ESTOY CONFLICTUADA

11.04.2026

Compartimos una reflexión de una gran luchadora cordobesa, María Gabriela Mar TABORDA VARELA, actualmente vive en el Valle de Punilla y tiene una formación académica variada: es Psicóloga Social de la Escuela del Dr. Pichón Riviere, Comunicadora Social, militante de derechos humanos en Córdoba y militante de Asambleas ambientales de Punilla, de los pueblos originarios del Valle y de Santiago del Estero. También se formó como acompañante terapéutico en Salud Mental.  















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Por Mirtha Susana Rodríguez y Estela Casado

Tiene una hija con discapacidad y pese a todos los pronósticos médicos que le dieron diciéndole que no podría caminar, logró que lo hiciera llevándola al río a nadar, a escalar las Sierras, etc., por eso expresa:

"Lo más significativo es que el monte, el agua y la naturaleza le devolvieron la vida a mi hija, esto me llevó a defender la Madre Tierra porque defenderla, es proteger la salud de nuestros hijos, es vivir de manera sana".

Su declaración es la siguiente y así la titula:

Estoy atravesando un conflicto interno

"Por un lado, escucho a la gente quejarse: que llueve demasiado, que hay que arreglar La Cañada, que una gota más y se inunda todo, que los desagües no dan abasto, que los ríos se desbordan. Reclaman, y estas son las consecuencias del desmonte y del exceso de cemento.

Pero por otro lado, no puedo dejar de pensar: esto ya lo advertimos.

Se advirtió desde las luchas ambientales, desde los territorios, desde las campañas. Se dijo con claridad qué iba a pasar si se seguía desmontando, si se seguía cementando, si se seguía avanzando sobre los ecosistemas como si fueran un obstáculo y no como sistemas vivos.

Y nos convocamos una y mil veces. No siempre fue fácil: también hubo tensiones, egos y hasta formas de desgaste y disciplinamiento que hicieron que muchas y muchos se alejaran. Aun así, lo que se advertía era claro.

Y ahí aparece mi conflicto.

Porque muchas de las mismas personas que hoy reclaman son quienes acompañaron, votaron o legitimaron a personas y políticas que iban en contra de eso que decían defender. Y me cuesta no cruzar lo personal con lo político, pero a este nivel de destrucción ya no es posible separarlo.

No se trata de estilos, ni de discursos cercanos, ni de formas "amigables". No se trata de cómo hablan o cómo se muestran. Se trata de decisiones concretas que tienen consecuencias concretas.

Hoy piden contener los ríos para que los autos puedan cruzar. Pero el río siempre va a intentar volver a su cauce natural. No es el río el que tiene que adaptarse: somos nosotros los que tenemos que aprender a esperar, a entender y a respetar.

Las imágenes de autos bajo el agua no son una sorpresa. Son la consecuencia.

La consecuencia de rutas innecesarias que atraviesan lo que antes eran montes que absorbían el agua. La consecuencia de un modelo que llama "progreso" al desmonte. En Punilla hay más rutas, pero no hay más trabajo. En Cruz del Eje se desmonta para proyectos que prometen desarrollo, pero lo que dejan es deterioro.

Y entonces me pregunto:

¿Me enojo con quien hoy reclama?

¿O simplemente contemplo las consecuencias de lo que venimos advirtiendo?

Porque una y mil veces pedimos que salieran a defender, y fuimos menospreciadas.

Sí, estoy conflictuada. Porque veo el deterioro en la salud de las infancias, en el vínculo cada vez más lejano con la naturaleza, y eso también duele.

Porque muchas pusimos el cuerpo. Salimos a la calle. Defendimos ese árbol, ese río, esa casa común. Y no fuimos escuchadas.

Quienes estuvimos en esos procesos también sabemos que no solo hubo indiferencia: hubo maltrato, intentos de desgaste e incluso persecución. No es casual.

Pero también hay algo más profundo: 

La forma en que pensamos los territorios. Si pudiéramos comprenderlos desde una mirada más cercana a la antropología —como sistemas vivos, como entramados de relaciones— quizás no estaríamos en este punto. Pero el lenguaje dominante los nombra como "recursos estratégicos", "herramientas". Y esas palabras no son inocentes: construyen una forma de ver y entender el mundo.

Antropológicamente, las sociedades han tendido a identificarse con élites de las que nunca formarán parte. Y en esa identificación también se acepta el desmonte, la contaminación y el avance sobre los territorios.

Ese es el problema de fondo.

No es nuevo. Es histórico. Pero hoy se intensifica en un modelo extractivista que avanza sin medir consecuencias, sostenido por decisiones políticas que priorizan intereses económicos por sobre la vida.

Por eso también hay un límite.

No se puede seguir creyendo en gobiernos que profundizan este modelo. No se puede seguir avalando políticas que destruyen territorios y derechos mientras prometen desarrollo.

Estoy conflictuada, sí.

Estoy preocupada.

Pero también estoy en paz con el camino que elegí.

Con las luchas que sostengo.

Con los ideales que no negocié.

Y aunque mi círculo sea cada vez más pequeño, también es cada vez más seguro."

"Este camino lo recorro hace años. Lo que está pasando, también."

"Sin árboles se va hacer difícil contar la historia."

En honor a estas mujeres luchadoras y en el nuestro propio, es importante que salgamos a las calles a demostrarle a este gobierno que las políticas implementadas, como el RIGI, la lucha por los glaciares y tantas otras, son resistidas por el pueblo, ya que van a sumar tragedia a la naturaleza y pérdida de salud.

Basta de callar, de mirarlo por TV, es hora de la acción porque en ello nos va la propia vida, la de nuestros hijos, nietos y las futuras generaciones.

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