RACHEL CARSON
Era bióloga marina, ambientalista, zoóloga, ensayista, conservacionista, escritora de no ficción, ecóloga, periodista científica. Nacida el 27 de Mayo de 1907 en Springdale, Pensilvania EE.UU.

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Por Estela Casado y Mirtha Susana Rodríguez
En 1957 Carson fue contratada por la National Audubon Society, (SOCIEDAD NACIONAL DE AUDUBON) una organización ecologista, para investigar las consecuencias del uso de DDT y otros pesticidas sintéticos y desde entonces se dedicó a escribir sobre este tema.
Hacía tiempo que venía atando cabos en silencio. Le inquietaba que los pájaros aparecieran tiesos en los jardines de las afueras, que las aguas de los arroyos bajaran llenas de peces flotando y que los granjeros rociaran toneladas de químicos sobre los campos sin que nadie se molestara en preguntar las consecuencias que haría todo eso a la tierra, los animales y principalmente a las personas.
Tiró de la piola y lo que encontró fue de terror.
Los pesticidas que se vendían como la solución mágica para todo —con el famoso DDT a la cabeza— no se quedaban tranquilos en el pasto. Se metían en la tierra, contaminaban las napas de agua, se acumulaban en la grasa de las aves y terminaban en el cuerpo de los seres humanos. Nadie estaba estudiando el impacto real a largo plazo.
Ella lo documentó todo. Con una paciencia infinita, con datos duros, con referencias científicas inapelables y con una frialdad que asustaba.
En 1962 cometió el peor pecado para la industria estadounidense de la posguerra: salir a decir la verdad en voz alta. Tituló su libro PRIMAVERA SILENCIOSA, una metáfora demoledora sobre un futuro no muy lejano donde marzo llegaría sin el canto de los pájaros.
Era consciente de lo que ocurriría y no se equivocó: la industria química desembolsó millones para despedazar su reputación. La llamaron de todo: histérica, fanática, emocional, una solterona senil que prefería a las alimañas antes que al progreso humano. Un ejecutivo llegó a decir en televisión que lo que ella quería era devolverle el planeta a los insectos.
Intentaron ningunearla como si fuera una aficionada que no entendía de química, ignorando a propósito que Carson tenía un posgrado en zoología, años de trabajo en el servicio de pesca y una carrera intachable como divulgadora.
Pero lo que la prensa y los magnates no sabían era que Rachel estaba librando otra batalla en secreto. Tenía un cáncer de mama brutal que ya le había hecho metástasis.
Se lo guardó bajo siete llaves.
Tenía pánico de que la industria usara su enfermedad para desacreditarla, argumentando que sus denuncias eran el delirio de una mujer resentida por el dolor. Así que se bancó la quimioterapia en silencio, disimuló el deterioro físico y en 1963, cuando el Senado la citó a declarar, se plantó en esa sala demacrada pero impecable, a responder preguntas durante horas.
No fue a dar lástima. Fue a decirles en la cara que los ciudadanos tenían derecho a saber con qué estaban envenenando su comida. Les dijo que el gobierno estaba mirando para otro lado y que quedarse callados ya era un crimen.
El presidente John F. Kennedy terminó ordenando una investigación oficial a su equipo de científicos. El resultado, el libro Primavera Silenciosa de 1962, llevó a un nivel sin precedentes la preocupación sobre el medio ambiente en la conciencia colectiva de la sociedad estadounidense.
En 1975 cada una de las sustancias químicas tóxicas mencionadas en él o estaba prohibida en EE. UU. o su uso estaba severamente restringido en ese país. Además fue leído en muchos y ayudó a establecer la sensibilidad para el medioambiente; aunque por estos lares aún lo padecemos.
Rachel Carson murió en abril de 1964, apenas dieciocho meses después de lanzar el libro. Tenía 56 años. No llegó a ver la prohibición del DDT en Estados Unidos, ni la fundación de la Agencia de Protección Ambiental en 1970, ni el primer Día de la Tierra, ni la avalancha de leyes ecológicas que desencadenó su trabajo.
No estuvo viva cuando el mundo por fin tuvo que agachar la cabeza y admitir que tenía razón.
Fue premiada a título póstumo con la Medalla Presidencial de la Libertad por Jimmy Carter en 1980.
Carson no escribió ese libro buscando aplausos ni dinero. Lo hizo porque vio la catástrofe que se venía y entendió que la neutralidad era una cobardía mortal. Sabía perfectamente que se estaba muriendo. Que la descalificarían. Le dio igual. Se sentó a escribirlo de todos modos.
A veces, la mayor muestra de coraje consiste en sentarte a la mesa mientras el cuerpo se te cae a pedazos para redactar una advertencia que nadie en el mundo quiere escuchar.
Ella lo expresó. Y si hoy las primaveras siguen teniendo música, es en gran parte gracias a su trabajo.
Su Obra
Su obra The Sea Around Us(EL MAR QUE NOS RODEA) fue elogiada por críticos y lectores y supuso un gran éxito de ventas. Además, este libro la hizo conocida en todo el mundo. Su siguiente libro, The Edge of the Sea, (LA ORILLA DEL MAR) y la reedición revisada de su primer libro, Under the Sea Wind, (BAJO EL VIENTO MARINO) también fueron superventas.
Esta trilogía explora la vida en los océanos desde las costas hasta las profundidades

