EL AGUA QUE CARGAN LAS PIEDRAS: EL SECRETO DE LOS JARROS DE BARRO QUE TUS ABUELOS CONOCÍAN
Sabías, que "el agua que cargan las piedras" es una expresión poética para el método tradicional de enfriamiento de agua con cántaros de barro, honrando la sabiduría popular y la conexión con la tierra, hoy les contamos el secreto.
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Por Estela Casado y Mirtha Susana Rodríguez
En las casas de antes no había damajuanas, ni filtros de carbón activado, ni agua embotellada con tapa azul. Y aun así, el agua que bebían nuestros antepasados era más pura, más fresca… y más viva.
¿Cómo lo lograban?
Guardaban el agua en jarros de barro cocido, y en el fondo colocaban piedras de río cuidadosamente lavadas. No lo hacían por moda, ni por estética: lo hacían porque sabían que la naturaleza tiene memoria… y que la Tierra protege. El barro no era solo barro. Era medicina.
Cuando el agua reposa en este tipo de recipientes: Se oxigena lentamente por los poros naturales del barro cocido, se mantiene fresca sin necesidad de refrigeración, incluso en pleno calor. Desarrolla un sabor suave, sin químicos, sin cloro, sin metal. El barro ayuda a filtrar impurezas microscópicas y regula la temperatura.
Nadie les enseñó eso. Ellos lo sabían. Lo sentían. Lo respetaban.
¿Y por qué ponían piedras?
Algunas personas, sobre todo en los pueblos más antiguos, colocaban piedras redondas de río dentro del jarro. Piedras que antes hervían o limpiaban con sal gruesa. Se preguntarán uds. por qué.
Esas piedras: Aportaban minerales como calcio, magnesio y hierro natural. Ayudaban a asentar los sedimentos más pesados y absorbían olores y sabores que pudiera tener el agua almacenada.
Y, aunque no lo sabían con palabras científicas, le daban fuerza vital al agua.
Nuestros abuelos no tenían universidad. Pero tenían algo que muchos hemos perdido: sabiduría ancestral. Cuando te servían agua en vaso de vidrio o de barro, directo del cántaro, era agua que venía del pozo, del cielo o del canal… pero pasaba por la tierra, la piedra y el fuego.
Y esa combinación no solo filtraba el agua, la cargaba de energía, esa agua no enfermaba, no dolía, sanaba.
La segunda preguntan sería ¿por qué lo dejamos de hacer?...Porque llegaron los plásticos, nos dijeron que lo moderno era mejor, cambiamos el barro por el bidón… la piedra por la ignorancia.
Hoy tenemos agua que sabe a cloro, que sale caliente de la llave, que viene envasada en botellas con fecha de caducidad.
Y mientras tanto, los secretos de los abuelos se oxidan en el olvido
¿Se puede volver a hacer?
Sí. Puedes volver a usar un jarro de barro cocido, asegurándote de que no esté barnizado por dentro, puedes colocar piedras de río bien lavadas y hervidas. Y volver a darle a tu cuerpo agua que respira, que descansa, que vive.
Porque el barro no es antiguo, es sabio. Y las piedras no son frías… si saben cargar la vida
Las comunidades indígenas de diferentes partes del mundo han mantenido sus propias tradiciones sobre la purificación del agua. Utilizaban minerales como la shungita y la zeolita por sus propiedades beneficiosas. Estas comunidades comprendieron intuitivamente las capacidades de ciertos tipos de piedras para eliminar impurezas del agua, transmitiendo este conocimiento de generación en generación.
En América del Sur, ciertas tribus empleaban cristales de cuarzo, creyendo que no solo purificaban el agua, sino que también le conferían propiedades energéticas.
Las comunidades en África han utilizado piedras locales para filtrar el agua de ríos y pozos, garantizando su potabilidad antes de consumirla.
En el siglo XX, el redescubrimiento de las propiedades purificadoras de minerales llevó a un renovado interés por métodos más naturales y sostenibles. La investigación científica ha comenzado a respaldar algunas de las prácticas tradicionales, proponiendo un retorno a técnicas que respeten el medio ambiente.
De forma similar, minerales como la zeolita y el cuarzo (tipos de piedras) se usan hoy para purificar el agua, eliminando impurezas, lo que refuerza la idea de la "piedra" como agente purificador y refrescante. De hecho existe una piedra natural llamada hidrocuarzo que contiene agua atrapada en su interior desde hace millones de años, encapsulando líquidos en su estructura.




