ADELFA
— NERIUM OLEANDER —

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Por Mirtha Susana Rodríguez y Estela Casado
Es la única especie aceptada perteneciente al género
monotípico Nerium, de la familia Apocynaceae. Es también conocida como adelfa,
baladre, laurel de flor, rosa laurel, trinitaria y en algunos casos como laurel
romano
¿Por qué el rastro de la Adelfa es el arma más peligrosa de la botánica moderna?
Bajo la apariencia de flores vibrantes y una resistencia envidiable al sol, la Adelfa oculta un rastro biológico diseñado para la defensa extrema. No es solo una planta decorativa en parques y avenidas; es, en esencia, un laboratorio de toxinas cardiotóxicas. Su arma principal es la oleandrina, un glucósido que ataca directamente el ritmo eléctrico del corazón humano con una eficiencia aterradora.
El rastro de esta sustancia en el torrente sanguíneo provoca una desincronización fatal de las bombas de sodio y potasio en las células cardíacas.
Lo que comienza como una náusea leve evoluciona rápidamente hacia arritmias incontrolables. Técnicamente, la planta no necesita ser ingerida en grandes cantidades; incluso el humo de sus ramas quemadas puede transportar partículas letales al sistema respiratorio.
La historia de la botánica está llena de rastro de advertencias sobre esta especie. Se dice que soldados de Napoleón murieron tras usar ramas de Adelfa como estacas para asar carne, permitiendo que la savia se infiltrara en su comida.
En Japón fue la primera planta en florecer después de la explosión de la primera bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945.
Es una ingeniería del veneno tan refinada que la planta no tiene depredadores naturales; el simple contacto con su savia puede generar dermatitis severas en la piel humana.
Se ha difundido ampliamente por todas las zonas con clima propicio como planta ornamental. Crece solo en las regiones más cálidas de Norteamérica, hasta Virginia. Es frecuente en Argentina, Uruguay y Chile, usadas en jardines y como valla mediana de separación en autopistas, como en California, España, Australia
Hoy, la Adelfa sigue siendo un enigma de salud pública: hermosa a la vista, pero letal al tacto. El rastro de su peligro nos recuerda que la naturaleza no decora sus creaciones para nosotros, sino que a menudo usa el color como una advertencia que decidimos ignorar.
Es el recordatorio de que, en el reino vegetal, la belleza es a menudo la máscara de un verdugo silencioso.

