ECOLOGIA EMOCIONAL
No habrá salud del planeta sin salud emocional humana
Cada vez son más las voces que alertan de que la crisis climática no es solo un problema ambiental, sino también un síntoma profundo del malestar humano. Una de las pioneras en unir ambos planos es Mercè Conangla, psicóloga, escritora y cofundadora junto a Jaume Soler de la FUNDACIÓN ECOLOGÍA EMOCIONAL, en Barcelona – España- que está cumpliendo 30 años, impulsando una nueva mirada sobre las emociones y su impacto en el planeta.

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Por Estela Casado y Mirtha Susana Rodríguez
La degradación de la Tierra es el reflejo de una contaminación interior que se manifiesta en la desesperanza, la ansiedad, la soledad o la pérdida de sentido vital. Frente a ello, nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras emociones afectan al equilibrio del planeta, cómo cultivar una ecología interior sana y por qué la esperanza y la ternura pueden convertirse en fuerzas revolucionarias para transformar el mundo.
Los humanos estamos interconectados entre nosotros y con el planeta y, lo que ocurre en una parte, afecta a las demás. Los fuertes desequilibrios que estamos provocando en la cadena de la vida se reflejan en nuestra salud física, emocional y mental. Esta crisis nos afecta a nivel del incremento de sufrimiento, empeoramiento de la salud mental y emocional: depresión, ansiedad, ecoansiedad, pandemia de soledad, angustia, además se globaliza la indiferencia...
Datos recientes nos dicen que hay un 45% de jóvenes en riesgo y que se incrementan las adicciones, las autolesiones y el riesgo de suicidio. Sienten un vacío provocado por la soledad y la falta de calidad de las relaciones interpersonales así como el convencimiento de que "no hay esperanza" para ellos.
Y, una generación de personas sin esperanza es una generación de personas desconectadas a la vida que se pueden orientar a destruir. Es urgente adoptar medidas sincrónicas para cuidar al mismo tiempo el planeta y la salud emocional humana. Si no lo hacemos a la vez, no va a funcionar.
Llamamos Clima Emocional al cóctel de emociones que emitimos o que recibimos de los demás o del medio y que tanto nos pueden generar malestar como bienestar. En función de cómo gestionamos lo que sentimos, podemos ser generadores de paz o de violencia, de alegría o de tristeza, de confianza o desconfianza, de armonía o de caos.
Así pues, la primera responsabilidad radica en nosotros mismos. Las emociones que aportamos a los diferentes ecosistemas en los que participamos, son pertinentes y tienen impactos tanto en el sentido de la destructividad como en el de la creatividad amorosa (para nosotros, la bondad).
Ya en el siglo pasado el humanista Erich Fromm nos trasladó este mensaje:
"Toda la energía que no dirigimos a crear se convierte en energía destructiva"
Es clave practicar una bondad activa porque, por mejores valores pensados que tengamos, si no los aplicamos en forma de acciones y buenas prácticas bondadosas en nuestro día a día, esta energía se perderá y las fuerzas de destrucción ganarán territorio.
Muchas personas pequeñas, en lugares pequeños, haciendo acciones pequeñas pueden transformar el mundo a mejor.
El ecosistema político necesita ecología emocional y orientación a la bondad
El liderazgo político tiene un gran impacto en la vida de los ciudadanos y necesitamos personas que unan el deseo de servir a unas capacidades desarrolladas de gestión emocional y orientación a la bondad.
Hay esperanza, pero para cambiar el mundo debemos repensarlo y actuar. Y para hacerlo debemos repensarnos a nosotros mismos y nuestro papel como humanidad, y esto empieza por un estado mental y emocional de serenidad interior y continua mediante actos de bondad en acción en nuestro día a día.
Para crear un mundo mejor necesitamos carácter y fuerza emocional, pensamiento crítico, generar belleza, activar la ternura y la compasión. Es imprescindible poner nuestros talentos y nuestra generosidad a su servicio. Y, sólo si conseguimos hacer un cambio de dirección, integrando mejores valores-acción, podremos conseguirlo.
Vivimos en una sociedad acelerada, todo es rápido e instantáneo. Forzamos los ritmos. Vamos de cara a los resultados, aunque esto suponga saltarnos etapas de los procesos, o alterarlas. Y eso es precisamente el camino equivocado. Necesitamos anclarnos en la serenidad interior y aprender el arte de la pacienciología.
Nos han entrenado para obedecer y ser sumisos a los mandatos de lo que llamamos "autoridad", sean nuestros padres, maestros, jefes…etc. Pero la desobediencia emocional es necesaria tanto a nivel individual como colectivo.
No tenemos que obedecer órdenes que surgen del miedo, de la ira, del resentimiento, de la venganza… no tenemos que obedecer las emociones que surgen de nuestro interior sin conectar lo que sentimos con nuestra capacidad de razonamiento y con nuestros valores personales. Permitir que ellas nos manden es peligroso.
Esta capacidad que nos permite ser más autónomos en nuestro camino, ser valientes para discrepar a pesar de la presión del grupo y desobedecer a los estereotipos que se nos quieren imponer sobre lo que es oportuno o no sentir.
Esta capacidad nos puede salvar la vida individual y colectiva como humanidad.
Se está hablando mucho de la ecoansiedad o culpa ante el deterioro del planeta. Podemos generar la conciencia de que los seres humanos somos naturaleza y que, por tanto, ella (la naturaleza), no es ajena a nosotros mismos. Recordar cada día que la Tierra es nuestra casa, nuestra Pachamama. Tomar sólo lo que es necesario evitando acaparar recursos y el "por si acaso".
Educar en la conciencia de que no es posible la neutralidad. Compartir experiencias de generar y cuidar la vida y entrenar a diario el "músculo de la humildad".

FUENTE:
https://www.cuerpomente.com/psicologia/merce-conangla_18166
Biografía M. Mercè Conangla
Fundadora con Jaume Soler de Fundación Ecología Emocional (1996). Ella la preside desde 2016. Es asesora pedagógica del IREECP (Instituto de Investigación en Ecología Emocional y Crecimiento Personal) y del Instituto de la Bondad en Acción, ambos dirigidos por Jaume Soler.
Es creadora con Jaume Soler del modelo de Ecología Emocional (2002) y del sello "OEE" (Organizaciones Éticas y Emocionalmente Ecológicas) que potencia el compromiso hacia la calidad ética y emocional de las mismas.
Psicóloga con especialidad clínica y educativa, enfermera y escritora. Se ha especializado en Educación Emocional, entrenamiento en competencias de liderazgo y comunicación no verbal y en el diseño de proyectos de Transform-Acción organizacional.
Colabora con varias universidades (Universitat de Barcelona, Universitat Ramon Llull, UOC y Universitat Pompeu Fabra), hospitales e instituciones como consultora, conferenciante, formadora y dinamizadora de equipos de trabajo.
En 2020 recibe nombramiento como miembro honorario de la Academia Mexicana de Educación y se le otorga la presea Atenea otorgada anteriormente solo dos veces, por la aportación a la educación mundial del Modelo Ecología Emocional.
Conferenciante internacional. Con Jaume Soler imparte conferencias en España y Latinoamérica. Conjuntamente, han escrito veintiséis libros que despliegan el modelo Ecología Emocional, algunos de los cuales han sido traducidos en francés, inglés, portugués, italiano y búlgaro. Ya son 28 libros. El último "Cambio Climático Emocional"(Editorial Amat), publicado en 2022 y "EmoCuentos: Un corazón repleto de emociones (Ediciones Parramon).
En el momento actual dirige su energía intelectual y emocional hacía el proyecto social de Fundación Ecología Emocional, casa madre del modelo. Junto con Jaume Soler se están volcando en la investigación y en la aplicación de todo lo aprendido y generado durante los 30 años de existencia de la misma, para mejorar el bienestar personal, emocional y social, así como un mayor y mejor cuidado del planeta.
