CRONICAS 

Hoy no es una mañana cualquiera. En el momento en que escribo esto, mi compañera de viaje y causa está siendo operada de un cáncer que, hace tiempo, nos ha tomado por sorpresa, cambiando fuertemente la intensidad que llevaba la vida hasta ese momento.

Ser cristiano no es difícil. Es casi imposible. Al menos, solo con las fuerzas humanas. Ser cristiano por costumbre es fácil: una misa el domingo, un mordisco a Cristo, una oración hecha con prisa, no hacer daño a nadie. Cualquiera puede hacer esto.

Era octubre. Un mes de espera. Había comprado desde hacía tiempo el boleto para el encuentro en Italia con Giorgio Bongiovanni, aquel encuentro que había soñado durante años.

Me llamo Salvo Merendino y formo parte del Arca Maclero de Palermo, y quisiera contarles un sueño, que está en el límite entre lo onírico y la realidad vivida por las fuertes sensaciones que tuve.