episodio completa el paralelismo con la cruz de Jesús: el signo salva cuando conduce a Dios, pero se convierte en ídolo cuando ocupa el lugar de Dios.
La cruz cristiana no es un fetiche. Un crucifijo material puede sostener la fe, la memoria y la contemplación, pero no actúa independientemente de estas y de Cristo. La redención proviene del Resucitado; la cruz es Su instrumento. Así como la serpiente de bronce no debía ser adorada, del mismo modo la materialidad de la cruz no debe separarse de la realidad espiritual evocada por la propia cruz. 


Una lectura mística y alquímica


Dios exhorta al hombre herido a no apartar la mirada de su propio sufrimiento. El israelita debe mirar la figura de la serpiente que lo ha mordido. La contemplación del cuerpo traspasado de Cristo nos pone frente a los sufrimientos de la humanidad. La curación no nace de la negación del mal, sino de atravesarlo a la luz de la verdad. La naturaleza humana tiende a ocultar su propia culpa, a remover el dolor, a proyectar el mal sobre los demás, a huir de la conciencia de la muerte. La serpiente y la cruz inducen al hombre a mirar de frente el sufrimiento para poder superarlo con valentía.

La contemplación cristológica no se detiene en la herida, sino que reconoce en ella el amor divino que la ha asumido, participa de este amor y vence el dolor para abrirse a la realidad superior del espíritu: la inmortalidad. El Crucificado polariza nuestros sufrimientos y los transfiere de la soledad a la divina comunión con Cristo. La herida oculta nos envenena; la herida llevada a la luz es transfigurada.

La cruz se convierte así en la medicina suprema que reúne los opuestos. No por casualidad la tradición cristiana utiliza con frecuencia el lenguaje médico para describir la redención. El pecado es veneno, Cristo es médico y la cruz es medicina. En virtud de esta «meditación activa», la muerte es transformada en un medio a través del cual podemos encontrar la verdadera vida e iniciar el camino operativo de la salvación personal y social.

En la serpiente mosaica, la medicina tiene la misma forma que la enfermedad: la serpiente cura de la mordedura de las serpientes porque representa su forma neutralizada. Este es el principio simbólico por el cual una realidad es vencida mediante aquello que se le asemeja, pero invierte su poder: mediante la muerte es derrotada la muerte, mediante la obediencia es sanada la desobediencia, mediante un árbol es redimido aquello que ocurrió junto al árbol, mediante la elevación del Justo es neutralizada la elevación orgullosa del hombre. 

Las correspondencias alquímicas son una lectura simbólica, posible porque la alquimia occidental ha utilizado frecuentemente la serpiente, el metal, el veneno, la medicina, la muerte y la transformación como imágenes del opus interior. Se puede observar una convergencia de estructuras alegóricas, sin subestimar, por otra parte, el hecho de que el profeta Moisés conocía la más elevada sabiduría esotérica egipcia (era un sacerdote-mago egipcio), mientras que el Mesías Jesús creció a la luz de las enseñanzas esenias y personificó la sabiduría total de la conciencia universal. Con tales premisas, podemos estar seguros de que tanto Moisés como Jesús eran perfectamente conscientes de las fuertes analogías entre los acontecimientos de sus existencias y las simbologías esotéricas, alquímicas, astrológicas, etc.

Históricamente, la serpiente enrollada alrededor de una vara está asociada a las artes de la curación, así como el doble caduceo de Hermes (Hermes) y el caduceo de Esculapio (Asclepio, discípulo de Hermes) son símbolos heráldicos mercuriales de inviolabilidad y protección, relacionados con la ciencia médica superior, capaz de curar el cuerpo y el alma. Desde una perspectiva alquímica, la serpiente puede representar la materia ambivalente capaz de contener los opuestos: veneno y medicina, disolución y regeneración, muerte y renovación. En efecto, en la historia mosaica la serpiente posee esta polaridad: la serpiente viviente envenena, la serpiente transformada en metal cura. La misma figura contiene, por tanto, dos posibilidades: fuerza desordenada y mortal, y fuerza fijada y vivificante. En sentido espiritual, el veneno no es simplemente expulsado: es transmutado. La transmutación del veneno en medicina es un concepto presente también en las enseñanzas budistas y en las tradiciones sapienciales de todo el mundo.

La serpiente viva es móvil, escurridiza, sinuosa y difícilmente controlable. La serpiente de metal es el resultado de la fijación alquímica: aquello que es volátil, inestable o caótico es vuelto estable para ser transformado. El paso de la serpiente viviente a la serpiente metálica significa que, por acción del fuego, ha sido separada de su propia animalidad y reconducida a una forma mineral estable. La serpiente fijada sobre la vara representa el instinto llevado a la conciencia, el deseo sustraído de la dispersión y focalizado, el veneno vuelto reconocible y sometido, el caos dominado y formalizado, la fuerza inferior horizontal subordinada y verticalizada en el eje superior.

La cruz es el lugar de la suprema fijación alquímica: Cristo acepta ser atado y clavado, pero precisamente esta fijación se convierte en el principio de la más grande transmutación. El mundo cree haber inmovilizado a Cristo, pero en realidad es el pecado el que queda clavado y expuesto en la carne, asumida por Él y luego resucitada. El amor oblativo transmuta el cuerpo material corruptible y lo espiritualiza, haciéndolo cuerpo glorioso incorruptible (pasaje dimensional, transición de fase, salto cuántico). 

La elevación representa el sublimado alquímico, mediante el cual una realidad es elevada desde una condición inferior hacia una superior. La elevación alquímica y la elevación cristológica comparten una estructura simbólica: aquello que está abajo no es eliminado, sino asumido y transfigurado. La serpiente que se arrastra sobre la tierra (materia) es elevada sobre la vara (espíritu), preanunciando la obra mística y social de Cristo, que purifica y ennoblece la materia humana animada y ofrece a la humanidad redimida la posibilidad de la divinización:

«¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: vosotros sois dioses?»
[Jn 10,34]

«El que cree en mí, hará las obras que yo hago y hará otras aún mayores…»
[Jn 14,12]


La serpiente mosaica está hecha de metal (bronce o cobre); para asumir la forma deseada, debe ser extraída, sometida al fuego, fundida y modelada. El fuego representa purificación, juicio, revelación y transformación. En este sentido, la cruz de Jesús constituye el crisol en el cual la naturaleza humana asumida por Cristo atraviesa el fuego del sufrimiento y de la muerte para llegar a la transmutación/resurrección. Pero es necesario evitar un equívoco: el sufrimiento por sí solo no conduce a la purificación. ¡Es EL AMOR CRÍSTICO con el cual se atraviesa el sufrimiento el que produce la purificación y la transmutación!

Y es siempre el amor el que realiza la conjunción de los opuestos, la unión de los contrarios. La serpiente en alto y la cruz reúnen una extraordinaria serie de opuestos: veneno y medicina, herida y curación, muerte y vida, abajo y arriba, tierra y cielo, culpa y perdón, juicio y misericordia, maldición y bendición, vergüenza y gloria, debilidad y poder, materia y espíritu, inmovilidad y transformación. El Mercurio-serpiente representa un principio ambivalente capaz de unir elementos opuestos: algunos estudios sobre la tradición hermética lo describen como un símbolo capaz de unir el principio terrestre de la serpiente y el principio aéreo del elemento alado. En la cruz, los opuestos son reconciliados en la unidad personal de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre: mortal en su naturaleza humana y fuente de vida en su naturaleza divina. La cruz representa la coniunctio no porque mezcle el bien y el mal, sino porque reconcilia aquello que el pecado había separado: Dios y el hombre, el hombre y el prójimo, la tierra y el cielo.

El athanor alquímico es el horno en el cual la materia es mantenida durante el proceso de transformación. La estabilidad del athanor encuentra una analogía en la perseverancia de Cristo: la humanidad, atravesada por el sufrimiento, no es abandonada antes de que el amor haya llevado a cumplimiento su propia obra. La cruz es el fuego donde Cristo sostiene el proceso de la redención. Él, aunque resucitado, continúa sufriendo en la cruz también hoy (los estigmatizados son sus instrumentos operativos mediante los cuales Él reproduce el sacrificio redentor). Él no interrumpe la obra; Él permanece en el fuego cruciforme del amor hasta el cumplimiento de la redención y hasta la Parusía apocalíptica.

Existen otras correspondencias alquímicas, como la operación del solve et coagula, proceso fundamental de transformación, según el cual primero es necesario desestructurar, descomponer y eliminar lo superfluo (solve) para luego recomponer y fijar la esencia en una forma nueva, pura y más sólida (coagula). Las múltiples serpientes que penetran en el campamento, muerden y difunden el veneno, representan las fuerzas dispersivas. La serpiente de metal coagula esa multiplicidad en una única imagen tangible: el veneno difundido es reconducido a una forma concentrada que implica la transmutación del veneno en medicina. Así, el viejo orden es disuelto, el mal oculto es separado y manifestado, aquello que estaba disperso es reunido, la materia es fijada en una forma nueva. La cruz del Mesías disuelve la ilusión de la autosuficiencia humana y coagula la naturaleza humana alrededor del centro del amor divino, finalmente revelado en Cristo, gracias al cual el hombre mismo puede entrar en comunión con Dios.


«Si alguno me ama, observará mi palabra y mi Padre lo amará, y NOSOTROS VENDREMOS A ÉL Y HAREMOS MORADA JUNTO A ÉL».
[Jn 14,23]


La intervención Divina y el consentimiento humano


Cuando llegó la plenitud de los tiempos, el designio divino se posó sobre la libertad de una joven mujer. Durante la Anunciación, María preguntó al arcángel: «¿Cómo sucederá esto?». No fue una pregunta rebelde. Ella buscó comprender… pero cuando recibió la respuesta, no pretendió conocer las consecuencias. Dijo:

«He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra».
[Lucas 1,38]

En esas palabras la inteligencia no fue abolida, sino entregada a la confianza. María no dijo que lo había comprendido todo. Dijo que pertenecía a Dios.

José tuvo que renunciar a su propio proyecto. Pensaba despedir a María en secreto; en el sueño, un ángel le ordenó tomarla consigo. Más tarde se le mandó levantarse durante la noche, tomar al niño y a su madre y huir a Egipto. Él no recibió una explicación completa del futuro: recibió una palabra suficiente para el paso inmediato, obedeció y así participó en el designio divino.

[Mt 1,18-25; 2,13-15]


A los pescadores que habían trabajado en vano durante toda la noche, Jesús les dijo que se adentraran en el mar y echaran nuevamente las redes. Pedro dudó, pero añadió:

«Por tu palabra echaré las redes».

[Lucas 5,1-11]

La obediencia abrió el espacio a la abundancia


En Caná, cuando el vino se terminó, Jesús hizo llenar de agua seis tinajas. Los servidores no fueron encargados de producir el vino: solamente debieron llenar hasta el borde los recipientes con lo que tenían, y el agua de la obediencia se convirtió en el vino del milagro.

[Juan 2,1-11]

Ante la multitud hambrienta, Jesús dijo a los discípulos:

Denles ustedes mismos de comer. El mandato era evidentemente absurdo porque solo había disponibles cinco panes y dos peces. Pero ellos obedecieron, y así aquello que no era suficiente se volvió sobreabundante.

[Mateo 14,13-21; Marcos 6,30-44; Lucas 9,10-17; Juan 6,1-15]


Al ciego de nacimiento, Jesús le puso barro en los ojos y le ordenó lavarse en la piscina de Siloé. El gesto no tenía una explicación médica ordinaria; el ciego fue, se lavó y volvió viendo.

[Juan 9,1-7]

A los diez leprosos, Jesús les ordenó presentarse ante los sacerdotes ANTES de que la curación fuera visible.

«Y mientras iban, fueron purificados».
[Lucas 17,11-19]

La curación se manifestó durante el camino de la obediencia, no antes de la partida.

Ante la tumba de Lázaro, Jesús dijo:

«Quitad la piedra».

Marta objetó porque su hermano Lázaro llevaba varios días muerto, pero finalmente la piedra fue removida y Lázaro salió de allí con vida.

[Juan 11,38-44]

A Ananías se le ordenó ir junto a Saulo, el hombre que perseguía a los cristianos. Ananías expuso a Dios su temor, pero después obedeció. Así, el enemigo se convirtió en hermano en Cristo y fue preparado para la misión apostólica.

[Hechos 9,10-19]


A Pedro se le mostró un lienzo que contenía animales que, según su formación religiosa, eran considerados impuros. Aquella visión, inicialmente incomprensible, preparó al apóstol para entrar en la casa del pagano Cornelio y reconocer que Dios no hace preferencia de personas según las tradiciones humanas, sino que ofrece la redención a quien quiere recibirla.

[Hch 10,1-48]


En todos estos acontecimientos, el Señor invierte la lógica humana; su palabra supera el cálculo inmediato, pero la obediencia abre las puertas al milagro y a la salvación.


La Señal en alto


La serpiente de metal en el desierto prefiguraba el misterio más grande. Jesús mismo dijo:

«Como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea elevado el Hijo del hombre».
[Juan 3,14]

La cruz es el punto en el cual la sabiduría de Dios aparece más alejada de la sabiduría del mundo. El hombre espera que Dios venza evitando la vulnerabilidad; Dios, en cambio, vence asumiéndola, personificándola. Aquí la paradoja es total: el perdedor ha vencido, el muerto está vivo.

El hombre imagina que la salvación debe manifestarse como un poder que aplasta al enemigo; Dios la manifiesta como un amor que supera todo mal. El hombre piensa que la vida puede ser conservada reteniéndola; Cristo la conserva entregándola. Por esto Pablo afirma que:

«La palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, es decir, para nosotros, es poder de Dios».
[1 Corintios 1,18]


El Padre no es un soberano cruel que castiga a un Hijo renuente. El Padre y el Hijo no tienen voluntades salvíficas contrapuestas. El Hijo acoge en su propio corazón el amor del Padre hacia los hombres y se ofrece a sí mismo por su salvación. El Cordero toma sobre sí el pecado del mundo, reconcilia a la humanidad con Dios y abre la Nueva Alianza.

Jesús sustituye con su propia obediencia la desobediencia humana e invita a los redimidos a participar, por gracia, de su entrega. Su vida no le es arrebatada: Él la entrega libremente. Cristo entra libremente en la hora de la Pasión. En Getsemaní manifiesta la autenticidad de su propia humanidad: experimenta angustia, pide que pase de Él el cáliz, pero entrega su voluntad al Padre: No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Esta es la forma suprema de la libertad filial. La libertad cristiana consiste en entregarse a uno mismo. La obediencia de Cristo es la expresión perfecta del amor, y es el ejemplo que estamos llamados a seguir.

Imitando a Jesús, somos compenetrados por su Espíritu. Para poder alcanzar esa divina comunión, es necesario morir al pecado, morir al mundo y resucitar a una vida nueva; ofrecer nuestro cuerpo, nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra libertad para el bien de todos, obedecer a Dios y realizar las obras que Él nos confíe.


Perder la vida para encontrarla


Por esto Cristo repite en los Evangelios una enseñanza que la lógica humana tiene dificultad para acoger:

"El que conserve su vida para sí, la perderá, y el que pierda su vida por causa mía, la encontrará».
[Mt 10,39]


«El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía, la encontrará».
[Mt 16,25]


«El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía y del Evangelio, la salvará».
[Mc 8,35]


«El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará».
[Lc 9,24]


«El que ama su vida, la pierde; y el que desprecia su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna».
[Jn 12,25]

Estas palabras no invitan a despreciar la existencia, el cuerpo o la dignidad personal. En el lenguaje evangélico, "odiar" la propia vida no significa cultivar odio hacia uno mismo: significa rechazar que la conservación del propio yo (bienes materiales, salud física, profesión, etc.) sea el valor supremo de nuestra vida.
PERDER LA VIDA POR CRISTO significa dejar de considerar la vida (bienes materiales, salud física, profesión, etc.) como un ídolo que creemos poseer. Significa entregar nuestra existencia a la verdad, a la caridad y a la misión recibida. Significa renunciar al yo cerrado que quiere salvarse sin Dios, que quiere "hacerlo por sí mismo"; significa convertirse en el Homo Novus que vive en comunión con Dios y con los hermanos:

«He sido crucificado con Cristo, y ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe…»
[Carta a los Gálatas 2,20]

RENUNCIAR A SÍ MISMO no significa negar la propia identidad. Significa renunciar a la pretensión del ego de ser su propio principio, su propio legislador absoluto y su propio salvador. El hombre no pierde su propia unicidad siguiendo a Cristo. Pierde aquello que lo esclaviza y encuentra su verdadero ser, su verdadera identidad eterna e inmortal.
Por esto Jesús dice al joven rico:

«Ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; y ven, ¡sígueme!».
[Mt 19,21]

No a todos se les exige la misma forma exterior de renuncia; sin embargo, todos aquellos que se dicen cristianos deben poner su vida bajo la señoría de Dios y renunciar a considerar sus bienes, vínculos, roles y proyectos como realidades personales, como propiedad privada sustraída a la señoría de Dios. Incluso los afectos más sagrados deben ser vividos en Dios. Cuando Cristo llama, no podemos anteponer a Él nuestra ilusoria "seguridad".

Cuando Pedro afirma:

«Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido»,

Jesús no promete una simple compensación material, sino que anuncia que quien haya dejado cuanto poseía por el nombre de Cristo:

«recibirá cien veces más y tendrá en herencia la vida eterna»
[Mt 19,29; Lc 18,29-30]

«junto con persecuciones» [Mc 10,29-30]

Impidiendo transformar la promesa en un contrato de prosperidad terrena.

La misma ley se expresa mediante la parábola del grano de trigo: si el grano no muere, permanece solo; pero si muere, produce mucho fruto.

[Jn 12,24-26]

El ciento por uno es, ante todo, la vida nueva de la comunión: nuevos hermanos y hermanas, una verdadera libertad, una fecundidad que el yo aislado no habría podido generar y, finalmente, la vida eterna, es decir, la salvación espiritual y la unión con la Inteligencia Divina.

No es una garantía de que cada bien dejado sea restituido en la misma forma. Es la promesa de que todo aquello que confiamos a Dios es amplificado, mejorado y sublimado, y que los efectos de esta promesa se concretan (también materialmente) ya en esta misma vida. 


Renunciar a nuestros proyectos para abrazar el designio divino

El hombre dice:

«Tengo un proyecto bueno. ¿Por qué Dios debería pedirme que lo deje?» Pero no todo proyecto bueno es el proyecto al cual estamos llamados.
Pedro tenía un proyecto bueno y altruista: impedir que el Mesías sufriera. Cuando Jesús anunció la Pasión, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. Quería defenderlo, pero en realidad oponía al designio de Dios una concepción humana del Mesías.
Jesús le respondió:

«¡Aléjate de mí, Satanás! Tú eres para mí un escándalo, porque no piensas según Dios, sino según los hombres».
[Mt 16,23; Mc 8,31-33]

Se puede, por lo tanto, ser sinceramente devoto y, al mismo tiempo, resistirse a Dios. Se puede amar una imagen de Cristo y rechazar al Cristo real cuando no coincide con nuestras expectativas. Se puede defender una doctrina, una tradición o una misión y convertirlas en una posesión propia. Incluso se puede usar el nombre de Dios para proteger el propio proyecto. Por esto, la obediencia de la fe no es una simple emotividad religiosa. Es el acto mediante el cual el hombre se abandona a Dios por entero y libremente, ofreciendo a Dios el obsequio de la inteligencia y de la voluntad.
No basta con pedirle a Dios que bendiga nuestros programas que ya hemos decidido autónomamente según nuestra propia lógica. La oración auténtica dice: «Muéstrame si aquello que deseo viene de Ti; purifica lo que es ambiguo; rompe lo que me separa de la verdad; confirma lo que sirve al bien; hazme dispuesto a seguirte incluso por un camino diferente del que había imaginado».

No pide: «Señor, realiza mi proyecto», sino: «Señor, hazme partícipe de TU proyecto».

* * * * * * * 

Servir la Obra de Dios a pesar de nuestras debilidades

Los sufrimientos existen y la fe no nos vuelve insensibles. Somos humanos. Podemos conocer el cansancio, el aislamiento, el duelo, la decepción, la enfermedad y el miedo. Podemos atravesar una noche interior y sentirnos no amados incluso mientras somos amados. El sufrimiento no demuestra el alejamiento de Dios; por el contrario, con frecuencia es una demostración de sus atenciones particulares, mediante las cuales Él pone a prueba nuestra fidelidad. También Jesús fue turbado y experimentó angustia en el Getsemaní. La fe no consiste en no sentir la herida, sino en hacer que la herida no tenga la última palabra.

Es importante no transformar el sufrimiento en un trono desde el cual gobierne cada una de nuestras decisiones. No permitir que el fracaso se convierta en la definición de nuestra identidad. No esperar estar completamente sanos y sentirnos en plena forma para ponernos manos a la obra, activarnos y dedicarnos al servicio del designio divino.
Podemos servir incluso temblando. Podemos ser fieles incluso llorando. Podemos avanzar lentamente sin haber abandonado el camino. No somos salvados por nuestras solas fuerzas, sino por Cristo. Aquel que estaba perdido fue buscado; aquel que estaba prisionero fue liberado; aquel que estaba lejos fue acogido.

No hemos venido al mundo para elevar nuestro pequeño proyecto contra el designio del amor y de la justicia de Dios. Hemos sido creados para recibir la vida y devolverla como don. Nuestra perseverancia no compra la redención: manifiesta su acogida. Cristo nos libera no para que podamos presumir de no sufrir más, sino para que ningún sufrimiento pueda separarnos definitivamente de la verdad y del amor de Dios.
Él no nos promete una existencia privada de cruces. Promete que la cruz vivida con Él no será estéril; al contrario, dará mucho fruto.

Cuando nuestros proyectos se quiebran, quizá estamos viendo el final de aquello que habíamos imaginado, pero en ese final aparente se inserta el designio que Dios quiere realizar a través de nosotros. No llamemos fracaso a toda desposesión. No llamemos muerte a la semilla escondida en la tierra: está germinando aunque todavía no podamos verla. Jesús no fue apartado de la cruz: fue glorificado atravesándola. Y la última palabra no perteneció al sepulcro: el sepulcro está vacío, el muerto ha resucitado, la piedra rechazada se convirtió en piedra angular, el grano caído en la tierra produjo multitudes de hijos. 

Es necio intentar preservar nuestra vida reteniéndola como si nosotros fuéramos los propietarios de la vida. Lo más inteligente que podemos hacer es entregar la vida a Aquel que ha demostrado ser el Señor de la vida.
Jesucristo dijo:

«No acumuléis tesoros en la Tierra, donde la polilla y el herrumbre corroen, y donde los ladrones perforan las paredes y roban; sino acumulad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el herrumbre corroen, y donde los ladrones no perforan las paredes ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón».
[Mt 6,19-21]

Renunciemos, por lo tanto, a la pretensión de pertenecernos solamente a nosotros mismos y de ser los dueños de nuestros días. ¡Renunciemos a la soberbia y a la esclavitud del ego inferior! ¡Renunciemos al deseo de poseer a las personas a las que estamos unidos afectivamente! ¡Renunciemos a nuestros proyectos humanos y participemos conscientemente en los designios divinos! Y cuando nos parezca haberlo perdido todo, descubriremos que hemos alcanzado la fuente del Todo. Debemos depositar aquello que es efímero, para que Dios nos haga partícipes de aquello que ya no puede morir, para que podamos decir por Cristo, con Cristo y en Cristo: ¡yo he vencido al mundo!

Cuando nos parezca caminar sin conocer el camino, recordemos a Abraham.
Cuando delante de nosotros se levanten obstáculos inmensos, recordemos la apertura del Mar Rojo.
Cuando estemos aterrorizados por nuestra pequeñez, recordemos a Gedeón.
Cuando solo tengamos un puñado de harina, recordemos la confianza de la viuda.
Cuando el mandato nos parezca demasiado sencillo para ser verdadero, recordemos a Naamán.
Cuando delante de nosotros encontremos solamente huesos secos, pronunciemos todavía palabras de esperanza.
Cuando la herida nos parezca mortal, miremos la Cruz del Resucitado.
Cuando estemos consternados bajo la sombra de la muerte, recordemos que el sepulcro está vacío.
Y cuando nos parezca imposible que Dios pueda actuar a través de nosotros, oremos con la Santa Madre: «He aquí la sierva del Señor: hágase en mí según tu palabra». 

DEL CIELO A LA TIERRA 

LOS MANDAMIENTOS DE DIOS Y LOS DICTÁMENES DE SATANÁS

Moisés y la ruptura de las Tablas de la Ley. Cuadro de Gianfranco Antoni
Moisés y la ruptura de las Tablas de la Ley. Cuadro de Gianfranco Antoni

SETUN SHENAR COMUNICA:

HACE YA VARIOS AÑOS DE VUESTRO TIEMPO EN UNA REVISTA TERRESTRE, APRECIADA Y ESTIMADA POR NOSOTROS LOS  "ALIENÍGENAS", FUERON PUBLICADOS LOS MANDAMIENTOS DE DIOS Y LOS DICTÁMENES DE SATANÁS. LA REVISTA SE LLAMABA "NONSIAMOSOLI". LA MISMA ESTABA GUIADA POR UN MENSAJERO DE DIOS (EUGENIO SIRAGUSA), Y DOS TESTIGOS DE LA VERDAD (FILIPPO Y GIORGIO BONGIOVANNI).

REPETITA IUVANT HASTA QUE SEPÁIS QUE HOY LA SOCIEDAD HUMANA ESTA PEOR QUE AYER Y COMETE DELITOS PEORES QUE LOS MANDAMIENTOS DE SATANÁS.

EN CAMBIO QUIENES PONEN EN PRÁCTICA LOS MANDAMIENTOS DEL SEÑOR JESÚS CRISTO YA ESTÁN EN EL UMBRAL DEL REINO DE DIOS.

¡LEED! MEDITAD Y DEDUCID.

¡PAZ!

SETUN SHENAR SALUDA

Sant'Elpidio a Mare (Italia)

23 de Agosto de 2017

G. B.


MANDAMIENTOS DE DIOS


NO MATARÁS.

NO COMETERÁS ADULTERIO.

NO ROBARÁS.

NO LEVANTARÁS FALSO TESTIMONIO.

NO MENTIRÁS.

HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE.

AMA AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

Al inicio era la fuerza sin espacio;

Era la suma inteligencia.

Tú no eres capaz de hacer inteligible dicha fuerza y dicha inteligencia mediante una parábola cualquiera.

No tienes en absoluto el derecho a vivir ni a actuar en contra de las leyes de la naturaleza.

No tienes que ridiculizar, ni perseguir a tu Creador.

Actúa incansablemente en el pensamiento y en la acción, sabiendo perfectamente que el pensamiento representa la mayor fuerza y la herencia más alta de Dios.

No hacer ningún tipo de diferencia entre pobre y rico, entre joven y viejo, o entre la gente de color.

Honra la experiencia y respeta el sufrimiento.

Tu Creador desea que respetes la vida en todo el globo como la expresión de Su fuerza.

No lesionarás jamás a uno de tus semejantes, ni en su cuerpo, ni en su alma, ni en su reputación, ni en los bienes que él ha adquirido a través de su esfuerzo.

No engendrarás por placer, sino con un espíritu de abnegación.

Respeta a tu compañera como a quien tiene la total responsabilidad de llevar en su vientre el fruto de la vida como voluntad divina.

No seas celoso de ninguno de tus semejantes, de ningún pueblo, de ninguna raza, ni de ningún país.

No usarás jamás la fuerza, ni siquiera si crees que eres el más fuerte, o el agredido.

Sírvete del Logos (Espíritu Divino) en todas las dificultades y aleja de ti las opiniones de tus consejeros, o enemigos, que no esperan otra cosa que tu ruina.

Jamás confíes en tus sentidos porque solo tu alma es capaz de tomar la última decisión.


ESTOS SON LOS DICTÁMENES DE SATANÁS QUE SE OPONEN A LOS DE DIOS


MATARÁS

COMETERÁS ADULTERIO

ROBARÁS

DIRÁS FALSO TESTIMONIO

DESHONRARÁS AL PADRE Y A LA MADRE

ODIARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO

CREARÁS FALSOS ÍDOLOS

NO TENDRÁS Y NO LE DARÁS VALOR A LA VIDA

HARÁS Y AMARÁS LA GUERRA

TE DROGARÁS

ESTUDIARÁS Y ALIMENTARÁS UNA CIENCIA QUE INVENTA MÁQUINAS QUE PROVOCAN DESTRUCCIÓN Y MUERTE

RENUNCIARÁS A LA VIDA EN CONTRA DE TODA VOLUNTAD

PROVOCARÁS DOLOR PORQUE GENERA PLACER

SERÁS HIPÓCRITA

EL SENTIMIENTO QUEDARÁ CORROBORADO ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE EN FORMA EGOISTA

ADORARÁS LA INJUSTICIA COMO PILAR EN EL QUE SE APOYAN LOS VALORES ANTICRÍSTICOS

HARÁS MORIR DE HAMBRE

PROVOCARÁS LA MUERTE DE LA ATMÓSFERA, DE LAS AGUAS Y DEL SUELO EN EL QUE LOS ESPÍRITUS YA NO PODRÁN VIVIR CON ALEGRÍA

SERÁS INCIVILIZADO Y POR LO TANTO DETESTARÁS LA CIVILIZACIÓN

DIOS NO EXISTE EN TI NI MUCHO MENOS EN TUS PARES, ASÍ COMO TAMPOCO EN LAS DEMÁS COSAS VIVIENTES

NO AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO

SATANÁS ES TU ÚNICO DIOS

TE POSTRARÁS ANTE TU ÚNICO DIOS PRÍNCIPE DE ESTE MUNDO QUE LO ÚNICO QUE DESEA ES TU PERDICIÓN Y LA DE TODOS VOSOTROS

DEL CIELO A LA TIERRA

LA NAVIDAD DEL HIJO Y DEL PADRE EL PACTO Y LA LEY

SANTA NAVIDAD 2023

PRIMERA PARTE


¡SOY YO EL MAESTRO DEL AMOR, ESCUCHADME!

¡CELEBRAD MI RETORNO Y NO MI NACIMIENTO EN VUESTRO MUNDO!
QUE SE REGOCIJEN LOS ELEGIDOS, LOS BEATOS, LOS JUSTOS Y LOS LLAMADOS.
¡SI! QUE SE REGOCIJEN PORQUE EN VERDAD OS DIGO QUE YO YA HE REGRESADO Y SOY EL HUÉSPED INVISIBLE Y VISIBLE DE CADA UNA DE VUESTRAS CONVERSACIONES. ESTOY PRESENTE Y OPERANTE ENTRE VOSOTROS Y LOS SIGNOS QUE MI SERVIDOR POSEE EN EL ALMA, Y QUE INTERPRETA CON ENTUSIASMO Y SUFRIMIENTO EN EL CUERPO, SON LA PRUEBA VISIBLE DE MI VERDAD.
QUE SE REGOCIJEN LOS HERMANOS DE LA CONFRATERNIDAD DE JUAN PORQUE EN VERDAD OS DIGO: YO NO ESTOY SOLO. CONMIGO Y ENTRE VOSOTROS VIVE Y RESPIRA EL AIRE DEL HOMBRE AQUÉL QUE ES MI PADRE. EL INMORTAL CON EL CUAL SOY Y SOMOS UNA ÚNICA COSA.
OS HA SIDO DICHO A TRAVÉS DE MI SERVIDOR QUE NO EXISTE DIOS SIN CRISTO PERO EXISTE CRISTO SIN DIOS. EL ESCRIBIENTE OS HA HABLADO CON LA VERDAD. ¡EL PADRE SE DIGNA DE VISITAROS PORQUE CREÉIS EN MÍ QUE OS HE REDIMIDO CON MI PASIÓN EN LA CRUZ!
¡CELEBRAD POR LO TANTO MI RETORNO Y NO MI NACIMIENTO!
¡PRONTO ME MANIFESTARÉ ANTE EL MUNDO Y LOS JINETES DEL APOCALIPSIS (EL AGUA, EL AIRE, LA TIERRA Y EL FUEGO), CON SU POTENCIA PURIFICADORA, ANUNCIARÁN EL DESCENSO DEL CIELO, CON GLORIA Y POTENCIA, ¡DEL HIJO DEL HOMBRE!
LOS HIJOS DEL PRÍNCIPE DE ESTE MUNDO CELEBRAN EL NACIMIENTO DE UN NIÑO PURO, INOCENTE Y DIVINO. PENSANDO EN SUS MENTES PERVERSAS DE TORTURARLO Y MATARLO CON SUS PERVERSAS ACCIONES PARA QUE SE REPITA LA HISTORIA DE LA MATANZA DE LOS INOCENTES. UNA HISTORIA QUE SE REPITE CON LOS MILLONES DE NIÑOS TORTURADOS Y MATADOS EN VUESTRO PLANETA.
LOS HIJOS DEL PRÍNCIPE DE ESTE MUNDO SERÁN JUZGADOS SEVERAMENTE Y EL INMORTAL, A TRAVÉS DE SU ROSTRO EN EL MUNDO, LES OBSERVA UNO POR UNO PARA INDICÁRMELOS EN EL DÍA Y EN LA HORA DEL JUICIO.
¡ESTA ES LA VERDAD!
MI SERVIDOR NO ES MEJOR QUE VOSOTROS, PERDONO CADA DÍA SUS HUMANAS DEBILIDADES, PERO LE HE ELEGIDO PORQUE ES FIEL A MI POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.
NUNCA ME HA TRAICIONADO Y NUNCA ME TRAICIONARÁ.
¡CONFIAD EN ÉL!
¡PAZ!
EL MAESTRO DEL AMOR OS HA HABLADO Y OS OFRECE LA SANTA COMUNIÓN EN ESTE SANTO DÍA.


PLANETA TIERRA
25 de Diciembre 2023

G.B.

Segunda Parte

¡HIJO LEVÁNTATE Y ESCÚCHAME!
¡Si Señor, aquí estoy, te escucho!
¡ESCRIBE LAS NUEVAS TABLAS DE LA LEY PARA LA CONFRATERNIDAD QUE AMAS Y SIRVES Y QUE HE ELEGIDO COMO UNO DE MIS NUEVOS PUEBLOS ELEGIDOS!
¡Si señor, estoy listo, díctame!
HE AQUÍ LAS TABLAS DEL NUEVO PACTO QUE SANCIONÁIS CONMIGO, EL INMORTAL ADONAY SEÑOR DEL SOL Y DE LOS PLANETAS, DEL CIELO Y DE LA TIERRA.
1) CRISTO REDENTOR ES VUESTRO SALVADOR, MI MANIFESTACIÓN VISIBLE Y HUMANA EN LA TIERRA Y EN LOS PLANETAS DE LA TERCERA Y DE LA CUARTA DIMENSIÓN.
2) QUE EL AMOR, EL RESPETO, LA TOLERANCIA, LA HUMILDAD, EL SERVICIO, LA OBEDIENCIA Y EL PERDÓN PREVALEZCAN SIEMPRE ENTRE LOS HERMANOS DE LA CONFRATERNIDAD.
3) NO JUZGUÉIS NUNCA A NADIE, HOMBRE O MUJER, SEÑALAD CON EL DEDO AL MAL, SI ES NECESARIO, PERO DEJAD EL PROCESO Y EL JUICIO A LOS JUSTOS QUE HE MANDADO SOBRE LA TIERRA. NO JUZGUÉIS Y NO HAGÁIS NUNCA MAL A LOS NIÑOS, PORQUE LAS REPRESALIAS DE MI IRA PROVOCARÍAN LA SEGUNDA MUERTE A QUIÉN HA COMETIDO ESTE DELITO.
4) NO ALIMENTÉIS SENTIMIENTOS DE VENGANZA O DE ODIO EN CONTRA DE QUIENES OS HAN TRAICIONADO, QUE OS ODIAN O QUE OS PERSIGUEN. IGNORADLOS Y, SI SE ARREPIENTEN, PERDONÁDLES EN CAMBIO DE SU COLABORACIÓN HACIA LA VERDAD Y LA JUSTICIA.
5) QUE LA VERDAD PREVALEZCA SIEMPRE POR ENCIMA DE TODO Y DE TODOS. EL SENTIMIENTO HUMANO, MATERNO, FRATERNO, FILIAL, DE AMISTAD.
NO TRAICIONÉIS NUNCA LA VERDAD CON LA OMERTÀ Y EL SILENCIO. SÓLO LA VERDAD OS PUEDE HACER LIBRES, PERO LIBRES DE VERDAD.
6) SED SERVIDORES DE LOS JUSTOS, SUS ACCIONES Y SUS OBRAS EN EL MUNDO SON MI VOLUNTAD EN HONOR DE LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD Y DE LA JUSTICIA QUE HAN CAÍDO POR MANOS DEL ANTICRISTO.
7) RECORDAD SIEMPRE Y CONSTANTEMENTE QUE LOS ELEGIDOS Y BEATOS EN EL MUNDO SON AQUELLOS QUE CUMPLEN ACCIONES COTIDIANAS A FAVOR DE LA VIDA, DE LA VERDAD Y DE LA JUSTICIA CONTRA EL SISTEMA CRIMINAL DEL MUNDO, CONTRA LAS GUERRAS, EL ODIO Y LA VIOLENCIA.
SÓLO ELLOS Y NO OTROS SON SALVOS EN EL ESPÍRITU.
SON Y SERÁN SALVOS LOS CREYENTE EN DIOS, LAICOS, AGNÓSTICOS, ATEOS, TODOS LOS QUE HACEN MI VOLUNTAD EN SUS ACCIONES AUNQUE DIGAN QUE NO ME CONOCEN EN LA FE. NO ES UN DELITO, SOY YO QUE RECONOZCO SUS OBRAS Y ME RECORDARÉ DE ELLO EN EL ÚLTIMO DÍA.
HE AQUÍ HIJO, ESTOS SON LOS NUEVOS MANDAMIENTOS PARA TODOS.
HAZ CONOCER A TODOS ESTOS DICTÁMENES MÍOS.
GRACIAS HIJO, TE AGRADEZCO Y TE COMPENSO CON TODO LO QUE ES NECESARIO PARA TU FAMILIA Y PARA TODOS LOS QUE SON TUS AMIGOS.
NO OLVIDES HIJO, TODOS TUS AMIGOS, MUJERES, HOMBRES Y NIÑOS TAMBIÉN SON LOS MÍOS. ¡SOY HONRADO DE SERLO!
¡Señor, pero qué dices!
Soy yo honrado y servidor tuyo en los siglos de los siglos.
Señor, haré lo que me has pedido.
Ciertamente, Señor, como tú quieras Señor.
LA PAZ ESTÉ CONTIGO HIJO, HASTA PRONTO, SOY EL INMORTAL, LA LUZ EN TU SOMBRA, EL ALMA DE TU ESPÍRITU Y LA MENTE DE TU CUERPO.
TU ADONIESIS.
SANTA NAVIDAD 2023
¡PAZ!


PLANETA TIERRA
25 de Diciembre 2023
G. B. 

Tercera Parte

NO HE VENIDO A ABOLIR LOS DIEZ MANDAMIENTOS Y LA LEY, SINO A RENOVARLOS.
EN EL MONTE SINAI, EN UN RELÁMPAGO DE FUEGO, CON EL ROSTRO SOLAR QUE ME REPRESENTA A MI MISMO Y LA IMAGEN DE MI ESPÍRITU, HE TRANSMITIDO LOS 10 MANDAMIENTOS VÁLIDOS Y NO SUSTITUIBLES DESDE LA ÉPOCA DEL PATRIARCA MOISÉS HASTA HOY.
YO, EL INMORTAL, RENUEVO ESTOS MANDAMIENTOS CON LOS DICTÁMENES QUE HE TRANSMITIDO AL ESCRIBIENTE EN EL MENSAJE DE LA SANTA NAVIDAD 2023.
ESTO PARA SER CLAROS, TRANSPARENTES Y NO HIPÓCRITAS.
PAZ.
VUESTRO ADONIESIS

PLANETA TIERRA
25 de Diciembre 2023
G. B.


P. S. Leed nuevamente el mensaje transmitido al escribiente:
-Los mandamientos de Dios y la Ley Universal

Adjuntos:
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