LAS FORTINERAS
MUJERES OLVIDADAS POR LA HISTORIA
"Las mujeres son la base silenciosa de nuestra historia, el fuego inquebrantable de nuestra Patria, la convicción que sostuvo pueblos, defendió territorios y formó generaciones. La historia habló de soldados, la frontera la sostuvieron mujeres: Cocinaban, curaban, Parían y enterraban bajo fuego. Las fortineras sin nombre, sin gloria, sin olvido".

Por Estela Casado y Mirtha Susana Rodríguez
Acompañaron la vida de los soldados durante las campañas al desierto, fueron miles, pero se recuerda a cuatro o cinco.
Junto a la india, la gaucha y la cautiva fueron las
mujeres prototípicas que habitaron el "desierto pampeano del siglo XIX". Era un
apelativo que conjugaba sus características geográficas y la ausencia o escasa
población "civilizada", según el pensar de esa época.
El "desierto" durante gran parte del siglo XIX se iniciaba según la mayoría de los autores en el río Salado, pero con el transcurso de la centuria se fue corriendo por unas hileras de pobres fortines y se prolongaba, interrumpida por algún manchón de población pionera, hasta los confines cordilleranos.
Todas estas mujeres
tuvieron un denominador común, aportar sus esfuerzos, renunciamientos y
sacrificios, compartir y hacer frente a la inmensidad inhóspita de las pampas,
donde la vegetación era escasa, en consecuencia la sombra y la leña; el agua,
un recurso casi sagrado; allí donde reinan vientos acaracolados que levantaban
una constante polvareda y soles que marcan sus pieles.
Cada una al lado de su hombre, sea criollo o indígena, simple gaucho o soldado, por voluntad u obligada, contribuirían a conformar los primeros centros urbanos e incorporar esa tierra, por siglos considerada botín de guerra, a la nueva Patria que se estaba construyendo. No existe un registro oficial los cálculos históricos hablan de hasta 4000 acompañando a una fuerza de 6000 hombres.
Al comienzo el poder militar las aceptó de mala gana, y las destinó a cocinar, lavar y remendar uniformes, curar enfermos, asistir a los bailes pero también a los velorios y rezar por el alma de los difuntos, entre otras tareas históricamente rotuladas como femeninas. Pero ante las condiciones desdichadas a las que se sometía a la tropa, cuando las deserciones comenzaron a diezmar el ejército improvisado, los mismos comandantes fueron dándole otro valor a "la chusma" que los seguía.
Así
calificaron al comienzo, a las mujeres y los niños, que los seguían desde las
retaguardias, montadas sobre prominentes atados de cacharros y pilchas, recibiendo
lo peor de la polvareda, a veces cantando melodías populares que se dejaban oír
como ráfagas de alegría.
Otras caminando solas, leguas y leguas en la inmensa pampa.
También se las mencionaba de otras maneras despectivas "chinas", "milicas", "cuarteleras". Eran sí, mujeres humildes, en su mayoría indias, negras, pardas y mestizas, de baja extracción social, analfabetas, las blancas fueron pocas; pero todas fueron respetadas.
Aunque
en su paso al cuartel perdieron sus nombres originales, terminaron llevando sus
apodos, como "La Siete ojos", "La
Mamboretà", "La pocas pilchas", "La Pasto Verde", y " Mamá Carmen" entre otras
muchas.
En su mayoría permanecen desconocidas, Algunas vivieron 10, 20 y hasta 40 años en los fortines. Según lo relatado por CarlosAlberto DelCampo:
"Bueno es recuperar para la memoria a aquellas mujeres que poblaron la vida de los fortines, para quienes no hay memoria.»
Las recordamos:
Carmen Funes "La Pasto Verde"

Una de las más famosas. Participó en la Guerra del Paraguay y en la fundación de pueblos como Trenque Lauquen, Puán y Carhué. Debió haber sido muy difícil ser viuda, bonita y mujer, en esos escenarios de pleno desierto. Ahora, al momento de la lucha, era una flor de jinete a quien no lo temblaba el pulso, cuando había que disparar un fusil, acuchillar un indio o amputarle una pierna a un herido en el combate. Enfermera, cocinera, soldado, curandera milagrosa, compañera de tertulias; así transcurrió su tiempo en los fortines.
Su tumba en Neuquén es Lugar Histórico Nacional. Y fue inmortalizada en la poesía de Marcelo Berbel ("zamba del coraje hecho mujer"), cantada por Jose Larralde, Cafrune, entre otros.
Mamá Carmen "Carmen Ledesma"

Alcanzó el rango de sargento mayor. Defendió el Fuerte Paz (actual 9 de Julio) del ataque de un malón cuando los hombres no estaban organizando a las mujeres.
Isabel Medina
Respetada por su valentía en combate, fue nombrada capitán.

Mamá Culepina

Una mujer araucana, muy conocida en el Regimiento 3 por proveer asistencia sanitaria a los soldados utilizando hierbas medicinales.
Aquellas valientes mujeres argentinas, no figuran en los partes de batallas en que participaron. Con ellas la historiografía está en deuda, por eso humildemente quisimos rescatarlas del olvido.
Del libro Mujeres de Fuego y Acero- Roberto Arnaiz


