“China rechaza el modelo de élite tecnocrática de Silicon Valley”

Doctor en Ciencias Sociales, en la Universidad de Fudan en Shanghái hizo un estudio comparativo entre China, Europa y Estados Unidos, con sus lógicas divergentes sobre cómo controlar el uso de la IA. Cómo opera la "cosmotécnica" en los desarrollos tecnológicos y cuál es el freno que el capital le está poniendo al capitalismo.
Por Julián Varsavsky
Hernán Borisonik es Doctor en Ciencias Sociales (UBA), especialista en filosofía política, investigador del Conicet y profesor en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), donde dirige el Centro Ciencia y Pensamiento, un espacio dedicado al cruce entre estudios sobre tecnologías digitales, posthumanismos y planetariedad. Sus intereses giran en torno a una teoría filosófica del dinero y las criptomonedas, y cuestiones ligadas a las economías digitales y las prácticas artísticas contemporáneas. Ha publicado los libros Dinero sagrado y ¿Un futuro automatizado? (junto con Facundo Rocca). En diálogo con Página/12, cuenta su experiencia en la Universidad de Fudan (Shanghái) —una de las más importantes en humanidades en China— donde investigó los fundamentos filosóficos para una regulación global de la inteligencia artificial. Allí visitó el Institute of Technology Ethics, que tiene una línea de trabajo específica para lo que en China llaman "el futuro de la humanidad", y el Instituto de Desarrollo Humano de Fudan. Borisonik estudia estos temas de manera comparativa entre Chinay Occidente.
—El filósofo hongkonés Yuk Hui parte del concepto de "cosmotécnica", la forma con que cada cultura da sentido a la tecnología. ¿Qué observó usted sobre cómo se piensan los desarrollos digitales desde la perspectiva china?
—La cosmotécnica es la idea de que la tecnología no es universal y neutral, sino que emerge de y está entrelazada con los cosmos (concepciones del orden, la naturaleza y lo divino) particulares de cada civilización. No se puede aplicar a todo (y China no es "una sola cosa"), pero es un concepto útil para trazar la historia de muchos avances. Lo primero que aparece es que en Europa y EE.UU. el centro de atención en materia de derechos es el individuo: todo se arma en torno del derecho individual. Mientras que en China se piensa más en términos de Estado y las regulaciones se arman desde ese punto de partida.
—Un tipo de pensamiento orientado al grupo por sobre el individuo: confucianismo medular.
—Sí, después de mucho tiempo fuera del discurso oficial, hoy vuelve a estar presente la ética confuciana. Tengamos en cuenta que, tanto en China como en el lado occidental, hay distinciones valorativas, más allá de que en los hechos a veces se puedan pensar como unidades. Por ejemplo, mientras que en Europa se privilegia un marco ético y jurídico centrado en la dignidad y los derechos, el modelo estadounidense prioriza una lógica de mercado que enfatiza la innovación, la escalabilidad y la dinámica de la producción. En EE.UU. regulan a partir de lo que se suele llamar "soft touch", es decir, que la regulación nunca puede frenar el desarrollo privado o del mercado. En Europa, en cambio, se permite algo de eso y consideran que la tecnología puede ser dañina si queda fuera de control. Francia está decidiendo prohibir las redes sociales a menores de 15 años.
—¿Y China cómo lo enfoca?
—En China es al revés: a partir del Estado se desarrolla todo lo demás. En los últimos años se recuperó una narrativa que se puede rastrear en textos milenarios, que es la idea de armonía social como estrategia política. Se dice que el crecimiento tiene que ser armónico, teniendo en cuenta a los jóvenes y las próximas generaciones. Esto implica pensar en qué tipo de energía se va a usar. Hoy China es vanguardia en energías renovables. En Occidente se observa más bien un proceso que implica, primero dar libertad al mercado y regular después desde el Estado. Entonces siempre se regula por detrás de las innovaciones digitales. Con la energía nuclear no había sido así, porque no había otros actores tan potentes como el Estado para desarrollarla. En cambio, en cuestiones digitales y ligadas a la IA, en Occidente priman los actores privados y el Estado corre por detrás.
—¿En China se regula antes?
—No necesariamente, pero hay un entramado más complejo entre el Estado y los privados. Y hay un tercer actor que es el Partido Comunista. Es decir, hay funcionarios del Estado y además líderes regionales del Partido, que trabajan por separado. Entonces existe un tejido entre esos tres actores que buscan una especie de "balance" antes del avance. No digo que sea la panacea, pero así funciona. En China hay una cercanía mayor entre los actores que facilita algunas decisiones. Por ejemplo, si tomamos la relación entre las universidades y el Estado, en Argentina están cada vez más separados, incluso el Estado parece estar en guerra contra la universidad y la investigación. En China es al revés: están muy comunicados y dentro de las universidades hay institutos o departamentos en directa relación con partes del Estado para pensar regulaciones, políticas públicas, innovaciones.
—En EE.UU. parece importar más el derecho individual del empresario, como si una regulación vulnerara a ese sujeto.
—Más que el derecho del empresario, es el derecho de la empresa. En algún momento, a comienzos del neoliberalismo en los '80, las empresas lograron forzar ante la Corte Suprema de EE.UU. una interpretación de la 14ª Enmienda de la Constitución y ahí obtuvieron una serie de derechos. Y los profundizaron luego del fallo de la Corte Suprema en el caso "Citizens United" en 2010 que permitió la participación de las empresas en campañas electorales. Fue entonces que los derechos de las empresas comenzaron a pesar más que los individuales de las personas físicas. Otro caso es esa foto cuando asume Trump su segundo gobierno con todo Silicon Valley detrás, que muestra cómo es el armado hoy en los EE.UU.: el Estado –casi reducido a un "jefe"– va de la mano con el derecho de las grandes empresas tecnológicas (las "Big Tech"). Es la idea de que el avance de las empresas es lo primordial. Y después, el derecho de las personas.
-¿Y qué ocurre en China?
-Diría que cuando algo privado avanza, es porque ya tiene el visto bueno del Estado. Un ejemplo puede ser la prohibición del uso de videojuegos de lunes a jueves para menores de edad, desde 2021. Eso responde a un entramado más profundo entre lo privado y lo público. Como hay libertad de empresa, cualquiera puede armar una compañía privada o una startup, pero en el momento en el que esa empresa tiene un cierto peso -municipal, provincial o nacional- ahí interactúa con el Estado más fuertemente. En general, las empresas grandes tienen dentro del directorio a personas del Partido y del Estado. Y no es que caen después como paracaidistas, sino que ya el armado mismo vincula de cerca a los tres actores.
—Hay proverbios en la cosmovisión confuciana que tienden a apaciguar el orgullo individualista: "Al pájaro que lidera el vuelo le disparan primero"; "Si un árbol sobresale en el bosque, el viento lo derribará"; "Ocultar la luz y acumular discreción". Al creador de Alibaba –equivalente chino de Amazon— Jack Ma, lo pararon en seco cuando quiso expandirse a los negocios financieros acumulando mucho poder, y criticando las regulaciones estatales como un neoliberal occidental.
—Eso sucede en China si alguien se sale demasiado de la esfera de lo deseable: el Estado tiene el poder para frenarlo. Aristóteles también decía que el ostracismo era para quienes sobresalían tanto, que podían poner en riesgo al conjunto. Su metáfora era "cortar las espigas de trigo demasiado altas". Es la idea clásica de que no es bueno para la sociedad que un actor se destaque mucho y acumule demasiado poder.
—Los últimos tres presidentes chinos han sido ingenieros. Históricamente, el emperador tenía como función central regular las aguas del río Amarillo. Si se desbordaba, era una catástrofe. Y si no la distribuía bien por una inmensa red de canales, morían el arroz y la gente detrás. El Estado confuciano siempre fue ingenieril.
—Ahora también es algo así como un Estado ingeniero -tal vez ingeniero en sistemas o industrial- que apuesta a ser la vanguardia mundial en Inteligencia Artificial. Y es posible que ya lo sea. China es un Estado digitalizado casi en su totalidad. Y gran parte del cruce de los datos que se generan, está disponible para el Estado. Comparemos con EE.UU.: Meta tiene una cantidad impresionante de datos de comportamiento, pero no tiene acceso total a los datos fiscales, de seguridad social o financieros. Hay distintos actores que compartimentan los datos de la misma persona. En China, por un lado, se generan más datos por habitante. Y además, mucha de esa información puede ser tomada directa o indirectamente por el Estado: fijate el ejemplo de WeChat, que es el WhatsApp chino pero muchísimo más potente, porque es red social, medio de pago y gestor de servicios públicos. WeChat es una plataforma que captura las huellas digitales del consumo, las interacciones sociales y la movilidad de sus usuarios. Además aloja micro aplicaciones que gestionan desde citas médicas y declaraciones de impuestos hasta reservas de tren. Todo esto es procesado por algoritmos.El Estado chino accede por ley a este flujo integral de datos en tiempo real y los puede combinar con las cámaras de vigilancia urbana, el historial crediticio, etc.
—Cuando dice que quizá China ya sea líder mundial en IA está hablando de acumulación de datos —big data— y capacidad de procesamiento. ¿En la calidad tecnológica de la IA generativa están al mismo nivel que EE.UU.? ¿Lo han sobrepasado? ¿DeepSeek es tan bueno como ChatGPT?
—No lo podría decir con una certeza absoluta. DeepSeek funciona mejor en lo que tiene que ver con China. Y ChatGPT funciona para lo que tiene que ver con el "Norte" de Occidente, por una cuestión de base de datos: cada uno está mejor alimentado de datos locales. Pero creo que a nivel de calidad o de posibilidades, son similares. China tiene un mayor acceso a datos para entrenamiento, justamente porque cruza esa inmensidad de información de la que hablábamos. China ya es líder en IA aplicada y de datos masivos, y en IA generativa es un contendiente de primer nivel que iguala la calidad en muchos frentes. El liderazgo occidental en chips y algoritmos pioneros aún persiste, pero se viene erosionando. La verdadera ventaja china es la integración total entre datos, aplicación y regulación, algo fragmentado en Occidente.
—La otra gran diferencia es que DeepSeek es gratis mientras que ChatGPT, solo en parte.
—El modelo de negocio DeepSeek es muy distinto. ChatGPT busca que se te agote el tiempo gratuito para que te pases a un plan pago, mientras que DeepSeek se quiere posicionar como "servicio" gratuito para el usuario de a pie. Además, OpenAI anuncia que seguirá teniendo pérdidas hasta 2030 y que necesita inversión. Se habla de una burbuja sobre Silicon Valley porque a esas empresas de IA no se les ve con claridad el negocio. El asunto es que a partir de ellas, sus dueños dicen que llegarán a la Inteligencia Artificial General (AGI) que hipotéticamente revolucionará todo.
—También es cierto que DeepSeek invirtió muchísimo menos que Open IA para llegar al mismo lugar. Incluso contamina menos. Esta es una clave del modelo tigreasiático que no inventaron los chinos. Esperan a ver en qué invierte EE.UU. y van detrás: lo copian, alcanzan y mejoran. Es asombroso que sea la misma estrategia taoísta de El arte de la guerra de Sun Tzu: aprovechan la fuerza enemiga en su beneficio con suma paciencia. ¿La diferencia financiera en DeepSeek es está financiada desde el Estado cubriendo sus pérdidas?
—DeepSeek es un producto de la empresaShēndù Qiúsuǒ, una compañía privada china. Como muchas startups de IA, es muy probable que haya accedido a fondos públicos del sector, comunes en ese ecosistema (también en Occidente). Pero no hay evidencia concluyente de que el Estado chino sea inversionista directo o controle su operación. Es interesante que lo que empujó a DeepSeek fue una restricción de exportaciones de chips estadounidenses a China: esto los llevó a optimizar recursos limitados y a diferenciarse de los actores occidentales. Cuando lograron presentar un modelo de IA generativa sorteando la imposibilidad de usar los chips de NVidia, provocaron grandes caídas en la bolsa en EE.UU. Porque demostraron que es posible la irrupción de una IA competitiva bastante más barata. En realidad, aunque sea de código abierto, su modelo sigue una lógica de mercado bastante típica: capitales de riesgo, clientes empresariales y una estrategia "freemium" -da un servicio "premium" gratuito- agresiva para ganar posición global. Y también se la puede pensar como una herramienta del "soft power" chino. Lo que se sabe sin dudas es que DeepSeek se financia con inversión de riesgo y que hace sus ganancias con planes empresariales y a medida: vende algoritmos de IA personalizados. Los usuarios gratuitos son una estrategia de crecimiento, porque generan un público masivo que a la vez aporta datos que engrosan las bases. Lo que la empresa supone es que si se torna una infraestructura global en el futuro, la monetización llegará por otros canales.
—Yuk Hui habla de una cosmotécnica china tradicional dejada de lado desde fines del siglo pasado: tomaron la racionalidad occidental que busca el camino corto y directo al objetivo. Mantienen la idea de la paciencia estratégica. Pero abrazaron el modelo de la racionalidad occidental basada en el estudio del resultado a partir del experimento, que habían rechazado en siglos anteriores. En 1979 crearon un nodo capitalista en Shenzhen, funcionó y lo replicaron. Parece una combinación del pragmatismo taoísta con el racionalismo occidental: un turbo-capitalismo.
—El tema de la copia tiene una perspectiva particular en China. Es el país más avanzado del mundo en términos de copia en general. Hay copia de todo: desde ropa a tecnología, pasando por réplicas idénticas de barrios europeos. Hay menos pruritos en distinguir entre original y copia, en comparación a nuestro punto de vista. Pero al mismo tiempo, tienen su propio método de desarrollo, que no es solamente esperar, sino también anticipar y construir un camino propio sobre cómo hacer las cosas. A la vez, haber entrado al juego más tarde que EE.UU. es en un punto ventajoso: eso hizo que hubiese un norte ya presente, un jugador al que alcanzar y vencer. El gobierno chino tiene una gran voluntad de ser el próximo líder tecnológico en IA y China es un país muy competitivo hacia el interior (hay mucha presión) con la firme intención de que en poco tiempo puedan convertirse en la primera potencia en IA.
—Da la impresión que la batalla por la industria automovilística la está ganando China contra EE.UU. y Europa.
—En este rubro eso se ve con más claridad, sobre todo por el tipo de energía a la que apuestan –la eléctrica- y me da la impresión de que incluso las empresas alemanas están yendo a mirar a China, más que los chinos a Occidente. Hay que considerar que en China no existe el estilo de lobby que opera desde las grandes automotrices europeas y norteamericanas sobre sus propios gobiernos. Entonces, el gobierno pudo tomar la decisión estratégica, centralizada y sostenida de comenzar una transición estructural desde el motor de combustión fósil hacia la movilidad eléctrica, como política de Estado. China dio este paso antes que Occidente y se está consolidando como líder global en la industria de vehículos eléctricos, tanto en capacidad productiva como en control de la cadena de valor tecnológica (baterías, minerales críticos, infraestructura y escalamiento industrial).
—Es significativo que la ecología como ciencia nace en Occidente el siglo XX. Mientras que China en su primera etapa de desarrollo industrial a fines del siglo XX depredaba de manera monstruosa. En pocos lustros eso se va dando vuelta.
—En pocas décadas se dio un fuerte vuelco y hoy el discurso chino es absolutamente ecológico. Habría que ver qué pasa con sus inversiones en el extranjero, pero el hecho es que la forma de trabajar adentro de China es totalmente pro energías renovables, pensando en la continuidad del mundo. Allí está muy presente la reflexión sobre las próximas generaciones. Eso se ve en el nivel gubernamental, universitario y empresarial.
—El punto más débil de la democracia liberal es el poder del lobby que en EE.UU. es legal, una suerte de legalización de la corrupción: los legisladores representan a tal sector que les paga la campaña. En Europa y EE.UU. el lobby automovilístico frenó su transición a la energía eléctrica, lo cual frenó el desarrollo tecnológico. Trump apuesta a los combustibles fósiles mientras niega el cambio climático porque perjudica negocios. Resultado del lobby en EE.UU., ahora China les está ganando la carrera.
—Este es un ejemplo perfecto de cómo funciona la historia desde el punto de vista marxista. Hay un momento en el cual la clase dominante, en lugar de hacer avanzar la historia, empieza a retrasarla: el avance se le escapa de las manos porque implicaría ampliar quién participa de esa clase dominante. Esto es lo que vemos en EE.UU.: hay un retraso del avance eco-tecnológico porque implicaría un traspaso de poder o compartirlo con nuevos actores. Y quienes hoy dominan la industria –Ford, Chevrolet, Fiat, Volkswagen– no están dispuestos a hacerlo. No es que no acepten la energía renovable o los nuevos motores: no aceptan perder centralidad. La transición eléctrica implica nuevas empresas y nuevas formas de acumulación. Lo que hacen es intentar que la transición exista, pero bajo su control y en un plazo en función de sus beneficios (no en mejoras a nivel ambiental). Cuando eso no es posible, frenan ese cambio. Por eso el problema no es técnico, sino político y estructural.
—China parece avanzar más rápido en la legalización de los autos sin chofer. Y aquí China es menos reguladora: permite más rápido que Occidente el uso de ciertas tecnologías que no están tan testeadas. Legalizar el auto común fue resignarse a que mucha gente moriría. Con los autos autónomos es igual, a riesgo de accidentes con humanos. El objetivo gubernamental es ganar esa carrera tecnológica porque esto genera un desarrollo del país y eleva el nivel de vida general. Por lo tanto -como el valor supremo es el grupo- se sacrifica lo que sea necesario a nivel individual.
—Yo diría que esa idea de armonía que circula hoy en China hace que, a veces, tenga que ceder un sector y a veces otro; y que el valor principal esté puesto en China como totalidad, antes que en cualquiera de sus partes. Lo que hacen es habilitar "sandboxes regulatorios" -espacios controlados donde usar nuevas tecnologías, como los coches autonomos- que proporcionan un entorno de prueba relativamente flexible para productos estratégicos y luego lo escalan: están dispuestos a arriesgar más al principio, en función del objetivo mayor.
—En Occidente hay temor a que estalle la burbuja financiera de la IA ante la falta de perspectivas de negocio. Ya pasó en 2001 con las empresas punto.com de Silicon Valley. La escasa regulación en Occidente hace que el capitalismo tienda a las crisis financieras como la de 2008. ¿Un capitalismo más regulado como el chino tiene más anticuerpos contra esto?
—Esa fue la sensación que tuve estando allí: que la IA en Silicon Valley puede llegar a ser una burbuja, mientras que en China la IA forma parte de una economía más solidificada. En Occidente la IA parece una carrera de startups financiada por capital de riesgo, con la salida hacia la bolsa como horizonte. Eso genera ciclos de euforia y pánico, como el que mencionás. En China hay todo un sistema en el que lo público, lo académico y lo industrial están alineados por una estrategia estatal, apuntalando el desarrollo de forma que no sea una burbuja y que tenga continuidad en el tiempo. La intención es que el sistema tenga vida en el largo plazo. Entonces, a través de políticas, créditos dirigidos y prioridades de investigación, direccionan los recursos hacia sectores estratégicos, amortiguando los vaivenes puramente especulativos. Eso tiene sus pros y sus contras, pero me parece que no se privilegia solo a la parte inversora privada, como en EEUU.
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