TU CORAZÓN TIENE NEURONAS

21.10.2026

¿Sabías que la ciencia ya las mapeo?

















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Por  Mirtha Susana Rodríguez

A la red neuronal de un corazón se la llama el pequeño cerebro del corazón y lo hermoso es que se sincroniza con la música. Anton Aliwen, músico, creador y mentor chileno conocido por su proyecto de «Música en Alta Frecuencia» y su concepto Umbral, junto con su grupo SYNCHRONICITY lleva años componiendo música con esta frecuencia.

Con la participación de especialistas de ingeniería de audio y la neuróloga chilena Ingrid Yupanqui prepararon una investigación para entender que le pasa realmente a una persona cuando escucha esta música: en calma, en estrés, en claridad. Es una Propuesta sonora basada en sonoterapia y ritmos lentos para la relajación y exploración de la conciencia.

UMBRAL DE ALTA FRECUENCIA

Tu cuerpo es más sabio de lo que crees y tiene sus propios mecanismos para curarse, el problema es que tú no se lo permites. Cuando entras en sueño profundo tu cerebro empieza a generar ondas delta. Oscilaciones de menos de 4 hercios, las más lentas de todas. Ahí pasan tres cosas al mismo tiempo:

· Reparación: Se libera hormona del crecimiento necesaria para el metabolismo, la reparación de tejidos y el mantenimiento de la estructura del cuerpo.

· Limpieza: Se activa el sistema glinfático, la red que drena los residuos del cerebro. Funciona principalmente durante el sueño profundo. Entre esos residuos está el Beta-amiloide, la proteína asociada al alzheimer.

· Consolidacion: Lo que aprendiste durante el día se transfiere del hipocampo a la corteza donde queda guardado a largo plazo. No aprendes mientras estudias, aprendes mientras duermes. 

Cuando no duermes bien tu cuerpo se descompone por falta de mantenimiento. Puedes estar haciendo todo bien, comiendo, haciendo ejercicio, pero si fallas en dormir todo se cae".

En 1991 el neurocardiólogo J. Andrew Armour descubrió que el corazón tiene su propio sistema nervioso, unas 40.000 neuronas con el mismo perfil bioquímico que las del cerebro. Y hay algo que casi nadie sabe, el nervio vago que conecta ambos órganos es 80% aferente: lleva información del corazón hacia el cerebro. No al revés. 

Es el corazón quien habla. Es el cerebro quien escucha.

Así que cuando los antiguos decían «escucha a tu corazón», no se equivocaban.

Describían un mecanismo físico. La ciencia lo ha confirmado con 5.000 años de retraso. Esas señales llegan al hipotálamo, a la amígdala y a la corteza. Ahí donde se procesan las emociones y se toman decisiones.

El corazón es un órgano musical, tiene ritmo, pulso y variación; y esa melodía puede ser coherente o incoherente.

Coherencia, es bienestar, incoherencia es alerta, desgaste, enfermedad. Un corazón en calma late entre 60/70 veces por minuto y el ritmo cardiaco responde al tempo de lo que escucha: la música rápida lo acelera, la lenta lo baja.

En su libro "Biología de la gentileza" la epidemióloga de Harvard Inmmaculata de Vivo incluye la música entre las seis estrategias para la salud y la longevidad, la sangre fluye mejor, baja la frecuencia cardiaca, la presión arterial y el colesterol.

Por eso componen música de alta frecuencia en ese pulso 60 a 70 por minuto para que tu corazón vuelva a la calma y tu sistema se regule.

Tu cerebro no escucha la música: se sincroniza con ella.

El grupo SYNCHRONICITY realiza eventos y experiencias masivas. Su meta declarada a través de estos proyectos es financiar la introducción de la música en alta frecuencia en los Hospitales Públicos chilenos. 














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¿Qué es sinestesia?

Franz Liszt le pidió a su orquesta en 1842 "un poco más de azul". Los músicos se miraron desconcertados. Liszt veía colores al escuchar música. Se llama sinestesia.

Durante décadas la ciencia no les creyó, la trataron como enfermedad mental, muchos sinestésicos lo callaron por décadas; hoy se sabe que una de cada 23 personas la tiene, no es una enfermedad es una forma de percibir y hay quienes la despiertan.












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Anton Aliwen ha declarado en sus entrevistas:

He visto colores y formas geométricas que a veces incluso se sienten más reales que la misma vida. Me ha pasado en algunas ocasiones, mientras medito escuchando música de alta frecuencia.
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